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Pepino de mar: expectativas y riesgos

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Las historias tejidas en torno al aprovechamiento del pepino de mar han tenido vertientes de todo tipo. Desde aquellos que lo consideran como panacea para el repunte de la economía del sector pesquero ribereño, debido a la alta cotización  en el mercado extranjero —especialmente el asiático—, hasta los que advierten de serios riesgos —o peligros— en caso de que Campeche incursione también en esa actividad.

De la mano de la enciclopedia hay que precisar que el pepino de mar es un animal marino conocido también con el curioso nombre de “mojón de mar” y que, aunque no lo parezca, es de la misma familia de las estrellas de mar, de las que hay unas mil 400 especies, que su antigüedad es de más de 400 millones de años y que su mayor consumo se presenta en países asiáticos, donde le atribuyen propiedades afrodisiacas.

Un dato del secretario de Pesca y Acuacultura de Campeche, José del Carmen Rodríguez Vera, publicado en TRIBUNA la semana pasada, da cuenta del porqué hay varios grupos muy fuertes, incluso de la delincuencia organizada, interesados en su aprovechamiento, pues cada kilo del pepino, ya procesado, es decir, seco,  y listo para su consumo, cuesta mil 400 dólares, es decir, alrededor de 24 mil pesos.

Si tenemos que por cada tonelada de pepino de mar se obtienen alrededor de 100 kilos, entonces por la tonelada y media decomisada el pasado fin de semana en la zona de Ensenada en el municipio de Campeche, los traficantes “perdieron” o dejaron de ganar algo así como cuatro millones de pesos.

Aún más, las mil 200 toneladas de pepino de mar que los yucatecos podrán aprovechar legalmente desde el 7 y hasta el 21 de abril, al levantarse la veda en este breve lapso sólo para Yucatán, dejará ingresos por más de dos mil 400 millones de pesos tanto a los acopiadores como a los pescadores, aunque son éstos los que se llevan la peor parte, puesto que sólo les pagan de 40 a 50 pesos el kilo de buen tamaño.

Pese a ello, la actividad les resulta lucrativa, pues a diario extraen del mar de 30 a 40 kilos, con lo que “ganan” diariamente de mil 500 a dos mil pesos, cifra muy atractiva sobre todo en estos tiempos en que la pesca de escama se encuentra muy limitada, y que aún faltan por lo menos tres meses para que reinicie la actividad que más genera recursos en Campeche, que es el aprovechamiento del pulpo maya.

¿Por qué no se dan permisos de aprovechamiento comercial sustentable de esa especie en Campeche? La primera excusa suena hasta lógica, “porque nadie lo ha solicitado”, según señaló el propio secretario de Pesca, José del Carmen Rodríguez Vera.

La otra razón es técnica, y se fundamenta en la carencia de estudios científicos que avalen la sustentabilidad del recurso, que informen cuál es la biomasa existente y cuál sería el volumen ideal para no poner en riesgo el ecosistema en caso de que algún día se autorice la explotación comercial del también conocido como “mojón de mar”.

Una excusa final señala que en Yucatán se autoriza el aprovechamiento de una variedad del pepino de mar conocida como “ballenato”, que es la que tendría opción de ser capturada con fines comerciales, mientras que en Campeche la especie existente es conocida como “lápiz” y abunda sobre todo en la región de Isla Arena, según declaraciones de los propios pescadores de esa zona, quienes insistieron en la necesidad de regular su aprovechamiento, pues de lo contrario son los yucatecos los únicos que salen beneficiados.

Lo cierto es que, sea de las especies “ballenato” o “lápiz”, en Campeche se ha dado la captura ilegal de ese recurso marino, y todos los que alguna vez han agarrado un cordel para ir a pescar con fines comerciales, saben quiénes son los acopiadores y dónde se encuentran las bodegas. Quizá no lo sepan las autoridades o sólo se hacen de la vista gorda, debido a los fuertes y mafiosos intereses que hay detrás de esa actividad.

Versiones proporcionadas a esta columna aseguran que hay por lo menos un grupo de la delincuencia organizada operando en Yucatán, tanto para el acopio como para la comercialización de ese producto tan cotizado por los asiáticos.

Varios de los personajes yucatecos han tenido vínculos con el narcotráfico, pues incluso uno de ellos fue alguna vez acusado de importar y exportar tiburones rellenos con cocaína. A otro lo vincularon con el robo en altamar de 16 toneladas de pepino de mar, y otro habría atracado un barco cargado con langosta, lo que nos confirma que en efecto, hay mafiosos metidos en esta actividad.

Y es este contexto, en donde pudieran fundarse los temores de abrir en Campeche una actividad pesquera que sin duda podría dejar millonarios ingresos para los pescadores ribereños, aunque siempre existirá el riesgo de que sea dinero manchado por la delincuencia organizada o que, por su captura, acopio y comercialización, nuestro Estado se ponga otra vez en la mira de los narcos, como cuando fuimos el “trampolín” para el envío de drogas a Estados Unidos, pues aquí se abastecía de combustible a las narcoavionetas. ¿Será por eso?

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