Inicio»Opinión»Pemex y su corrupción

Pemex y su corrupción

1
Compartidos
Google+

Dos noticias recientes que sobre Petróleos Mexicanos (Pemex) se han publicado a propósito de la reforma energética —impulsada por el actual Gobierno Federal— me han motivado a escribir este artículo. Una de esas noticias es la propuesta de Andrés Manuel López Obrador de construir una refinería en Ciudad del Carmen si logra ganar las elecciones presidenciales, y la otra es un artículo publicado por un abogado sobre ese tema.

De AMLO debo decir que ya dejó de asombrarme la cantidad de mentiras que emite día a día en esta su tercera campaña para ser presidente de México, sin embargo creo conveniente aclarar que construir una refinería en la Isla del Carmen es inviable por dos razones muy importantes: una, que el manto freático ahí está tan a nivel de piso, que aún los derrames más ligeros de combustibles —accidentales y casi inevitables— invariablemente contaminarían el agua del subsuelo y, otra, que ahí no tendría la refinería defensa alguna para resistir los embates de huracanes y de no imposibles tsunamis, además de las restricciones ecológicas por tratarse de áreas naturales protegidas.

La propuesta hecha en el 2009 por la Asociación de Egresados Campechanos del IPN, y avalada posteriormente por el despacho de Aspe y asociados de que se construyera en Seybaplaya no tenía objeciones técnicas ni ecológicas de ningún tipo, porque actualmente las refinerías deben someterse a la Norma Oficial Mexicana (NOM) 075, en lo relativo a restrictivos niveles de bióxido de carbono (CO2), óxidos de azufre (SO) y nitrógeno (NO) contenidos en sus emisiones atmosféricas.

El abogado al que me refería antes, dice en su comunicado que lo que expuso, cuando defendió su tesis para obtener el doctorado en derecho, respecto al peligro que para México era seguir avanzando en el proceso de privatización de Pemex derivado de la aplicación de la reforma de Pemex, se demuestra al dejar que los costos de los combustibles resulten de la aplicación de la ley de la oferta y la demanda.

Con respeto, debo aclararle a ese señor abogado que no hubo reforma de Pemex sino reforma energética, y que como abogado debería saber que desde el año 2010 está vigente la Ley Antimonopolio, cuya aplicación no debería exentar a Pemex ni a la CFE, de tal manera que todo tipo de energético generado por Pemex y por la CFE debe someterse a esa ley sobre la oferta y la demanda, con lo cual los costos de dichos energéticos no deberían derivarse de criterios gubernamentales, sino de la competitividad entre los diferentes proveedores.

Por otra parte se dice, con veracidad, que nadie sabe más de cualquier asunto que quien lo vive, y con base en esa aseveración debo decir que trabajé 30 años en Pemex, en casi todas las actividades que ahí se llevan a efecto, de tal manera que tengo argumentos válidos respecto a la corrupción que lo ha agobiado, y como resultado de lo cual ahora se encuentre en terapia intensiva.

Cuando en 1961 ingresé a esa paraestatal había una gerencia llamada de Nuevos Proyectos, cuya función era ser intermediaria entre Pemex y sus proveedores. Es decir, si en la refinería se requerían motores, transformadores y/o refacciones de fabricación especial, o construir/modificar algún área operativa, lo solicitaba previa aprobación de la superioridad a esa gerencia, para que a su vez solicitara el servicio requerido a firmas de ingeniería enlistadas en el padrón de proveedores de servicios e insumos. Escoger a ese proveedor representaba una buena “tajada” monetaria para el gerente de Nuevos Proyectos.

Como ejemplo vivido, en una ocasión salió defectuoso un motor de alto caballaje y el área operativa lo rechazó, por lo cual Nuevos Proyectos debería devolverlo al proveedor, pero un ingeniero de esa gerencia, que tenía un taller particular, se propuso repararlo para lo cual me pidió espacio en el taller eléctrico bajo mi responsabilidad. Negarme a ello me costó su amistad.

