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La primera tormenta

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Cada vez que inicia una nueva temporada de lluvias y nos dan el aviso del horario aproximado y la densidad del agua que caerá, de inmediato nos preparamos para recibir un torrencial. Recordamos cómo nos fue la temporada pasada con  aguaceros, encharcamientos en calles, goteras de la casa, filtraciones por debajo de puertas y ventanas, y tratamos por todos lados de evitar sufrir los estragos como la vez anterior. Al final, la primera tormenta no pasa de llovizna, pero al menos ya estábamos preparados.

Lo mismo nos sucedió el pasado domingo 22 de abril con el primer debate de los candidatos presidenciales, donde los mexicanos —la mayoría— esperábamos buenas y nuevas propuestas, señalamientos contundentes, coraje para señalar y valor para contestar a las acusaciones de unos y otros. Pensamos que podríamos ver nuevas facetas de quienes aspiran a presidir nuestro país y decantarnos más por el candidato de nuestra preferencia, quizá hasta cambiar de opinión, pero al final fue una pequeña llovizna con pocas “afectaciones” para los ciudadanos.

Sin mencionar partidos y coaliciones, pues esos quedaron de lado, quienes se presentaron en el Palacio de Minería pudieron dar más, hacerlo mejor, romper paradigmas y demostrar que realmente están interesados en dirigir a nuestra nación, pero no, la sociedad coincide en que todos pudieron y debieron ser más concisos, sin tanto teatro y con argumentos más sólidos de los que nos dieron en la transmisión del multicitado debate.

Cinco candidatos, todos con ideas diferentes, tres de ellos respaldados o representando a coaliciones, mientras que dos van como independientes para el proceso electoral. Margarita Zavala Gómez del Campo de Calderón Hinojosa, José Antonio Meade Kuribreña, Ricardo Anaya Cortés, Andrés Manuel López Obrador y Jaime “El Bronco” Rodríguez Calderón, cada uno de ellos con carácter, temperamento, actitudes y educación diferentes, lo que se pudo apreciar desde la llegada hasta la salida del recinto.

De izquierda a derecha, Margarita Zavala Gómez del Campo y su ya conocido cantinfleo, sin propuestas, seria, nerviosa, poco preparada y perdida frente a los otros cuatro candidatos, sin mencionar su imagen bastante desgastada debido, supongo, a tantas preocupaciones personales. Muchos nos atrevimos a pensar que en su papel de mujer, de exprimera dama, de esposa de un expresidente y conocedora —al menos más de cerca— de lo que sucedió en el sexenio 2006-2012, Zavala de Calderón iba a sacar la casta, a ser protagonista, pero no. Al parecer su amor por “Felipillo” le nubló los pensamientos y por eso se dedicó a justificar a su esposo, pero sin propuestas claras.

En ese mismo orden le seguía José Antonio Meade Kuribreña. Con su tono de voz tenue, paciente y sencillo repitió de nuevo las propuestas que ha dado a conocer, y se defendió con poca tibieza de los cuestionamientos en su contra tras su paso por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Meade atacó en algunas ocasiones a sus más acérrimos competidores —López Obrador y Anaya Cortés—, aunque también en su momento coincidió con ellos en temas que pudieran afectar a Rodríguez Calderón. Sin duda, el tema de los departamentos de AMLO no fue de gran ayuda para Meade Kuribreña durante el debate, pero le ha servido posteriormente al abrir los archivos que demuestran que al menos sí pertenecieron al candidato tabasqueño.

En el medio, en el tercer podio estaba Ricardo Anaya Cortés, el también llamado “chico maravilla”. A sus 39 años fue sin duda el más temperamental y aventado, que lanzó disparos a todos los contrincantes. Duro, certero, pero poco cuidadoso de las formas. Con su muy atinado uso de la retórica supo evadir los cuestionamientos en su contra, pero tampoco fue muy brillante con las propuestas, mismos que analistas han tildado de sueños irrealizables en nuestro país. Eso sí, muy concreto cuando le preguntó a Andrés Manuel: ¿por qué incluir en la jefatura de su gabinete a quien hace años en un libro señaló como corrupto? Y la respuesta la seguimos esperando.

