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Deslealtad política

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Las lecciones y aprendizajes que dejó la pasada jornada electoral siguen siendo severos, pues quedó demostrado que para poder triunfar, los partidos políticos debieron trabajar muy duro, en unidad, de forma abierta, incluyente, institucional e inteligentemente. Esto no aplicó para dos en particular, Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde sus cuadros y sus estructuras carecieron de liderazgo y dirección.

En el caso de Morena habrá quien diga que me equivoco, pues casi arrasaron con todas las posiciones a su cargo, pero recordemos que en las alcaldías quedaron cortos, no se llevaron más que la mitad de posiciones en el Congreso del Estado, y aunque ganaron la diputación federal y la senaduría, estos y los anteriores casos fueron parte del efecto Andrés Manuel López Obrador, tal como comenté en la columna pasada.

Para el PRI la cosa no fue tan positiva, al Revolucionario Institucional le espera una restructuración, un cambio, una limpieza y el reacomodo de sus fichas. Si pretenden recuperar el terreno perdido en esta elección y fijarse una nueva meta para los comicios del 2021, sus líderes tendrán que sopesar con urgencia la renovación de su dirigencia estatal, la creación de nuevos cuadros, de nuevos candidatos, y por supuesto tendrán que recurrir a la vieja guardia priísta para que, con su experiencia, ayuden al partido a retomar el rumbo. Son tres años que pasarán volando.

En tanto, Morena deberá hacer lo mismo con su dirigencia si no quiere pasar a la historia como el partido político que llegó como tsunami, provocó un ligero temblor, pero se degradó como huracán tras causar devastación. En Campeche este partido carece de dirigencia, de liderazgo y de inteligencia, lo que lo convierte en tierra fértil para una próxima derrota cuando el efecto AMLO deje de sentirse en la ciudadanía.

Desde su creación, Morena fue secuestrado por un pequeño grupo que no ha soltado, o más bien no ha querido dejar que nuevas generaciones y otros políticos se unan. El ejemplo más claro es Manuel Jesús Zavala Salazar, también conocido como “el hijo desobediente”, quien al parecer ya olvidó a quienes le dieron la oportunidad de darse a conocer, de escalar y de triunfar, y que hoy tras las elecciones ha sacado el cobre y demostrado que la deslealtad y el alboroto son sus mejores principios e ideales políticos, sin ponerse a meditar en la verdadera razón de su derrota.

Zavalita no ha podido aceptar su resultado negativo rumbo a la alcaldía, que lo deja como uno de los peores candidatos en la historia de Morena en la entidad —y en el país—, pues al parecer ni el efecto López Obrador y su tsunami lo ayudaron a colocarse siquiera en el segundo lugar de preferencias electorales, quedando en un ridículo y vergonzoso tercer lugar, además demostró que como líder estatal de su partido fue mejor merolico cuando llevaba su altavoz para pegar de gritos en el mercado.

Otro de los enojos de Manolito, se debe a que el día de la elección un grupo de vándalos —identificados y detenidos— agredieron físicamente a su hermana, Gladys Zavala Salazar, candidata de Morena a la diputación local por el IV Distrito, quien iba acompañada de su hijo. Al parecer los porros que “vigilaban” casillas y realizaban actos de mapacheo, encontraron panfletos de Zavala Salazar en su camioneta, por lo que la detuvieron, la bajaron para quitarle los volantes y de ahí la agredieron físicamente.

El caso fue turnado a las autoridades competentes y los agresores fueron detenidos. Sin embargo, Manuel Zavala pidió el apoyo de su partido para realizar un plantón en el Palacio de Gobierno, pues según él la culpa era del gobernador Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, a quien acusa hasta de las hojas que caen de los árboles durante el otoño.

Ante la negativa de su partido de hacerle comparsa, pues lo importante era cuidar la elección de quienes sí iban ganando, y por supuesto la de su candidato presidencial, Zavalita estalló en ira, indignación, rabia, impotencia y llanto, y al igual que el Dr. Jekyll sacó a de su interior a Mr. Hyde y se le fue encima a todo aquel morenista que no quiso apoyarlo. Esto demostró que en Morena no apoyan a su “exlíder”, pues nadie quiso acompañarlo al mega plantón al que convocó.

