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“Tu propio desierto”

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Domingo 1º de Cuaresma

 

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (1,12-15):

 

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás. Vivía entre alimañas y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: conviértanse y crean en el Evangelio”.

 

El papa Francisco, en su mensaje para la Cuaresma 2018, nos anima a “emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo”. No tenemos que inventar nuevas formas de amar, sino simplemente empezar el camino de despertar la caridad que es tan propia de la Cuaresma.

Para empezar bien el camino de la Cuaresma, meditamos hoy en el Evangelio la actitud de Jesús. El evangelista san Marcos es el primero que describe el inicio de la vida del Mesías, el objetivo del relato es muy distinto en Mateo y Lucas. San Marcos no pretende ponernos en guardia sobre las clases o tipos de tentaciones que podemos experimentar, en su Evangelio no hay tres tentaciones porque plantea toda la vida de Jesús como una constante lucha contra el mal. Esa lucha será el tema de todo el Evangelio, y creo que por eso no tiene sentido adelantar acontecimientos. Todo se va referir a la lucha del mal y del bien, sin banalizar ni demonizar nada.

Es curioso que en su Evangelio no vuelve a aparecer Satanás, su lugar lo ocuparán instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión. En los evangelios de san Mateo y san Lucas las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno, es curioso que en el Evangelio de san Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto.

Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha, en Marcos todo sucede a la vez y durante los cuarenta días: tentación, presencia de las fieras y servicio de los ángeles. Tampoco se da por terminado el tiempo de la tentación porque sigue toda su vida.

Veamos algunos detalles de este corto pero tan significativo fragmento de la experiencia de Jesús en el desierto. En primer lugar, Jesús está empujado por el espíritu, el verbo griego empleado es “ekballo” (empujar), echar fuera, no se trata de una amable invitación sino de una acción que supone cierta violencia y dramatismo. No es una iniciativa suya, sino es el Espíritu de Dios el que lo desplaza hasta colocarlo en el desierto. La conclusión es sencilla: la vida de Jesús no va a ser un camino de éxito fácil, más bien le esperan pruebas, inseguridad y amenazas, sin embargo el espíritu nunca abandonará a Jesús.

Otro detalle muy importante es el lugar; el desierto, que es el mejor lugar para escuchar en silencio y soledad la voz de Dios. El lugar al que hay que volver en tiempos de crisis para abrirle caminos al Señor, en el corazón del pueblo. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba, y superada la prueba, del encuentro con Dios. Es imposible recordar todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío, pero es la esta clave de toda la historia religiosa del Pueblo Elegido. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera y sale victorioso y más fuerte. Obviamente no se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha contra el mal.

Según todos los evangelistas, Jesús se quedó en el desierto cuarenta días. Sabemos bien que el número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto, 40 días estuvo Moisés en el Sinaí, 40 días para que se conviertan los ninivitas, 40 días camina Elías por el desierto, etc.

No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo de Israel, que quedarán superados por la experiencia de Jesús. El desierto es el lugar de la prueba y tentación. La palabra griega (peireo) no significa en primer lugar tentar, sino probar. Para nosotros la tentación es un mal, pero el sentido del verbo griego indica, más bien, una prueba que hay que superar. Está claro que no puede haber aprobado si no hay examen.

Este breve relato termina con dos imágenes en fuerte contraste: Jesús “vive entre fieras”, pero “los ángeles le sirven”. Aparte de lo difícil que resulta saber qué quería decir la palabra ángel, tenemos la dificultad del verbo “servir”. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. Su primer significado era “servir a la mesa”, y de allí viene posteriormente el nombre del ministerio del diaconado.

Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien o la expresión de que Dios estaba de su parte. Según la interpretación de san Agustín, las “fieras” evocan los peligros que amenazarán siempre a Jesús y su proyecto, y los “ángeles” evocan la cercanía de Dios que bendice, cuida y defiende a Jesús y su misión.

El cristianismo, la Iglesia, vive momentos difíciles. Siguiendo los estudios sociológicos nosotros hablamos de crisis, secularización, rechazo por parte del mundo moderno, escándalos, pero tal vez desde una lectura de fe, hemos de decir algo más: ¿No será Dios quien nos está empujando a este “desierto”? ¿No necesitábamos algo de esto para liberarnos de tanta vanagloria, poder mundano, vanidad y falsos éxitos acumulados inconscientemente durante tantos siglos? Nunca habríamos elegido nosotros estos caminos.

Mira a tu Diócesis, parroquia, iglesia local… ¿crees que no necesita la purificación que hemos de agradecer a Dios?, ¿cuántas veces perdemos tiempo rechazando el diálogo, con lo que a lo mejor es diferente o hasta peligroso para nuestra comodidad eclesiástica?, ¿cuántas veces sólo por las conveniencias y absurdas defensas de la institución, y no de la Palabra de Dios, perdemos credibilidad?, ¿cuántas veces nos importará más la palabra sin testimonio, en vez de escuchar los testigos del desierto donde suena fuerte, con entusiasmo y sobre todo con la credibilidad de la Palabra de Dios?

En el corazón de Dios nunca se apagó su proyecto, sólo se nos pide rechazar con lucidez las tentaciones que nos pueden desviar una vez más de la conversión a Jesucristo. El Evangelio de Marcos representa a Jesús tan divino, pero también profundamente humano. Él entra al desierto con un sólo propósito: encontrar a Dios y pertenecerle totalmente. Sólo entonces, Él viene a Galilea y proclama la buena nueva.

El desierto es un espacio de revelación y de intimidad con Dios, por eso debes buscar tu propio desierto. Para encontrar a Dios necesitamos dejar de lado las cosas secundarias, a Dios se le encuentra en el vacío, como también en la plenitud. Lo puedes encontrar en el vacío de la enfermedad, en la vejez, en la desilusión, en el fracaso y en la soledad, busca en esta Cuaresma tu propio desierto, no esperes más.

 

Padre Ángel de Jesús Salvador

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