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El PRI y yo

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Aún no concluía con mis estudios superiores, cuando mi paisano y amigo de siempre, el Lic. Víctor Manuel Díaz Uc, me invitó al grupo por él comandado para apoyar al Lic. Carlos Sansores Pérez en su carrera política hacia la gubernatura del Estado. Me afilié al PRI y en ratos libres íbamos a la Cámara de Diputados donde “El Negro” Sansores era líder, y ahí hablábamos con él. Sencillo como era, a veces nos invitaba a su casa y ahí tuve el privilegio de conocer y tratar a la Profra. Elsa San Román de Sansores, dama dulce ella, que en algunas ocasiones reprochaba a su esposo de ayudar demasiado a la gente, dejando para su casa menos de lo necesario.

Cuando el titular del Ejecutivo Federal designó como candidato del PRI para gobernar Campeche al Ing. Jorge Salomón Azar García, saqué a relucir mi rebeldía natural y envié un artículo al periódico Excélsior despotricando contra el Presidente de la República y contra el presidente nacional del PRI, ambos por hacer a un lado al candidato natural e imponer a otro, y hasta contra el propio Lic. Sansores por la “sumisión” con la que aceptaba ese atropello democrático: supe entonces que eso era conocido como disciplina partidista. Excélsior no me publicó el artículo.

Cuando laboraba en Pemex ansiaba jubilarme para regresar a Seybaplaya, porque quería volcar mi amor al terruño gobernándolo bien. En mi primer intento hubo un empate entre los dos aspirantes punteros, y el PRI —siendo su presidente estatal el Lic. Ramón Félix Santini Pech— optó por un tercero en discordia enviándome a mí de regidor al Ayuntamiento de Champotón. Siendo el primer seybano en ocupar ese cargo, le asigné tiempo, esfuerzo y dedicación para desempeñarlo bien. Cuando terminó el trienio le entregué al nuevo presidente municipal, Don Raúl Uribe Flores, una caja de “archivo muerto” conteniendo el informe de cada una de las actividades que desarrollé.

En un segundo intento no quise sumarme a la inusitada compra de votos en un proceso interno, y perdí.

Para mi tercer intento de ser presidente de Seyba, el subcomité del PRI me dio un “madruguete” y, enojado por esa acción, el gobernador electo me propuso para diputado local. Apenas me lo comunicó intenté hablar con un amigo que aspiraba a esa posición para evitar que se disgustara, pero ya no lo evité. Como diputado actué tanto en gestiones como legislativamente, de la mejor manera, como fue posible, por dos razones: convicción personal y cumplimiento a mi partido.

Terminada mi gestión como diputado, el Ing, Herculano Angulo Villacís, electo ya como presidente municipal de Champotón para el período 2000-2003, me invitó para ser su asesor con sueldo de 10 mil pesos mensuales. Y cuando con el acuerdo del Cabildo me asignaron otros 10 mil como bonificación o sobre sueldo, se presentó el problema de relevar al presidente del Comité Directivo Municipal del PRI, y el Ing. Herculano no quería pagar con dinero público al presunto nuevo presidente partidista, ofreciendo yo para tal fin el importe recién aprobado como bonificación para mí.

Cuando en marzo del 2004, la Secretaría de Hacienda me solicitó el pago de 30 mil pesos por el impuesto no retenido y entregado al SAT, correspondiente a esos 10 mil pesos que no disfruté, acudí en demanda de apoyo al nuevo presidente municipal, al presidente del PRI estatal y al presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado, pero en todos lados recibí negativas. Tuve que absorber solo esa deuda fiscal.

Cuando el Lic. Miguel Ángel Sulub Caamal ocupó la presidencia estatal del PRI, designó al Lic. Salvador López Espínola como titular de la Comisión de Procesos Internos, y este a su vez me nombró como representante de esa comisión en el municipio de Champotón. Con tal cargo se llevaron con éxito las elecciones internas para candidatos a presidente del partido y a diputado local para el distrito XVI, pero sin autorización inicié un sondeo entre los priístas champotoneros para proponer a los tres aspirantes con mayor aceptación, para de ahí elegir al candidato para presidente municipal, y entonces hubo un rechazo a ese intento mío por democratizar tal evento político y se decidió, como siempre, por designación cupular.

Como presidente de la Asociación de Egresados del IPN e Instituciones Afines del Estado de Campeche, ofrecí al CDE que proporcionaríamos clases de regularización a alumnos reprobados de secundaria, y yo mismo impartí asesoría a los que se inscribieron en el partido, para tal fin. Y ofrecí, a pedimento del presidente del CDE para cierta ceremonia partidista, una plática para explicar los alcances de las reformas estructurales de la actual administración federal.

Después, la Lic. Ana Graciela Crisanti Villarino —qepd— me designó como secretario técnico en el Consejo Político Municipal del PRI en Champotón, cargo para el que luego fui reelecto.

Por todo lo anterior, no pude quedarme callado cuando en el último intento para ser presidente de Seybaplaya nadie me llamó para pedirme que declinara de mis aspiraciones, sino que simplemente llamaron a Champotón a la persona que quisieron imponer. ¿Perdí? No. No puede nadie perder si no compite, y no competí porque fui ignorado. Conozco bien las leyes electorales y las de mi partido, de tal manera que no dudo en afirmar que si yo hubiese impugnado esa arbitraria designación, hubiera ganado.

No creo en la democracia absoluta y sí en la dirigida. Jamás aceptaré la imposición grosera y prepotente de ningún candidato a cualquier cargo público, provenga de quien provenga, pues esa forma de antidemocracia interna, aunada a las conductas vergonzosas de políticos afiliados a cualquier partido, tiene ya harta a la ciudadanía, de tal manera que detesta a los partidos y a los gobiernos establecidos.

Por lo anterior, no tengo empacho en volver a decir que estoy orgulloso de estar afiliado al PRI, pero no de tener como compañeros a tantos priístas corruptos.

Fernando Almeyda Cobos

 

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