En el cuarto sitio de podios estaba Andrés Manuel López Obrador, el más aplaudido en las redes sociales durante el debate, pero también el más evasivo, quien sostuvo más muecas y le incomodaron todas las preguntas, hasta las que no eran para él. López Obrador recibió cuestionamientos de sus cuatro contrincantes y no le dieron tregua, pero tampoco pudo o más bien no supo contestar. No dio propuestas, sólo habló de acabar con la corrupción. Ofreció los tres departamentos a Meade y no respondió la pregunta de Anaya. Para muchos el segundo lugar del debate, para otros, es quien cuando hablaba sólo mencionó incongruencias.

Hasta la derecha estaba Jaime Rodríguez Calderón, antes El Bronco, ahora mejor conocido como El Mocha Ratas, quien no hizo propuestas, no presentó argumentos, no hubo más que una muy simpática hilera de comentarios que nos hicieron pasar un buen rato frente al televisor, como eso de su amor por el matrimonio. Rodríguez Calderón no llevó tantas cartulinas como Anaya Cortés, es más, sólo colocó una con su número telefónico para que los incautos le manden mensajes y crean que él les responde. Ahí pudimos ver que como candidato independiente y gobernador de Nuevo León, el Mocha Ratas es mejor que regrese a su rancho y siga cultivando lo que mejor sepa cosechar, porque de política no sabe nada.

El primer debate fue muy dinámico con las preguntas y seriedad de los moderadores Azucena Uresti Mireles, Denise Maerker Salmón y Sergio Sarmiento Fernández de Lara, quienes no sólo poseen largas trayectorias en el periodismo nacional, sino que en su papel supieron hacer cuestionamientos correctos, directos, concisos, entendibles y sin dar tanta vuelta. Quizá no siempre recibieron la respuesta que querían —al igual que millones de mexicanos—, pues sus rostros denotaban extrañeza, pero ya habrá oportunidad de que los cinco candidatos lo hagan en los próximos dos debates.

Y si, aún quedan dos entregas más de estas dinámicas de preguntas, respuestas, señalamientos y evasivas de los cinco candidatos que aspiran al triunfo del 1 de julio próximo. El siguiente debate será en Tijuana, Baja California, el domingo 20 de mayo a las 20:00 horas, y el último en Mérida, Yucatán, el martes 12 de junio a las 21:00 horas. Esperemos que ahí comiencen a salir nuevas propuestas, que cambien las actitudes y los candidatos vayan mejor preparados.

Que Margarita vaya con la mente clara, sin pensar en qué hará Felipe mientras ella debate o en su “impoluto” sexenio, el más sangriento que se recuerde según especialistas. Que Pepe Meade sea más rudo, que se atreva a sacar el carácter, que utilice los argumentos que seguramente bien conoce tras su paso por tres importantes secretarías tan sólo en este sexenio a punto de culminar. Que Ricardo Anaya así como pregunta conteste, pero sobre todo que aprenda a tranquilizar su ánimo de juventud y aproveche la buena calificación obtenida en el primer debate.

Que por fin AMLO conteste acerca de los corruptos de su libro, esos que hoy son parte de su campaña pero ya limpios de pecado, según él, y que de una vez olvide el avión presidencial y el nuevo aeropuerto. Esos temas no le vienen bien a cualquiera que busque obtener la investidura presidencial y mucho menos el desarrollo de un país. Y que por favor el Bronco Rodríguez deje de jugar al capo o sentirse presidente de algún país de Oriente Medio, pues para retroceder en ideas y propuestas con uno es suficiente.

 

Cero y va una

La madrugada del pasado martes cayó la fachada de una vieja casona de la calle 47 del barrio de Santa Ana, sin que se registraran lesionados o pérdidas humanas qué lamentar, sólo el estruendo que despertó a los vecinos.

Como era de esperarse y fieles a sus costumbres, las autoridades del Instuto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se lavaron las manos, se hicieron patos, y como el trío de monitos, no lo vieron, no oyeron y callaron, y argumentaron que no pueden hacer nada. Vaya, ¿y cuándo han hecho algo?

Esto me hace preguntar: ¿alguien tiene que morir aplastado para que alguna autoridad, la que sea, ponga atención a lo que sucede en ese y otros barrios tradicionales y el Centro Histórico? ¡Parece que sí!

Jorge Gustavo Sansores Jarero

 

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