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El diablo anda suelto

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¿Cómo rescatar a alguien que no quiere? Me han tocado infinidad de casos donde compruebo, una y otra vez, que el adicto no puede y definitivamente no quiere. Con la enorme desventaja de que todas las drogas son por demás placenteras, en especial el cristal, el reflejo de estos adictos es un mecanismo de defensa; la negación, el considerar que la mariguana no daña o que cuando quiera deja de consumirla, así como la soberbia, la intolerancia y la agresión neurótica, distinguen los niveles de la enfermedad.

Un borracho, por ejemplo, no permite que nadie le diga nada, siempre se enfurece y de esa manera se protege; no ve la manera tan estúpida que ha arruinado su vida y la de su familias. El pésimo ejemplo que le da a sus hijos es en parte una personalidad enana; la del enfermo emocional, el marihuano, heroinómano, cocainómano, ludópata o cristalero… todos estamos cortados con las mismas trajeras, con el filo de la mediocridad, y esa es una fuerte razón de que el adicto que entra a un proceso de tres meses en un anexo, salga, concluya y el mismo día se reviente, y la razón es muy simple: no quiso cambiar juicios y actitudes, la familia siguió igual de enferma, los niveles de ansiedad subieron en lugar de bajar, y el pensamiento psicótico, patológico, enfermizo lo dominaron todo el tiempo.

Sigue haciendo lo mismo, esperando resultados, lo que le queda para entender que es víctima de una enfermedad perra, maldita, perversa del alma es tocar fondos, que algún día le hagan antidoping y salga a flote su intoxicación, que lo corran de la escuela o del trabajo, que se torne agresivo y golpee a medio mundo, por supuesto que se quede en la ruina económica, emocional y espiritual. Tal vez así habrá de entender, ¿pero como entenderá un joven que en casa lo tiene todo?, ¿que la agonía de su enfermedad es prolongada por su padres?, es decir, no lo dejan tocar fondos.

¿Cómo entender si no ha asumido sus consecuencias?, y la razón es porqué los padres no saben poner límites, no supieron imponer autoridad y muchos, muchos de esos padres, son mariguanos, alcohólicos, neuróticos, entonces… ¿cómo? ¿Cómo ayudar a un hijo? Es como si un ciego guiara a otro ciego.

 

Ciegos, sordos, mudos…

Se están muriendo niños y jóvenes. El río de sangre corre por muchas ciudades del país y de la tierra; la deserción escolar, la desintegración juvenil, el índice enorme de suicidios por todos lados, la violencia doméstica, las niñas madres, el robo hormiga en todas partes, el mar de corrupción y tantos males que nos aquejan no son más que el termómetro de una sociedad en decadencia, de lo mal que andamos. En relación al gigantesco consumo de cristal, la droga infernal, así como a otras sustancias tóxicas, no estamos preparados ni para desintoxicar ni para rehabilitar; los jóvenes están flacos, amarillos, soberbios, negados, chupados por la maldita droga,  jorobados, tristes, distraídos, distantes, ansiosos, perdidos y hedidos, muertos en vida, atrapados sin salida.

Sin duda, van a morir de sobredosis, en accidentes de tránsito o asesinados; no lo entienden, la fiesta y los amigos son primero; muchos, pero muchos drogadictos —a diversas sustancias— se quedan arriba, piratones, retardados, torpes de mentalidad y de reflejos; muchos pierden el sano juicio, se vuelven locos, y una voz interna se apodera de ellos, han salido en las noticias policiacas de cómo asesinaron a su madre o hermanos despiadadamente a machetazos, obedeciendo una voz interna que les gritaba: “mátalos”

Se han suscitado crímenes denigrantes, ofensivos a la dignidad humana por el influjo de las drogas, ¿y qué hemos hecho como sociedad?, ¿qué es lo que ha hecho el gobierno? Hacerse pato y demostrar su complicidad en esta narcocultura que nos invade. Gobierno nefasto que se hace de la vista gorda y permite tanto picadero, tanto laboratorio clandestino; funcionarios corruptos e ineptos que permiten que la droga entre a las escuelas, esté en todos los barrios, en los bares y cantinas, que permite que en las cárceles se consuma todo tipo de sustancias, y hay un negocio redondo de prostitución y de adictas que dejan sus ganancias por sus servicios sexuales a cambio de cristal, heroína, clonas, alcohol o mariguana, mientras purgan una condena en un supuesto centro de readaptación social. ¿Por qué hay corrupción, drogas, prostitución en las cárceles?

