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Ultimo tren a Rusia

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Aprovechando que el 99% de los mexicanos yacen inconscientes y embrutecidos por las contundentes victorias del seleccionado nacional de fútbol, me uno a los festejos para que no digan que soy un aguafiestas. Repasemos rápidamente lo que ha sucedido en el Mundial de Rusia 2018 con nuestro equipo nacional. México hizo morder el polvo al tetracampeón, Alemania, con un triunfo histórico que ha quedado como la más grande victoria de los seleccionados tricolores en los mundiales de fútbol, con dominio pleno que hizo ver muy mal a los teutones.

México, con hambre de triunfo, pasó por encima de una poderosa Alemania, y las dudas que había sobre Osorio han quedado atrás… “Chícharo ve al Chuky y le da un pase, este se quiebra a Mezut Ozil y vence con un potente disparo a Neuer, y goooooooooooooool”.

Una semana después, los coreanos sucumbían también ante el juego bonito de los nuestros, y nuestro país se vestía nuevamente de gloria futbolística. Cada aficionado mexicano en ese momento se consideraba “la mamá de Tahua”, y no cesan de celebrar… pero esta vez les quiero recordar que mientras todos celebraban estas contundentes victorias, en territorio nacional no cesaba la violencia. Mataban a un comandante en Michoacán; en Sinaloa había treinta muertos; varios candidatos de diferentes partidos eran asesinados brutalmente en diferentes entidades del norte del país, y en Campeche la delincuencia no daba tregua, al igual que el fallido megradrenaje que sucumbía ante las fuertes lluvias y nuestro Centro Histórico se convertía en Venecia.

Mientras nos bañábamos con las mieles del triunfo de la selección, en nuestro querido y amado México seguía habiendo pobreza, subía la gasolina, la delincuencia aterraba a la población, los políticos seguían con sus mismas propuestas demagógicas “de que nos irá bien esta vez”, con sus trillados ejes de desarrollo, y todo México seguía eufórico por culpa de un balón…  México, mi querido México, seguía durmiendo en sus laureles mundialistas. ¡Qué horror!

Podemos ganarle a Brasil,  España, Portugal y a todas las potencias mundialistas de fútbol; es más, podemos traer el trofeo del Mundial Rusia 2018, pero siempre estaremos con el temor de ser asaltados o que nos den un tiro mientras vamos en la calle con nuestras familias, o que entren en nuestras casas mientras estamos durmiendo, y lo más triste, es que los delincuentes tienen más derechos a su favor, y en la mayoría de los casos salen en un abrir y cerrar de ojos de la cárcel, porque nuestras leyes siempre los protegen.

Aunque tengamos la Copa del Mundo de Fútbol nuestros pobres seguirán siendo pobres, y los ricos que se juntan para amenazar que se irían de México si no se les cumple sus caprichos en estas elecciones y no ganan sus patrocinados, esos ricos seguirán siendo más ricos si no frenamos ese tren de corrupción, que es la madre de todos los males en México. Nuestro país seguirá peor si permitimos que sigamos teniendo los mismos gobernadores virreyes, que se sirven con la cuchara grande, y después de su mandato se convierten en archimultimillonarios; si no me creen investiguen a cada exgobernador de cualquier Estado, del partido que sea… ya ni la burla perdonan.

Ahora bien, mis queridos lectores de este prestigioso periódico, ojalá no nos duela más la eliminación de México en su aventura mundialista, que la dolorosa derrota que nos darán en las urnas si no pensamos bien en: por quien vamos a votar este primero de julio. Debemos pensar cuál es la mejor opción: el que pueda sacar a México en este caos de pobreza, violencia y corrupción al que nos han sometido por mucho tiempo. Este primero de julio es nuestro último tren a Rusia, un tren llamado “última esperanza”; tenemos el boleto en la mano, sólo hay que abordar el tren correcto; esa locomotora que nos puede sacar del atolladero del que estamos. Piénsenlo bien mis finos y estimados lectores, y vamos a votar este primero de julio.

Miguel Chi Can

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