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Optimistas del debate

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Me gusta el optimismo de los que ven los debates entre los aspirantes a la Presidencia de la República como oportunidad para medir qué candidato se eleva y cuál se cae.

Si así fuera, entonces los aspirantes “se armarían hasta los dientes” para dejar todo en el escenario de estos eventos que regula y organiza la autoridad electoral. Cuando usted lea esta colaboración el primer debate se habrá efectuado.

En la realidad, los debates no son definitorios para saber quién ganará las próximas elecciones. Es en cambio ocasión perfecta para observar su manejo ante los medios y su capacidad de organizar sus mejores ideas buscando convencer el porqué son la mejor opción.

El debate tiene un formato definido de temas a tratar, y por ende cada quien presentar lo mejor de sus propuestas; sí las propuestas es lo que se quiere escuchar. En términos sencillos: ¿qué van hacer?, ¿cómo lo van hacer? y ¿de dónde saldrá el recurso para hacerlo? No es difícil porque todos ellos cuentan con estructuras de apoyo, que son especialistas en los rubros nacionales.

¿Se imaginan oír como van a combatir el problema de la inseguridad? Cinco formas distintas de enfrentar este mal que lastima a la sociedad mexicana. Se tendría la oportunidad de comparar lo que ofrecen y entonces decidir qué es lo más conveniente para el país. En la realidad, lo anterior no es lo que se tendrá en los debates.

Es decir, si no se cuidan las formas, cada debate caerá en la tónica de ver de qué cuero salen más correas, quién investigo más a quien, quién tiene un trapito sucio que sacar a la luz, y de ahí a ver qué pasa. Utilizar el derecho de réplica para responder algún señalamiento o alusión personal, en cuyo caso se desaprovecharía la ocasión para que los aspirantes presenten sus propuestas. De aquí a junio quedan dos debates, uno en Baja California donde el público presente podrá preguntar, y el tercero en Mérida donde la novedad será responder preguntas recibidas vía redes sociales. Ojalá se cumpla su verdadero propósito.

Otra afirmación optimista es que todos los jóvenes que votarán por primera vez lo harán por tal o cual candidato, dando por hecho que los 1.9 millones de  jóvenes de 18 años y en lista nominal, ejercerán este derecho.

Me parece que lo primero es convencerlos de la importancia de sumarse a la decisión nacional de elegir al nuevo presidente. Decirles y demostrarles con propuestas lo que el país puede hacer por ellos y viceversa.

Ahora bien, ampliemos el contexto. Los jóvenes de entre 18 y 25 años suman cerca de 25 millones de electores; de ellos, no hay modo de saber quiénes votaran por primera ocasión, eso sí, integran casi una cuarta parte de la lista nominal. A ver si alguien logra convencerlos.

Bertha Paredes Medina

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