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Elecciones: una estrategia griega

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Sol y sombra

 

Mientras leo las notas políticas que se generan a propósito del cercano proceso electoral, no sé por qué razón me vino a la mente el famoso episodio de la Odisea, en el que Ulises logra evitar el canto de las sirenas para poder regresar sano y salvo a la Isla de Ítaca.

¿Se acuerdan cómo salió indemne este héroe del peligroso canto?

Guardadas las distancias del caso, pareciera que algo semejante ocurre en los tiempos actuales, porque no parece haber otra razón que explique por qué tanta gente sigue el canto político que asegura que todo está mal, y que si no es elegido se puede caer el  país a pedazos.

El canto de la sirena parece estar cumpliendo su objetivo de embrujar a la población para creer que es verdad y que no hay salida.

¡Y Circe no aparece por ningún lado para advertir y desmentir!

Hablemos de los últimos 18 años que lleva el candidato presidencial de la alianza “Juntos Haremos Historia”, y la pregunta de cómo le ha hecho para sobrevivir económicamente y vivir en permanente campaña. El canto de las sirenas susurra “no hagan caso, son rumores”.

Hablemos de sus vaivenes al ir de un partido político a otro sin marcar ninguna ideología; crear —en tiempo record— un partido nacional de regeneración al servicio de él, para él, por él. El canto de las sirenas musita “dale el beneficio de la duda”.

Hablemos de los “simpatizantes” que ha sumado en su campaña: Gómez Urrutia, Elba Ester Gordillo, Gabriela Cuevas, entre otros, con un pasado político discutible. El canto de las sirenas farfulla “que tanto es tantito”

Hablemos de sus tres fallidas campañas anteriores donde se le ha negado la confianza ciudadana en las urnas.

El canto de las sirenas dice “ha sido víctima de un complot de la mafia en el poder”. Y así, para todo tiene una respuesta que justifique cada interrogante.

Es el canto de las sirenas que envuelve los oídos nacionales en una fina capa de conformismo y credulidad, de que por perseverancia electoral le corresponde la estafeta sexenal.

Dicen y comparan: “Así pasó en Estados Unidos”, “tienen que aceptarlo”, “la bola esta cantada”, “es una situación sin salida”, “no hay más remedio”, “mexicanos tienen suerte de tenerlo”, “habrá devaluación de la moneda si no llega”, etc.

Palabras más, palabras menos que zumban en los oídos de la gente que se angustia y repite lo que oye, en una estrategia para que de tanto decirlo se fije en las mentes de los mexicanos.

Ulises, ¿dónde estás Ulises?

 

Bertha Paredes Medina

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