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Buscando ayuda urgente…

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“La del problema no soy yo, yo no fumo mariguana”… A mi estudio llegan mamás angustiadas, desesperadas, pidiendo ayuda urgente porque su hijo se droga mañana, tarde y noche; no estudia, ni trabaja, ni hace nada; es explosivo; antes no era así. Es lo que dicen todas. Ahora es violento, irrespetuoso, grosero, habla  a solas, se ríe, aplaude, y luego corre asustado. “Dame tips, ¿qué hago cuando fume en su cuarto, que le digo y como le digo qué no se vaya a fumar mariguana a la azotea?, dime, ¿cómo hacerle para que no me rompa cosas y no me grite?

Y después de escuchar el serio problema en que se encuentran, de analizar la situación, de dimensionarla, de acuerdo a mi experiencia y conocimientos, propongo información, pero la mayoría quiere escuchar lo que ellas quieren escuchar. “Mira —le digo—, todas las drogas provocan trastornos de personalidad, yo cambie por mi compulsión, me volví neurótico, depresivo, muy agresivo y el mariguano deja de ser pasivo; la sugerencia que te hago es que aprendas a vivir en armonía, vivir en paz interior, y cuando sea el momento, cuando tu estés bien contigo misma, entonces vas a poner límites y serás muy firme porqué tendrás la fortaleza”.

“Pero dime Ernesto, cómo le hago y qué hago cuando llega drogado, ¿qué es lo que haré?”… Por el momento nada, crece espiritualmente y cuando estés lista, puedes ponerle cualquier limite pero tienes que trabajar en ti. “¿Y en mi porqué, si yo no fumo marihuana?” “No, no fumas, pero tu neurosis no te permite controlar la situación”. “Entonces, ¿qué hago, sentarme a ver que se drogue?”  “No, prepárate para ser fuerte, él se te salió de control y lo que has hecho en los últimos años no te ha funcionado, ¿o sí?” Y pregunta ahora —“Pero, ¿qué límites debo de poner?” “Simple, si te vuelves a drogar en tu cuarto o llegas drogado, te vas de la casa”… “¡Estás loco Ernesto!, ¿cómo se te ocurre?”… ¿Loco yo?

 

El drogadicto nace o se hace

Hay un desconocimiento total de la enfermedad. Como padres cometemos sendos y severos daños emocionales a los hijos, propiamente los empinamos al laberinto emocional. Hay que aclarar que no sólo se trata de alcohol y drogas, esta enfermedad es sumamente compleja. No es un resfriado, no hay “tips”, es genética, es una herencia maldita, una herencia neurótica que viene de abuelos a padres y de padres a hijos. El adicto nace y se hace en su hogar. Mi madre prolongó mi agonía.

Llegué a pesar menos de 50 kilos, consumía de 10 a 15  pases de cocaína; me inyectaba  tres miligramos de morfina tres veces al día; me tomaba una  botella diaria de vodka, consumía todo tipo de antidepresivos; me quedé solo. Perdí mi programa en la radio, quebré en todos los sentidos; quedé en la ruina espiritual y siempre tuve dinero para sustanciarme. Mi madre pudo haber cerrado esa llave, que en promedio eran más de mil pesos diarios; ella vivía en mi casa por  temporadas, vivió mi decadencia, mis delirios de persecución, fue testigo de mi celotipia infernal, de mi vida incongruente, pero no sabía cómo ayudarme, no tenía la información, se sentía culpable y responsable de mi situación, no hubo límites de su parte.

En esa temporada me fui vivir con ella a la CDMX. Todas las noches, todo el tiempo, había ron y muchas botellas de licor. Yo me empinaba la pata de elefante de alcohol, por supuesto acompañada de mis pases de cocaína. Ahí estuve cerca de año, bebiendo y drogándome de noche; durmiendo de día. Estoy seguro que si mi madre hubiera tenido la información, la orientación, ella hubiera trabajado en su armonía y hubiera puesto límites como dejarme sin dinero o echarme de su casa.

No lo hizo, me apapachaba demasiado, diariamente me mandaba el desayuno a la cama a las dos o tres de la tarde, a la hora que me despertara, y sin faltar mis cervezas bien frías.

