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Anticipar victorias es como escribir en la arena

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¡Sonríe, ya ganamos! La frase pronunciada en el segundo debate por el candidato de la alianza “Juntos Haremos Historia”, es claro ejemplo de triunfalismo anticipado. No hay otra forma de entenderlo. Y tiene un antecedente: la misma frase pronunciada miles de veces en elecciones pasadas, quedó en una anécdota para el recuerdo.

No se comprende la insistencia de usarla de nuevo. Se trata de un pronunciamiento optimista que no garantiza ni la sonrisa ni la victoria electoral. Solo es eso: una frase.

Porque basta tener un gramo de inteligencia para saber que antes de la jornada electoral del 1 de julio, nadie, absolutamente nadie, ni candidatos ni partidos, tiene el triunfo en la bolsa. Pensar lo contario es atentar y menospreciar la inteligencia de los mexicanos.

Claro que la multiplicación de algunas expresiones por parte del gigantesco conglomerado digital creado con el fin de hacer “trending topics” a favor de señalada alianza, pone a pensar a buena parte de la población si tiene razón en lo que dice.

La obviedad toca a nuestras narices; los miles de seguidores están precisamente para difundir y hacen apología de una victoria que todavía está lejana. Y no por la treintena de días que faltan para la elección, sino porque no hay elementos reales que sustenten ese pregón de triunfo.

Eso por un lado; por el otro, la insistencia de que las encuestas son estudios que pueden predecir ganadores, tampoco es cierto. La mayoría de las encuestas son levantamientos de opinión de entre unos mil y mil quinientos ciudadanos. Con sus resultados se proyectan cifras y porcentajes de una probable tendencia del voto de ese minúsculo grupo de entrevistados. No hay nada mágico, es una sencilla explicación de lo que en ese momento piensan las personas ubicadas al azar por  teléfono, red digital o pie de calle. Inclusive, las encuestadoras más formales tienen una advertencia en letra chiquita al pie de sus trabajos: “Por favor no vea esto como un pronóstico”.

Que las encuestas tengan resultados parecidos puede significar dos cosas: que nadie quiera ofrecer resultados diversos para no ser cuestionado en su metodología y resultados, o que el ciudadano entrevistado no quiera parecer poco inteligente y diga lo que esperan oír de él y se guarde su verdadera decisión hasta estar en la casilla de votación.

Un elemento más que es necesario recalcar —para que quede claro—, es el tema de los denominados electores indecisos. Aquí, vamos por partes. Cada partido tiene su militancia activa que asegura la cantidad de votos que los candidatos tendrán, casi con certeza, a menos que haya quienes traicionen sus ideales. La traición siempre será un golpe bajo. Eso todos los partidos lo saben.

Después de los militantes quedan los ciudadanos que no tienen partido; ellos no son indecisos porque está en chino pensar que, a pocas semanas de la votación, todavía no tengan definido por quien van a apoyar. No hay indecisos. Los ciudadanos ya saben que opción van a cruzar en la boleta electoral; pensar lo contrario es atentar y menospreciar de nueva cuenta la inteligencia de los mexicanos.

Por todo lo anterior, que nadie se asuste por escuchar la repetición de alguna frase que intente confundir a la gente, es sólo estrategia de campaña. También, que nadie se crea que una encuesta anticipe al ganador de la elección, es sólo una referencia de opinión que cambia de un día para otro.

Y usted, que está leyendo esto en cualquier parte del país y en cualquier rincón del territorio estatal, sabe perfectamente que no tiene nada de indecisión de lo que hará en la urna electoral. Señalar un triunfo anticipado es escribir sobre la arena a orillas de la playa.

Bertha Paredes Medina

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