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En un país lejano

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En el año 1999, en un país ubicado a cuatro mil 288 kilómetros de México, la mayoría de sus habitantes celebraban el triunfo de su gobierno de izquierda, 18 años después, 4.5 por ciento de sus habitantes sólo come una vez al día, el 92 por ciento de los medicamentos que se requieren para atender las necesidades de la población no existen en las farmacias, y quienes reciben alimentos del Gobierno deben demostrar que votaron por el régimen autoritario actual.

Hace 18 años los venezolanos celebraron la victoria de Hugo Rafael Chávez Frías, hoy lamentan en silencio y muchos de ellos huyen con dificultad a Colombia en busca de alimentos.

La historia registra que el 2 de febrero de 1999, Hugo Rafael Chávez Frías tomó posición ante la constitución de 1961, como el presidente más joven de la historia de ese país, y juró así: “Juro delante de Dios, de la patria y de mi pueblo que sobre esta moribunda constitución haré cumplir e impulsaré la transformación democrática necesaria para que la República tenga una carta magna adecuada a los nuevos tiempos”.

Su discurso de toma de posesión fue emotivo, pero con el paso de los años el orden democrático fue sepultado, pues se reeligió durante tres períodos, y si la muerte no hubiese llegado estaría en el poder, sin darle a la oposición la oportunidad de la alternancia.

En sus primeros cuatro años de su gobierno decretó: “El Día de la Lealtad a Chávez”, y en los tres períodos de su mandato rompió relaciones con Colombia, Israel, Estados Unidos y otros países más. Limitó la libertad de expresión, expulsó a embajadores de diversos países, fincó su poderío económico en el petróleo y nunca previó la estrepitosa caída del precio del crudo, de donde obtenía el 92 por ciento de sus divisas.

La muerte llegó y Chávez no pudo consumar su cuarto mandato. Desde el 2013 lo sucedió Nicolás Maduro Moros, que continúa con la misma política. Periodistas internacionales han dado a conocer serios problemas en ese país, tales como escasez de alimentos, represión hacia la población que protesta, la persecución a políticos opositores al Gobierno, control excesivo de la materia prima para industriales, elecciones viciadas, cárcel a sus críticos del régimen y restricciones a la libertad de los medios de comunicación.

Nadie se imaginó se llegara a ese grado de miseria y autoritarismo que marca una amplia diferencia con el discurso de Chávez Frías y Maduro Moros, quienes prometieron en sus campañas que traerían soluciones a los problemas de la población venezolana, cambios radicales y mejor nivel de vida con una economía estable, pero resultó lo contrario.

Pero la cara económica de Venezuela está desfigurada. En el 2016 la inflación en ese país fue de 254.4 por ciento, en el 2018 de 700% y en este año se estima llegue a los 2,349 porcentual.

La desesperación ha crecido en esa nación que hasta militares chavistas han manifestado su oposición al régimen actual autoritario, pero han sido detenidos y juzgados.

El izquierdista de nacionalidad mexicana Gerardo Fernández Noroña, que apoya a López Obrador, ha dicho que Venezuela es un paraíso donde no hay crisis, tampoco hambre, ni desabasto. De esta aseveración tuvo conocimiento el diputado venezolano, Juan Requesens, quien llegó a México para confrontar al morenista en un debate.

Rogelio May Cocom

 

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