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El problema de México

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El segundo debate de los candidatos a la Presidencia de la República rumbo a las elecciones del 1 de julio será mañana en la ciudad de Tijuana, Baja California, con temas y horario diferente —dos horas menos—, y no estará Margarita Zavala Gómez del Campo de Calderón Hinojosa. Por eso esperamos ver y escuchar más propuestas y “acción” de los cuatro finalistas.

 

Justo hubiera sido que también se retire de la contienda Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, pues desde el primer encuentro en el Palacio de Minería no demostró grandes aptitudes para presidir nuestro país, aunque eso sí, se aventó muy buenas puntadas y quizá debería pensar más en hacer show de comedia que buscar la Presidencia. Quizá la dupla con Margarita Zavala atraiga más espectadores al espectáculo.

De nuevo en el debate veremos a Andrés Manuel López Obrador, y seguramente en los temas que ahora atañen tendrá algún comentario o propuesta que nos deje perplejos a los mexicanos. Perplejos, no convencidos. En este encuentro no podrá faltar Ricardo Anaya Cortés, quien va segundo en las encuestas y sigue esperando que AMLO le responda la pregunta que le lanzó en el debate anterior, sólo que se las verá negras el “chico maravilla” tras el quemón que le dieron hace unos días en un programa de televisión.

Quien al parecer se presentará mañana con nueva estrategia, más contundente y directo, será José Antonio Meade Kuribreña. Así lo hizo en las entrevistas de Televisa y Milenio, donde fue preciso, conciso, macizo y poco escurridizo. No temió contestar y hasta le sobraron argumentos, quizá con la idea de sacar a relucir esos conocimientos en el debate que viene, y sentar el precedente para que muchas personas cambien sus ideas y redireccionen el voto a su favor. Esperamos ver la nueva estrategia trazada por sus asesores de campaña.

Ahora los candidatos estarán frente a 42 ciudadanos que lanzarán preguntas —no creo que sólo estén de oyentes—, tendrán inquietudes y seguro ya hasta tienen a su preferido de entre los cuatro que quedan para debatir mañana. Los temas a tratar son comercio exterior, inversión y migración, en los que al menos un candidato está sobrado de información, pues recordemos que ya pasó por tres secretarías que tienen que ver con estos rubros, al menos en este sexenio.

Ahora bien, el debate lo ganará nuevamente quien el pueblo decida que fue el ganador. Me explico. No ganará el que tenga mejores propuestas, el que no se raje y conteste las preguntas de sus adversarios, ni el que se aviente más chistoretes sin sentido, sino que triunfará el que sus seguidores digan que fue el mejor. Para los morenistas, ganará López Obrador; para los panistas, perredistas y mocistas, Anaya Cortés; para los priístas, verdes y panalistas, sin duda será Meade Kuribreña. Nadie aceptará la derrota de su candidato o la fortaleza de su adversario. Aquí habrá que tomar en cuenta la opinión de los indecisos. Esos que pueden inclinar la balanza.

Por lo pronto habrá que estar atentos a los temas, a las propuestas y a la defensa de las mismas, pues en los tres casos, comercio exterior, inversión y migración, al menos hay un candidato que de plano no tiene la mínima idea de cómo hacerle y ha sido muy recurrente en sus cambios bruscos de discurso: Andrés Manuel López Obrador.

Un día dice a los maestros que cancelará la reforma educativa, otro día en los medios nacionales comenta que dicha reforma debe estar sujeta a estudios. Lo mismo en la mañana aplaude los “avances” de la revolución bolivariana, que en la tarde reniega de apoyarla y seguir sus ideales. El jueves dice que acabará con la “mafia del poder” y combatirá al crimen organizado, y el viernes asegura que no habrá persecuciones contra los políticos, pero que dará amnistía a los delincuentes. Dice a cada quien lo que quiere escuchar. Al menos eso cree.

Vaya, ni en esos ni en otros temas, y lo ha demostrado con su tozudez, cerrazón y ánimos de retroceso para la nación, ha podido dejar claro cómo le hará, con qué lo hará, para qué quiere hacer lo que dice que hará, ni el beneficio real para los mexicanos en caso de hacerlo. En pocas palabras dice que hará mucho pero no sabemos cómo. Aún así hay quien le cree, quien lo replica y ese es un gran problema para México.

En el debate de mañana, si hablan de comercio exterior, seguramente dirá que de nada sirve exportar, que lo mejor es que consumamos lo que producimos en nuestro país. De las importaciones expresará que en México se puede hacer de todo y que con la instalación de nuevas refinerías saldremos adelante, por lo que no tenemos nada qué traer del extranjero. El problema es que la globalización obliga a crear tratados comerciales internacionales, y tampoco nos ha podido decir cómo hacerle para vivir dentro de un cascarón sin necesitar nada del exterior.

Cuando hablen de inversión será poco creíble lo que AMLO diga a favor, pues desde un inicio ha puesto traspiés a lo que se pretende hacer con las carreteras federales, con los puertos de altura, con las empresas asentadas en el país, además que ha atacado duramente a los industriales, a los inversionistas y a los empresarios de México y extranjeros. Ni hablar de sus quejas por el proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) que quiere desechar a pesar de los enormes beneficios que dejaría a los mexicanos, y que le ha creado enfrentamientos con los empresarios más importantes, ricos y poderosos del país.

De migración, bueno sería saber cómo enfrentará el tema del muro propuesto por quien podría ser su homólogo, Donald Trump, pues cada vez se ve más cercana la construcción de la megabarda, para precisamente evitar la migración masiva de mexicanos hacia los Estados Unidos, sobre todo en caso de que el tabasqueño gane las elecciones y comencemos a padecer lo que Venezuela.

En contraparte estará Ricardo Anaya, que a su corta edad maneja estos tres temas. En el de comercio exterior, recordemos que a través de empresas asentadas en el extranjero logró comprar varios inmuebles en unos cuantos dólares, mismos que vendió en millones de pesos. Del tema de inversión también tiene nociones, pues con una asociación civil ha podido sacar dinero para invertir en propiedades para su familia. Y ni hablar del tema de migración, pues recordemos que él, su esposa y sus hijos se fueron a vivir a los Estados Unidos, por lo que debe conocer muy bien los tropiezos que viven a diario miles de migrantes.

Para José Meade podría ser pan comido, aunque también deberá saber responder las preguntas de los 42 ciudadanos presentes en el debate y de sus adversarios políticos, y tendrá que hacerlo de forma directa, sin tecnicismos, con tranquilidad y sin perder los estribos, aunque tampoco estaría mal ver a un candidato más entrón, menos vulnerable y con un tono menos pasivo al proponer, contestar y rebatir.

En pocas palabras, este será el momento preciso para que estos adversarios políticos demuestren su preparación, sus conocimientos y su capacidad para debatir. Deben aprovechar para cambiar los puntos que aparecen en las encuestas, pues después de este debate, el que harán en la ciudad de Mérida será un show más para tener contentos a quienes usan a diestra y siniestra las redes sociales, lo cual podría derivar en insultos y agarrones entre los simpatizantes y/o seguidores de los candidatos, pues pocas preguntas y muchos insultos habrá en esa “estrategia” comunicacional.

 

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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