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Si hay amor, hay solución

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Esta es la crónica de una pésima relación de pareja. Nos encontramos en plena decadencia del matrimonio, concepto que pudiéramos considerar como el cimiento de la familia, y desafortunadamente el matrimonio tiende a desintegrarse. Hay más cultura del divorcio que de matrimonio. ¿Qué podemos esperar de la familia? Me casé a los 19 años la primera vez, sé lo que es un divorcio y todos los daños que genera. Sé de mis errores, de mis aciertos, desaciertos, daños mutuos y ahora tengo 25 años de casado. Cierto, con muchos intentos de divorcio, con algunas separaciones cortas, otras prolongadas, pero al menos sólo por hoy disfruto de una buena relación de pareja, y tengo qué ver las actitudes que dañaron mi matrimonio, mi vida de pareja.

Hablando de mí, de mi vida, no ha sido nada fácil. Hoy poseo un gran capital, una experiencia que puedo usar para no repetir errores, aunque hay que recordar lo que dice el dicho y dice bien: “El Hombre es el único animal que se tropieza con la misma piedra dos veces”. Y dice también otro: “En casa del jabonero, el que no cae resbala”. Quiero decir, que no es nada fácil llevar la fiesta en paz. Nunca digas de esta agua no he de beber. Poseo una enfermedad muy compleja, que no basta con dejar de consumir; se requieren verdaderos cambios en juicios y actitudes, echarle humildad y comprender que no lo sé todo; comprender que hay y que la recuperación es de hechos y de acciones.

 

No te ama quien te insulta y te denigra

No hay peor lucha que la que no se hace. Cuando ofrezco mi experiencia a través de mis talleres, encuentro gran apatía en la mayoría de los hombres; igual, cuando escribo o hablo en televisión o en la radio, o doy una plática sobre codependencia, relaciones destructivas, relaciones enfermizas o simplemente el porqué muere el amor, o mi platica que tiene mucho éxito: “El príncipe que se convirtió en sapo y la rana que perdió su equilibrio”, son las mujeres las más interesadas pero resulta que quieren el máximo resultado ante el más mínimo esfuerzo, y no es porque tengas la varita mágica y la solución inmediata.

Muchas de ellas creen que esto es instantáneo y lo único instantáneo es el café soluble, la sopa de vasito y todo lo que se mete al micro, bueno casi todo. Cada taller de “Parejas Disparejas”, “Matrimonios en Armonía” o de “Liberación Emocional”, me doy cuenta cómo anda el agua y, como dicen por ahí, hago una dinámica para medirle el agua a los camotes. Primero las motivo a que me escriban lo que más gordo les cae de su pareja, lo que aborrecen, lo que odian, lo que les rechoca, y ya te habrás de imaginar, hay quienes necesitan como mil 570 hojas escritas por los dos lados. Claro, muchas lloran y lloran y hacen catarsis.

Luego de un tiempo razonable, tres horas después… No es cierto, más o menos media hora, hago el complemento: “escribe por favor —les digo— las cualidades, lo que admiras de tu marido, lo que te gusta de su manera de ser, de pensar, de actuar”. Requiero honestidad, honestidad al máximo y ahí te puedes dar cuenta si la pareja puede tener solución o no, todo depende de lo que escribas con la verdad, con el corazón en la mano. La apatía, los resentimientos, las culpas, las deshonestidades, la inmadurez, por supuesto que las conductas y sustancias tóxicas, son elementos, entre otros, para que un matrimonio recupere su estabilidad. Es trabajo de dos, entrega total, de lo contrario el barco se hunde.

 

Lo más importante, la comunicación

A pesar de que me las doy de muy “cuco”, de que tengo más de cuatro décadas en los medios de comunicación, de que doy conferencias, soy escritor y todo ese rollo, debo reconocer que mi talón de Aquiles es la comunicación con mi pareja, y es algo que he estado trabajando con honestidad debido a que tengo muchos defectos de carácter que no aceptaba. Me costó mucho trabajo reconocer y no quería cambiar, por ejemplo, que soy infantiloide, inmaduro, soy el bebé eterno, el de los berrinches, el que no sabe pedir las cosas sino es con enojos o reclamos, no sé escuchar, no tengo ese gesto de humildad, soy ególatra, primero yo, siempre yo y después de todo, otra vez yo.