 

Progresiva, contagiosa y mortal

El niño adicto se hace viejo y va en su caminar de un fondo a otro; deja la escuela, se convierte en “nini”  con la ilusión de que ahora el nuevo gobierno le dé una beca de tres mil quinientos pesos mensuales, suficientes para drogarse todo el tiempo con cristal, mariguana y cervezas, pero mientras son peras o son manzanas, le roba a su abuela los pocos ahorros; si se descuida le empeña la tele o la computadora; si ya le dejo sin nada, se mete a casa de los vecinos a robar los tanques de gas o lo que sea a fin de satisfacer su adicción. Así pasaran los años, estará viviendo una vida sin vida, drogado, anestesiado, fuera de sí mismo. Otros andarán de choferes y al terminar su turno comprarán suficiente cerveza para calmar sus ansias. Muchos más se drogarán en sus casas, en los parques o en los estacionamientos de las escuelas.

¿Qué sucederá en 5 años o diez?, aumentará el número diario de suicidios, el de las niñas madres y el de las madres solteras; crecerá la delincuencia, los robos al por mayor en tiendas de autoservicio, el robo hormiga en las empresas, la violencia doméstica, la delincuencia infantil. ¿Qué sucederá de continuar con este cáncer que nadie quiere atender, que nadie quiere hacer una cultura de prevención? Ahora es más fuerte la cultura de corrupción o la del narcoconsumo.

¿Qué sucederá con la población de adictos con niveles de locura sin sano juicio?, ¿qué sucederá con la vida de tantos seres humanos, víctimas de esta enfermedad, la saliva del diablo? “Quien esté libre de culpa, que arroje la primera piedra”.

 

Problema de salud muy complicado

Por años hemos venido arrastrando la enfermedad del alcoholismo que ha causado muertes, divorcios violentos, tragedias familiares, accidentes mortales, deserción escolar, inseguridad, narcotráfico y todos los males que nos aquejan ahora. Hay que agregarle el alto consumó de gran variedad de sustancias tóxicas altamente adictivas, perjudiciales a la salud, que drásticamente dañan al cerebro como la mariguana, el cristal, la cocaína y la heroína, drogas peligrosas como los fármacos o los inhalantes.

También el peyote y otros medicamentos controlados de fácil acceso y de gran uso, por demás consumido por niños y jóvenes, y no estábamos haciendo absolutamente nada. La gente muere, la familia se destruye y el joven se autoelimina. No hay cultura de prevención ni conciencia de ninguna instancia a pesar de los pesares. México está en pañales. El Consejo Nacional Contra las Adicciones (Conadic), ante la cruda realidad, es una verdadera burla, una vergüenza. Lo mismo sucede en los estados donde las oficinas del tema son verdaderos espacios burocráticos, que entorpecen a la sociedad civil que no tiene el más mínimo apoyo.

Más aun, la mayoría de los municipios no cuentan con una estructura para la prevención y la atención de las adicciones. Es impresionante el consumo de todo tipo de drogas, nada se hace ni se despierta conciencia, debido a que el gran problema y la gran solución está en casa, en los hogares disfuncionales. Hay demasiado alcohol, hay demasiados pésimos ejemplos y muchos padres empinan a sus hijos a este pantano; los empujan a que sufran el verdadero infierno.

Me ha tocado tratar con padres adictos, prendidos de la marihuana y el cristal, hundidos en la depresión, atrapados en su neurosis, explosivos, agresivos con sus parejas, y eso sí, muy preocupados porque sus hijos andan en malos pasos, con malas amistades y consumiendo sustancias tóxicas. Claro, se enojan conmigo cuando les digo sus verdades, cuando les hago ver su mediocre realidad, cuando les recomiendo que lo primero para rescatar a sus hijos es que ellos deben dejar de consumir, dejar ese churro de mota que se echan en las mañanas en el patio de su casa, dejar el tucanazo de cristal que inhalan a escondidas en el baño, dejar sus actitudes soberbias y entregarse en cuerpo y alma a su familia, dando un ejemplo de amor propio, de dignidad y de libertad.

Si quieres prevenir a tus hijos dales el mensaje de cambio antes de que te corran de tu trabajo por drogadicto, antes de que lo pierdas todo, antes de que tu hijo muera o tu hija se prostituya a cambio de drogas. Cuando hay un drogadicto en casa, y peor, cuando es el padre, propiamente es una maldición. Ver a un hijo flaco, amarillo, neurótico, aislado, decaído, fracasado, deprimido, irritable, sin duda es una de las coas más tristes que le puede suceder a una familia. Por desgracia hay una familia así cerca de ti y no hay solución en el gobierno, ni en nadie. La solución está en ti.

Como padre de familia es tu responsabilidad, primero, que tus hijos no sean tóxicos, y segundo, que no caigan en cuadros de ansiedad, que no llegue a sus manos la tentación de las sustancias tóxicas escalonarías e iniciadoras de las adicciones. Dale a tus hijos amor y ejemplo. Hagamos cultura de la prevención.

Ernesto Salayandía García

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