Un ingeniero en jefe tenía en Houston a un intermediario para la compra inmediata de refacciones especiales de importación, quien las compraba con su dinero y las embarcaba por avión, entregándolas en la refinería en tres días o más; mínimo tres meses después le pagaban por dichas refacciones, muchas veces más de su valor de compra —el solicitante se llevaba su comisión—, y aún así le ahorraba a Pemex decenas de millones de pesos por lo rápido de la reanudación en la producción.

En esos tiempos, por los “logros sindicales” se obligaba a la empresa a lo siguiente:

—Dar recursos económicos anuales para el festejo sindical —con bombo y platillo—de la Expropiación Petrolera (18 de marzo).

—Dar recursos para el mantenimiento de las instalaciones sindicales: auditorio, campos deportivos, agencias funerarias, tiendas de autoconsumo, granjas, becas, etcétera, etcétera.

—Pagar a personal docente, administrativo y de intendencia de las Escuelas “Artículo 123” para los hijos de los trabajadores —sindicalizados y de confianza—, y dar mantenimiento a las mismas.

—Permitir que para puestos de jefatura en talleres se admitiera a los que por escalafón les “tocara”, fueran o no aptos para tales posiciones laborales.

—Permitir que cada cuadrilla laboral en los talleres estuviera conformada por mínimo tres personas —operario, ayudante y obrero—, teniendo prohibido manejar para transportarse a su lugar de trabajo, pues de lo contrario le quitaban oportunidades a los choferes. Y por varias cuadrillas había un cabo de oficios.

La peor de todas estas arbitrariedades era un convenio por medio del cual, si Pemex requería contratar a una compañía para un trabajo determinado tenía qué pedírsela al sindicato, y si este no tenía personal para dicho trabajo, el 2 por ciento del monto de dicho contrato le correspondía al Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM).

Pero más que la sangría que representaba el sindicato, la mayor corrupción provenía del personal de confianza encargado de aprobar contratos de obras y servicios, de compra de insumos, de adquisición de maquinarias y de equipos diversos, y de renta de barcos y maquinaria muy especializada. La mayor parte de los funcionarios con estas facultades para contratar, eran advenedizos que llegaban como cauda de cada nuevo director general o candidatos políticos perdedores de elecciones, como sucedió en Campeche con Mario Ávila Lizarraga, al que le bastaron tres años para enriquecerse y largarse a disfrutar de esa riqueza.

No había entonces “huachicoleros”, pero sí despachadores de combustible a pipas y a carros tanque, que en contubernio con choferes o maquinistas reportaba menos combustible de lo que surtían.

Las decisiones gubernamentales de tener a Pemex como su caja chica en forma de atracos fiscales, de descuidar el mantenimiento de todas sus instalaciones de producción, de sobreexplotar pozos petroleros, etcétera, se suma a esa corrupción.

Si el Gobierno Federal que asuma el poder en diciembre de este año da seguimiento a la reforma energética, en el curso de su período se encontrará con los siguientes resultados:

1.— La competencia entre proveedores de combustibles —incluyendo el gas doméstico— hará posible la estandarización de costos, respecto al mercado internacional.

2.—  La extracción de gas sheil en mantos de probada existencia, abaratará ese muy importante energético.

3.— La producción de combustibles en las refinerías existentes, más una o dos que se construyan, disminuirá notablemente su importación, pues ya la economía se habrá despetrolizado, pagando a Hacienda sólo lo que legalmente le corresponda.

4.— El delito de “huachicoleo” —del que no son ajenos trabajadores en activo o jubilados—, será combatido con autonomía de acción. Incluso con drones.

Muchos contribuimos a la debacle de Pemex, muchos deberemos contribuir para recuperar su prestigio perdido.

Noticia anterior

Usarán en Smapac módulos solares

Siguiente noticia

Se mantiene repunte en venta de mariscos