Quiero que todo gire al modo que yo quiero, al tono que toco es al que quiero que todo el mundo baile, por supuesto soy autoritario, tajante y no acepto mis errores ni reconozco que me equivoqué, soy ese típico macho mexicano, tipo raro, aislado, seco, inexpresivo, incomunicado, agresivo, violento, merecedor, que no valoro y todo lo quiero al instante, en el momento que yo digo y hace muchos años que comencé a trabajar mis defectos de comunicaciones, mis defectos de carácter, mis patrones de conducta equivocados y mis actitudes nefastas. Me enojaba y lo que hacía me orillaba al silencio, me aislaba, me refugiaba en mi computadora y mi falso orgullo no me permitía ofrecer disculpas, ni pedir perdón.

 

Como perros y gatos

El alcohol, las drogas, los egos, son el peor enemigo de un matrimonio. Soy el huracán rugiente, lleno de soberbia, celos; soy el de los gritos, las humillaciones y las devaluaciones. Se me olvidaron las fechas importantes para ella; días que tenían un especial significado como su cumpleaños, nuestros aniversarios; se me olvidaron los detalles, antes le llevaba flores a cada rato, viajaba en avión y le escribía en una servilleta, en el portavasos, en el mantelito individual, en una revista o un periódico; le hablaba por teléfono y durábamos una eternidad.

A pesar de la larga distancia la enamoraba todo el tiempo con frases bonitas al oído, con sorpresas, pero después las sorpresas que le daba con mis actitudes de celos, hostigándola; las sorpresas que le daba con mis agresiones e insultos, cuando lleno de rabia le aventaba lámparas, ceniceros y lo que estuviera a mi alcance, hizo la diferencia. Esa era que si yo le arrojaba un cenicerazo, ella me aventaba diez. Era y es una relación neurótica. Por ahora se tiñe de prudencia, paciencia, respeto y amor. Ganas, mucha ganas, diría yo.

 

Nunca es tarde para rectificar

Ahora le echo ganas a mi matrimonio, tengo grandes ilusiones, muchos planes de pareja, de nuestra casa, con los hijos, quiero hacer muchas cosas. Si Dios me lo permite, quiero vivir los últimos años que me quedan en armonía, en sobriedad, quiero estar conquistando a mi mujer, deseo dar lo mejor de mí, quiero seguir disfrutando como gozo estos momentos cuando la hago reír, cuando la abrazo y le digo lo mucho que la amo; quiero que siga así, siempre así, pero sé que tengo que seguir cambiando, sé que debo madurar, de trabajar mi neurosis, aumentar mi tolerancia, dedicarle más tiempo a mi familia; sé que de mí dependen y de nadie más, que no debo alejarme de lo que hago, de estar en los grupos, de visitar los anexos, de recorrer las colonias, las escuelas; sé que todo lo que hago al día, finalmente tiene su recompensa y el resultado se llama armonía, amor y libertad. Si yo he podido, cualquiera que quiera ahí no se queda.

Tengo mucho que agradecerle a mi esposa y creo que la mejor paga es mi amor sincero, buscar que el sapo en que me convertí se transforme en el príncipe real y la vuelva a conquistar con hechos; si hay amor, hay solución. Mis propias carpetas emocionales, y en suma con las de ella, a veces hacen que la relación se complique más de la cuenta. Nos hacemos daño con los gritos, las ofensas, humillaciones y la indiferencia; sabemos dónde pegar, nos conocemos tan bien que tocamos el botón apropiado para que el otro explote y desborde en ira. De eso se trata, de irritarnos hasta el cansancio y afianzar esta relación enferma.

Por fortuna, tarde que temprano las aguas se calman y vuelven a su cauce, pero hay veces que ella quiere ahorcarme y de igual manera me quedo con las ganas. Entramos en el todo o el nada, ambos traemos esas cadenas y hemos hecho las propias. Ahora lo sabemos y esa es una gran ventaja. Quien tiene la información, tiene el poder de decisión. Cuando trasmites tu propia experiencia, la persona a quienes estas ayudando te dicen: “Eso ya lo hice, de hecho tengo mis propias técnicas de relajamiento”. Otros: “Me da hueva escribir, se me hace muy aburrido hablar de lo mismo”. Yo sé que te mienten y que te manipulan, los receto, de ahí vengo, y lo que ahora tengo es el resultado de humildad, entrega y honestidad conmigo mismo.

Ernesto Salayandía García

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