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Refinería en Campeche

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El 4 de abril del presente año, fue publicado en un periódico de circulación local el artículo intitulado: “Riesgo ambiental tiraría plan para una refinería aquí”, basado en comentarios emitidos por el Ing. Eduardo del Carmen Reyes Sánchez, secretario de Desarrollo Energético Sustentable del Estado de Campeche.

Según esa publicación, el citado funcionario opinó que como razones contrarias a la operación de una refinería en nuestra entidad, figuran el riesgo ambiental y el alto consumo de agua de tal factoría. Con todo respeto para el ingeniero Reyes Sánchez, disiento de esa preocupación suya por lo siguiente: laboré 30 años en Petróleos Mexicanos (Pemex), 22 de ellos en las refinerías de Minatitlán, Veracruz, y en Salina Cruz, Oaxaca, pero además conocí las otras cinco incluyendo la de Azcapotzalco, en la Ciudad de México, cerrada no por su contaminación al medio ambiente, sino por el propósito del presidente Salinas de Gortari de aumentar su calificación popular.

Cuando en 1961 inicié mis actividades en la refinería de Minatitlán, esta factoría tenía casi medio siglo de operar con emisiones a la atmósfera muy visibles, emitidas por sus calderas y por su torre de craqueo catalítico, emisiones que han ido disminuyendo por regulaciones ambientales pero que en su casi centenaria vida no ha originado enfermedades entre la población que indebidamente la rodea.

Lo mismo podría testificar de las demás refinerías, sobre todo de la más joven, la de Salina Cruz, que opera desde 1979. Por cierto, que cuando estas refinerías iniciaron sus operaciones, no tenían a su alrededor suficientes medios de comunicación terrestre, ni tampoco instituciones educativas que las proveyeran de personal profesional y técnicos especializados para operarlas y mantenerlas.

Las seis refinerías que aún operan, están en los estados de Veracruz, Guanajuato, Tamaulipas, Hidalgo, Nuevo León y Oaxaca, y nunca alguna conflagración los ha afectado por esa causa.

En el año 2009, el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa emitió su intención de construir una refinería en el Estado, que demostrara tener las mejores condiciones adecuadas para tal propósito. Con base en ello, yo con experiencia en mantenimiento de instalaciones de refinación petrolera, y el Ing. Eduardo Segovia Rivero, experto en operación de plantas de proceso, ambos jubilados de Pemex y afiliados a la Asociación de Egresados del Instituto Politécnico Nacional, presentamos al Gobierno del Estado un proyecto para instalar en Seybaplaya la refinería propuesta por el Gobierno Federal.

La elección de ese lugar fue después de analizar las condiciones específicas de otros, pues considerando que su construcción se haría en un espacio de 6 kilómetros cuadrados, y que fuera un cuadrilátero irregular, en uno de los lados tendría la autopista y en el lado contrario la carretera libre; en los otros dos lados la propuesta era que hubieran 500 metros de árboles que sirvieran de pulmón artificial, y al mismo tiempo de contención contra la mancha urbana; estaría a menos de 2 kilómetros del puerto de la API y a no muy larga distancia de Uayamón, desde donde podría construirse un ramal del ferrocarril.

Al aeropuerto se llegaría en media hora; en el estado de Campeche habría casi todo el personal profesional y técnico que requiriera; no estaría expuesta a huracanes e inundaciones, y su posición haría propicia la rápida dispersión de cualquier emisión contaminante.

A principio del año 2010, personal especializado del despacho Aspe y Asociados presentó en la UAC el proyecto que le encargó el Gobierno del Estado respecto a la construcción de una refinería, y la conclusión de los ponentes fue que Campeche era el Estado más viable para la citada construcción, y específicamente en Seybaplaya.

Es menester decirle al Ing. Eduardo Reyes Sánchez que, por una parte, las refinerías actuales se construyen con emisiones a la atmósfera casi nulas, debido a regulaciones internacionales por lo del cambio climático, y por otra, que consume más agua una maquiladora de ropa que una refinería, pues en esta el agua que consume una caldera para producir vapor, en la generación de energía eléctrica pasa por un proceso de condensado y después por uno de aeración-oxigenación, en torres de enfriamiento para de ahí reutilizarse: un círculo virtuoso para no desperdiciar ese vital líquido.

Pese a lo anterior, considero que emitir esa preocupación se deriva de responsabilidad profesional.

Fernando Almeyda Cobos

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