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FIL Palacio de Minería I

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Sol y sombra

 

En su libro “El viaje del Elefante” escribió Saramago: “siempre acabamos llegando a donde nos esperan”. Se cuenta que este bello libro, frente a diversas circunstancias, por poco no se publica. Afortunadamente no fue así y el escritor regaló a sus seguidores una pizca más de su talento.

Me encanta la frase porque algo parecido me sucedió. Les cuento. Luego de muchos años escribiendo mis opiniones en la página editorial de TRIBUNA, decidí incursionar en la narrativa, género de cuento que me pareció ideal para dar rienda suelta a mi imaginación.

Quienes me conocen saben de mi afición por la lectura, al grado de que los libros que tengo en mi biblioteca personal, los he leído todos. Algunos, mis favoritos, hasta en dos o tres ocasiones.

Así que empecé a escribir mis primeras líneas y frases como cuentos. Mi idea siempre fue romper el gastado molde de escribir sólo para satisfacer una vanidad personal. Quería, y creía también, que lo que escribo lo leyeran bastantes personas; que no fuera un libro destinado a dormir el sueño de los justos, en bibliotecas públicas o privadas.

Con tal motivación, terminé de escribir fácilmente mi primer cuento. Lo difícil era saber si contenía la calidad literaria para agradar al público lector y continuar con los siguientes. Por fortuna, conozco personas que son amigas, pero que se toman en serio su papel de crítica literaria. Varios pares de ojos leyeron el cuento; hubo entusiasmo y también dudas. Decidí seguir escribiendo los otros cuentos hasta llegar al producto final, tener en las manos el borrador de mi primera producción literaria en forma. Entonces otro grupo de lectores, ya no tan benévolos, fueron el filtro definitivo antes de enviar el libro a impresión.

El borrador quedó en un rincón de mi biblioteca, de vez en vez le daba nueva lectura y corregía. En este inter pasó tiempo; un par de años con el manuscrito listo. Por eso digo que, como en el caso del libro de Saramago, hubo momentos de duda sobre su publicación, hasta que llegó el día en que se alineó el universo.

Alexandro Arceo Azar fue parte fundamental para la decisión de publicarlo; su generosidad con mi trabajo literario hizo posible publicar “El señor de los libros”, que se convirtió en mi primer libro de cuentos, y Campeche tierra fértil para empezar a circularlo.

El libro obtuvo un lugar entre las publicaciones literarias de la entidad, presentándolo en par de importantes eventos literarios locales. Al paso del tiempo “El señor de los libros” esperaba una probable reedición.

Entonces, recibí la grata invitación para presentarlo en un foro editorial de nivel nacional. La ocasión perfecta, pensé, de que se conozca mi libro más allá de las murallas. Luego de recibir la noticia, mi primer pensamiento lo ocupó la hermosa frase de Saramago: “siempre acabamos llegando a donde nos esperan”.

Mi obra fue considerada para presentarla en la reconocida Feria Internacional del Libro (FIL) del Palacio de Minería, en la Ciudad de México. Con emoción agradecí la oportunidad para que “Don Agustín”, el personaje principal del cuento que da título al libro, casi como el elefante Salomón de la novela de Saramago “El Viaje del elefante”, se preparara para tomar rumbo, hacer el viaje y llegar a la Ciudad de México. (Continuará)

 

Bertha Paredes Medina

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