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¿Quién tiene la culpa?

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Sin temor a equivocarme y tras escudriñar muy bien los comentarios de decenas de personas al día, he llegado a la conclusión de que más del noventa por ciento de los ciudadanos echamos la culpa al Gobierno de lo que suceda, sin importar si hablamos de economía, finanzas, educación, cultura, espectáculos, seguridad, desarrollo social, el clima, la religión o el fútbol. En todo, por todo y para todo, el Gobierno tiene la culpa, independientemente de las siglas partidistas.

Y sí, quizá los gobiernos —Federal, estatales y municipales— tienen culpa en muchas cosas, pero no en todo, ahí difiero. En muchas ocasiones la culpa y la pena debiera echársela el ciudadano, sin embargo es más fácil levantar el dedo índice con firmeza, apuntar hacia el cielo, agitarlo enérgicamente y después lanzar la acusación a quienes llevan la batuta política en cada rincón del país.

Hace apenas un par de semanas, antes de las vacaciones que ahora disfrutamos, a nivel nacional hubo uno de los famosos puentes por los cuales somos mundialmente reconocidos los mexicanos. No me refiero a que hayan inaugurado alguna obra de infraestructura o de ingeniería, sino hablo de la conjunción de una fecha conmemorativa y el fin de semana. En esa ocasión se trató del natalicio de don Benito Juárez.

Como muchos empleados, quise aprovechar aquella fecha conmemorativa —el lunes del puente— para realizar lo que en días laborales, por el horario de trabajo, no puedo hacer. Desperté a la hora habitual, subí a mi viejo automóvil y me dirigí a una empresa para realizar algunas compras necesarias.

Tras recorrer varias avenidas como la Maestros Campechanos, Patricio Trueba de Regil, Central, López Mateos y el Circuito Baluartes, no hallé un solo negocio de lo que necesitaba. Inclusive, después del recorrido pretendí desayunar en una cafetería que acostumbro visitar, y tampoco laboró. Pasadas las 10 de la mañana fui a mi oficina (nosotros no tuvimos “puente”) y a través del Internet traté de localizar negocios abiertos en la capital campechana. ¡Oh demonios!, casi ninguno abrió.

Sin embargo y para mi sorpresa, un vecino Estado cuyo nombre quiero omitir, pero se llama Yucatán, me avisaba que ahí sí había negocios en funcionamiento, y como no me gusta que las redes sociales y las páginas de Internet me engañen, llamé a tres donde me atendieron vía telefónica y en día inhábil.

Curiosamente, algunas de esas empresas yucatecas tienen sucursales en Campeche, por lo que pregunté a qué se debía que aquí no abrieran sus puertas, puesto que es lo mismo pero a unos cuantos kilómetros. La respuesta fue clara y concisa en dos de las tres a las que llamé: “señor, la gente no se presenta a trabajar porque hay puente”.

Es decir, muchos prefieren quedarse en casa, irse a la playa, salir a visitar al vecino o caminar en un parque, que trabajar y ganarse un pago extra por ser día inhábil. Por supuesto que es respetable si prefieren ir a la playa, a visitar a sus familiares, a tomar la caguama con el amigo o quedarse en casa a ver algún programa de televisión, pero luego no hay que culpar a quien no se debe por el hecho de preferir la comodidad que el trabajo.

Al igual que yo, muchas personas aprovechan su día de “asueto” para hacer cosas que debido a las labores cotidianas son imposibles de atender. Imagine usted entrar a laborar a las 9 de la mañana y salir a las 3 para regresar a las 5 y terminar a las 8 de la noche. No faltará quien me diga que de 3 a 5 hay tiempo de hacer algo, sí, pero ¿qué? Comer, bañarse y volver a trabajar, pues muchos negocios cierran durante esas horas.

Claro, hay varios empresarios campechanos con bastante visión que no sólo abren durante los fines de semana, sino también en días de asueto o puentes. Sin embargo, una cosa es que el negocio esté abierto y otra muy diferente que nos quieran atender los empleados.

Tenemos que cambiar nuestra forma de pensar y priorizar un poco más el trabajo, sobre todo los días en que muchas personas aprovechamos para realizar lo que no podemos hacer en la semana. Debemos pensar que el descanso es bueno, claro, pero también que la economía es importante para salir adelante y luego no culpar al gobierno porque no hay crecimiento económico.

Necesitamos quitarnos la idea de que los festejos son sagrados y el trabajo puede esperar, sobre todo cuando vemos y sabemos que el mundo está cambiando y requiere mayores esfuerzos para poder sacar adelante a nuestras familias. Quizá de esa forma podremos cimentar mejores bases para el futuro de nuestra economía, y dejaremos de culpar al Gobierno hasta cuando llueve, cuando hace frío o hace calor.

Por lo pronto, ya fui al vecino Estado por lo que necesitaba, me atendieron en lunes de puente, sin costo extra y con muy buen trato. Ni modo, mientras unos reniegan de su mejoría económica, otros aprovechan para tratar de vivir mejor.

Jorge Gustavo Sansores Jarero

 

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