La derrota de Zavala Salazar sugiere que, de no ser porque Andrés Manuel tuvo mucho peso en la elección local, Morena no habría obtenido los resultados que hoy conocemos y que subió a ese instituto político al Congreso local. La malograda dirigencia del “hijo desobediente” también tuvo repercusiones en el municipio de Carmen, donde su candidato, el expriísta y protegido de la pasada administración estatal, Ramón Gabriel Ochoa Peña, al igual que Manolito Zavala quedó en tercer lugar, y vaya que ambos anunciaron el triunfo contundente de Ochoa.

Pero tras la jornada electoral Zavala Salazar fue más allá de demostrar ser mal candidato y patético dirigente estatal. En improvisadas conferencias de prensa y a través de sus redes sociales, el joven gruñón se ha dedicado a descalificar a uno de sus principales benefactores en Regeneración Nacional, Aníbal Ostoa Ortega, por demostrar tener mejores cimientos políticos, buscar ser enlace entre el próximo Gobierno Federal y el Estatal, así como ofrecer al gobernador Rafael Alejandro Moreno Cárdenas su respaldo desde la Cámara de Senadores.

A tal grado ha llegado el enojo de la dirigencia nacional por los berrinches del “exdirigente” local, que ni siquiera su protectora y mentora, Layda Elena Sansores San Román, aceptó interceder en favor de su hijo político. Trascendió que ante la llamada telefónica de algunos miembros distinguidos de Morena para solicitar a la alcaldesa electa de Álvaro Obregón que hable con Zavalita, para que le baje dos rayitas a su enojo, Sansores San Román pidió que hagan lo que quieran, que ella no meterá las manos por Zavala, pues tiene cosas más importantes qué atender.

La única persona que se atrevió a tenderle la mano, a llevarlo a platicar con el senador electo Aníbal Ostoa Ortega y tratar de calmar las ansias y el enojo desmedido de Zavalita, fue la maestra Nelly Margarita Duarte Quijano, quien a través de sus redes sociales mostró una foto de ella con los dos morenistas antes mencionados, sin que haya trascendido en qué quedó aquella plática de café, si tuvo resultados o nada más posaron para la foto del recuerdo.

Además, todo indica que en el fervor de Zavala Salazar por cuidar sus intereses personales, no se ha preocupado por reclamarle a su partido el apoyo o tal vez el amarre, negociación, coalición secreta o traición en su contra y a favor del candidato panista a la alcaldía de Campeche, Eliseo Fernández Montúfar, a quien se rumora que Ostoa Ortega le ayudó a ganar los votos morenistas para llegar a la Presidencia Municipal sin mayores problemas. ¿Acaso no pensará Zavalita que por alguna extraña razón a él no le funcionó el efecto AMLO? ¿Habrán tocado ese tema en la toma de café?

De ser así, Manuel Zavala tendrá que cuestionarle a su partido y sus supuestos compañeros de ideologías o mejor dicho doctrina partidista sobre la traición que cernieron sobre él, pero sobre todo tendrá qué reconocer en Fernández Montúfar a su verdadero enemigo, ese que le quitó los votos y la oportunidad de ser parte del efecto AMLO para ocupar el Ayuntamiento de Campeche.

Mientras, Ostoa Ortega y Carlos Martínez Aké han pedido mesura a Manuel Zavala Salazar, quien sigue enojado y pataleando como niño de cinco años, haciendo berrinches pero sin identificar el verdadero motivo de su derrota. Ahora es buen momento de exigirles cuentas. Ojalá de esa manera gestionen apoyos en el Congreso de la Unión en beneficio del Estado que tanto dicen amar.

Por otro lado, en tanto los verdaderos políticos tienden puentes, el malogrado exdirigente estatal de Morena sigue con la doctrina impuesta en ese partido, misma que el próximo presidente ya está cambiando, y lo mismo deberán hacer sus simpatizantes y seguidores, pues no queda de otra que trabajar en conjunto.

Aún falta ver qué sucederá con Zavalita, si le darán otra oportunidad tras sus actos de rebeldía, si le exigirán cuentas tras lo acontecido en la elección y las negociaciones en las cuales no estuvo incluido, si lo premiarán con alguna posición importante cuando entre el nuevo Gobierno Federal o si de plano le pedirán que meta sus tiliches a una caja y abandone el partido, sus aspiraciones y sus sueños. Ya tuvo su oportunidad y la dejó ir. ¿O más bien se la quitaron?

Jorge Gustavo Sansores Jarero

 

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