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Carta a un alumno

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Querido alumno:

Me preguntas si debes estudiar medicina, a diferencia de otras carreras en la Universidad. Mientras escribo, pienso cómo respondería a esta pregunta, por lo tanto he reflexionado sobre tu pregunta con cuidado. Me preguntas también si volvería a ella sabiendo lo que sé ahora… Algunos te dirán “porque me gusta”, otros que no, están justificando sus propias decisiones. Su respuesta es un medio de tranquilizarse; no voy a responder a tu pregunta de esa manera, voy a intentar darte la verdad tal como la veo ahora, dándome cuenta de que no es así como la vi hace ya algunos años cuando entré en esta profesión, y tal vez no sea ya como la concebí.

Comencemos con un asunto práctico, seamos honestos sobre ello. Decidir sobre una profesión, incluso la medicina, no es todo acerca de las ciencias básicas como la anatomía, fisiología, bioquímica, o las clínicas, cardiología, pediatría, ginecología, entre otras, y la ética, ideales que escribimos en nuestras aplicaciones en la escuela de medicina. Cuando entras a la escuela de medicina lo harás motivado por ayudar al paciente, pero con el paso del tiempo observarás que esa primicia que tenían de “ayudar”, en algunos compañeros se convierte en comercio.

¿Qué le paso al joven estudiante, idealista, bien intencionado, que se convierte en un comerciante de la medicina, además de prepotente y déspota, convirtiéndose en  el doctor Jekill y el Señor Hyde? ¿Dónde se han perdido sus valores y principios? ¿Es la falta de una cultura bioética? Hay que buscar el bien por el bien.

Un factor clave es que la profesión proporcione dinero, te permita ganarte la vida. No hay nada mal con esa motivación, la cuestión es cuánto importa esa motivación. Pero medicina no es similar a otras profesiones; estudias para devolver la salud dentro de lo posible, no para ganar dinero, para ello hay otras profesiones que reditúan bien económicamente, pero no a costa en ocasiones del dolor del paciente. ¿Tu principal propósito es estudiar medicina para ganarte la vida? Si es así, entonces debes saber qué ser médico es estar comprometido con tu semejante, esforzarte para ser el mejor, siempre estudiando, capacitándote para dar lo mejor de ti, pero ten cuidado, no descuides tu matrimonio, tus hijos, la familia.

Practica alguna actividad como la escritura, la pintura, el deporte, la música, la meditación, la fe. Es cierto que todo el mundo necesita un propósito principal en la vida, de lo contrario es difícil para nuestras vidas, breves como son, y con un comienzo y un final definidos, tener algún significado. Este propósito no necesita ser una cosa “grande”; no es menor tener buena relación matrimonial o una familia feliz, esas cosas “simples” en la vida en ocasiones no se alcanzan, ni son incluso comunes. Mira en tu interior, medita, interroga tus anhelos más profundos. ¿Estás  profundamente llamado a practicar la medicina? Si lo eres, lo sabrás. Si no, es que no te has puesto en contacto con tus sentimientos más profundos.

He llegado a la conclusión de que el éxito convencional no es un éxito real, ni siquiera por razones convencionales. Las cosas parecen diferentes en la edad madura de lo que sucedió en años anteriores, y lo entiendo cuando uno está comenzando. Alrededor de los 30 años de edad, veinte años parecen como un rato largo; una década se mueve rápidamente y luego otra y luego tienes 50 años, con 20 años detrás de ti recordándote tus metas de ayer, y 20 años antes de que te recuerden que el tiempo se agotará.

A los 50 años habrás dominado tu trabajo, sabrás lo que es correcto y lo que está mal en tu profesión, y tendrás ideas sobre cómo arreglar las cosas, simplemente no tendrás mucho tiempo. A los 70 años debes saber qué hiciste y que harás con tu vida porque esta termina, así es como todo se ve en la edad madura pero el optimismo de la juventud es similar al optimismo de la vejez, porque una vez que entres en los últimos años de tu vida, verás que algunos de tus colegas más jóvenes te valorarán más, tus antiguos enemigos se habrán marchitado y el mundo escuchará lo que tienes que decir.

No serás capaz de saltar las barricadas, pero dirigirás a los más jóvenes sobre dónde ir y qué hacer. El único golpe final: Quizás no estés allí para ver la victoria. Como Moisés, no puedes llegar a la Tierra Prometida; sólo Josué lo hará.

En este mundo, ¿cómo vas a vivir en él? Tienes tres opciones. La primera es aquiescencia pasiva: esto es lo que hace una persona normal, mentalmente sana. La mayoría de nosotros nos conformamos con el mundo tal como lo encontramos; sigue adelante para llevarse bien, únete a la corriente principal. Aceptar el statu quo, besarse, caminar, bailar, nadar, esto es normal porque el conformismo es la virtud más recompensada por la sociedad. El mundo te dejará en paz en el peor de los casos y te aplaudirá en el mejor de los casos, pero lo dejarás tan injusto como lo encontraste.

La segunda opción es la resistencia violenta: por “violento” no me refiero sólo a actos físicos, sino verbales y mentales. Resistes la injusticia del mundo, pero estás enojado y amargo. Defiendes a los débiles hiriendo a los fuertes, pero creas enemigos por todos lados. Puedes hacer algo bueno pero morirás por la espada, y después de ti los hijos de tus enemigos pelearán contra tus hijos.

El tercer enfoque es la resistencia no violenta: por “no violento” quiero decir que luchas contra tus enemigos, pero no los odias. No estás enojado, eres un “guerrero feliz”; no buscas derrotar, sino persuadir, y si no puede persuadir simplemente detener el mal sin dañar al malhechor. No puedes persuadir a sus enemigos, pero sus hijos y nietos se acercarán a tu punto de vista. Dejarás el mundo un lugar mejor.

Si buscas tomar el camino duro, te aconsejo que tengas cuidado y aprendas los métodos de resistencia no violenta. Estudia a Martin Luther King y Mahatma Gandhi, no porque sus vidas fueran felices (no lo eran), sino porque dejaron un legado de progreso que miles de años de historia no proporcionaron. Es lo mismo en la profesión como en la sociedad en general: hemos estado luchando durante siglos sin progreso significativo, porque hemos sido violentos en la mente y en la palabra, o hemos sido pasivamente aquiescentes.

El tercer camino es el más difícil para la persona, pero lo mejor para el mundo. En cuanto a ti, mira en tu alma, no seas tímido, sé honesto, sé auténtico, sé congruente entre el hacer y el decir. Una forma de entender estos asuntos es pensar en nuestra tarea en la vida, como convertirnos en lo que somos. Tú eres alguien, puedes tomar tu vida.

Haces bien en convertirte en quien eres, en lugar de negarte a ti mismo o distorsionarte, y nunca llegar a conocerte a ti mismo. En realidad no sabes quién eres en este momento, pero tienes una idea y con el tiempo esa sospecha puede crecer hasta que estés más y más seguro de ti mismo. No es culpa querer vivir una vida tranquila, no necesitas ser un héroe, mira lo que te da sentido, lo que crees que dará a tu vida su significado más profundo. Pon tus esfuerzos allí, encuentra tu consuelo dentro de ti mismo, no fuera, y sabrás entonces que eres como los santos de la antigüedad pero en una época diferente, haciendo la obra de Dios en un mundo donde los dioses ya no son reconocidos.

Eduardo García Solís

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