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Mayo de mamá, maestro…

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En la vida de las personas existen dos figuras importantes: la mamá y el maestro, dos personajes que se convierten en fuente de saberes y vivencias. Mamá tiene la dicha del apego, un vínculo afectivo que ofrece seguridad y confianza; el maestro es un guía, sus palabras orientan, acompañan y favorecen los aprendizajes escolares, y muchas veces comparten lecciones de vida. Ambos tienen el privilegio para estrechar fuertes lazos desde los primeros años de vida.

Amor de madre

 

La versatilidad y la sensibilidad innata de quien experimenta la maternidad, le otorgan capacidades para educar; es tal su inteligencia espiritual, que siempre encuentra la palabra apropiada, el consejo pertinente, el regaño necesario y las oraciones exactas, en el momento preciso, ante alguna eventualidad. Para una madre los años no son obstáculo; las horas interminables, atentas, siempre dispuestas y disponibles las 24 horas, durante los 365 días. Más que un deber es una virtuosa tarea concedida.

Algunas mujeres sienten agradecimiento por esa bendición, otras viven entregadas sin ningún condicionamiento a la vida de sus hijos. Quizá habrá quienes ofrendan todo por sus vástagos. ¿Los hijos valoran esa entrega, ese amor?

 

Misión maestro

La función educadora del maestro influye en la formación de las personas, aunque suele reconocerse como facilitador del aprendizaje, mediador entre el alumno y el conocimiento; su labor, más allá del uso de técnicas para la enseñanza, comunica, expresa sus emociones, comparte sus experiencias y casi siempre es modelo de vida.

No basta un programa de estudios, un plan de clase o un horario, la presencia del maestro suele convertirse en un oasis afectivo. Cuando el docente tiende un puente para comunicarse con los estudiantes y ofrece lazos de confianza, respeto y actitud de escucha, los alumnos hallan anclas para apoyarse, motivarse en busca de la superación. Hay maestros que dejan huellas positivas, marcando el presente y el futuro personal.

Si bien, mamá y un buen maestro acompañan durante el sendero escolar, también su palabra y ejemplo inspiran las decisiones en alguna etapa de la vida. Para ambos, mi admiración y gratitud perpetuas por iluminarnos eternamente.

Que la llama inagotable del amor de una madre perdure hasta el final de sus días, y la pasión por enseñar de los maestros permanezca hasta el último día de su ejercicio profesional, en su existencia…

Lo invito, apreciable lector, a celebrar todos los días del calendario a su bendecida madrecita, y agradecer a los maestros por su fecunda tarea en pro de la formación de los niños y jóvenes que cuidarán de nosotros en un futuro cercano.

Teresita Durán

 

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