 

no permitan el maltrato

Cuando voy a las escuelas les hablo a los niños de mis fondos, de mi vida incongruente. Les digo que traté de matar a mi mujer, que ahorita estaría en la cárcel sentenciado por asesinato. Drogado, loco, neurótico traté de ahorcarla y les narro la escena, describo a detalle cómo se encendió mi ira. Les despierto la reflexión al mencionar que llegué a ese momento de haber pretendido matarla, porque lo permitió. Llegué hasta donde ella quiso que llegara. Estoy seguro que si la primera vez que la insulté, que le grité, que la maltraté, ella me hubiera dicho que no iba a permitirlo, “no voy a permitir que me faltes al respeto”, y me hubiera mandado a freír espárragos, no hubiera llegado a ese momento pero llegué. Nunca hubo un límite.

Muchas mujeres no tienen la autoestima sólida, caen en el juego de la enfermedad y permiten que les hagan daño; no tienen respeto por ellas mismas y dejan a una pareja, después “salen de Guatemala y entran a Guatepeor”. Ellas atraen las relaciones tóxicas y cuando hago alguna sugerencia, me dicen: “Ernesto, eso ya lo trabajé”. Si, pero no lo has trascendido, caíste en el mismo juego y como que no lo creen. Se dan casos que después de algunos meses, después de haberse librado de un enfermo, conocen a alguien. Al principio hay fuegos artificiales, “es el amor de mi vida, mi príncipe azul”.

Luego el cuento es otro cuento, se dan cuenta que el tipo está sumamente enfermo, peor que el anterior, y mientras no se tenga una liberación emocional, un crecimiento espiritual, una madurez e inteligencia emocional, habrán de cometerse los mismos errores con drásticas consecuencias emocionales. Ellas atraen a gente tóxica y es el cuento de nunca acabar. Grave error es sentir que lo sabes todo, que ya has hecho un mundo de cosas. Conozco infinidad de mujeres con altas horas de vuelo con el psicólogo; asisten a cursos, talleres, retiros espirituales y van de mal en peor, viven encarceladas por sus emociones.

 

Yo, el gran ignorante

Mi recuperación me permite trabajar en mí; escribir, compartir pero también recordar de dónde vengo, y hoy tengo que acordarme de mi negación e ignorancia. Le di un verdadero infierno a mi mujer por mi celotipia infernal, mis delirios de persecución, mis delirios auditivos, por mis actitudes de dormir con cuchillos, mis insultos y constantes agresiones. Ella, desesperada, asustada, algún día insinuó con alguien que yo necesitaba  internarme en un psiquiátrico. No era para menos, me había vuelto loco, la droga me había robado el sano juicio, pero mi mente enferma lo tomo como un insulto grave, por demás delicado.

¿Yo en la casa de la risa? Indignado, procesé con ira de sobra una demanda penal en contra de mi esposa por difamación de honor. En la loquera redacté varias demandas, otra por robo, debido a que cada vez que yo la corría de la casa, ella se llevaba sus partencias, sus joyas. La demandé por adulterio, abuso de confianza e intento de asesinato. Así era la magnitud de mi enfermedad y el haberme internado en el hospital psiquiátrico hubiera sido una de las mejores decisiones que ella hubiese tomado. Si yo recayera, si volviera el cavernícola emocional, si se repitiera la misma película de terror, sé perfectamente lo que ella haría. ¿Y tú qué haces con un loco, neurótico, drogadicto en casa?

 

Mal de muchos, consuelo de tontos

A sus 19 años, tuvo una sobre dosis de cristal. Sus delirios de persecución lo orillaron a  pretender quitarse la vida. Ahora vive de milagro. Sugerí a sus papás que tomaran terapia y él entrara a un verdadero programa de desintoxicación, a una capacitación emocional y que buscara despertar su amor propio. Los papás se ofendieron, consideraron que ellos no son los que tienen el problema. En mi opinión, para que un niño caiga en adicciones o intento de suicidio, primero se debe a sus conductas tóxicas y después a la irresponsabilidad de sus padres.

Rescatar a un hijo es tarea difícil pero no imposible; debes tener humildad y dejarte ayudar en un proceso que es poco a poco, pero con disposición. Si tu hogar está podrido, tu relación de pareja es neurótica, enfermiza, la comunicación con tu hijo es pésima, la tarea es que comiences a trabajar en ti, te informes de todo sobre tu enfermedad, trabajes defectos de carácter, patrones de conducta y pensamientos obsesivos. Hoy no hay “tips”, hay límites firmes que debes de considerar, y cuando tengas fortaleza, debes empezar con límites pequeños pero sólidos. Los límites grandes los podrás poner en su memento. Conozco a mucha gente a quienes darles sugerencias es como lavarle la cabeza a burro: pierdes el tiempo, el agua y el jabón, y hasta un patadón te andan dando.

Ernesto Salayandía García

 

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