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Vacaciones al fin

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En esta época de restricciones y carencias es muy halagador que los nietos ocupen su tiempo de vacaciones de la escuela para hacer algún trabajo y con ello obtener un dinerito extra para tantas cosas que quisieran comprar.

Hace muchos años con un restaurante en Champotón, la familia compuesta por cinco hijos pequeños, corríamos para lograr atender a tanta gente, había mucho movimiento en los trabajos del campo, la siembra del arroz estaba en su apogeo, los valles de Edzná y Yohaltún verdeaban en campos interminables donde la cosecha era abundante, los trabajadores de la maquinaria agrícola, los pilotos de la fumigación aérea, los encargados de todo ese movimiento que generaba tanto empleo, llegaban a nuestro restaurante y en sus momentos de descanso se deleitaban con el pan de cazón, pámpano en verde o la sustanciosa sopa de mariscos, hubo oportunidad de promocionar nuestra gastronomía, la comida regional siempre ha sido y será del agrado de todos los que nos visitan.

En este ambiente crecieron nuestros hijos. En las vacaciones, sabían que había que redoblar esfuerzos, de eso dependía nuestra estabilidad económica. Muchos turistas atraídos por el sabor, se hicieron clientes que recomendaban el restaurante. Después de las vacaciones cuando todo volvía a su nivel, pedía permiso en las escuelas y salíamos una semana a recorrer México, un Estado cada vez, cada niño llevaba en su bolsita el dinerito ganado en esos días de trabajo sin descanso.

Ahora, siguiendo el mismo método, llegan los nietos a la vieja casona de los abuelos que los consienten con sus antojos a la hora de la comida, piden venir a trabajar, siempre hay algo que hacer, ya no está el restaurante, ahora es un hotel donde hay cosas que pintar, que limpiar, que acomodar y una tía dispuesta a enseñar cómo se hacen las cosas.

Por las noches, mientras saborean los ricos panuchitos, el pan o los tamales, nos cuentan sus inquietudes, sus planes, sus temores y la convivencia tan necesaria se da como se dan los consejos y se crean los recuerdos.

¡Vacaciones al fin!

Aracelly Castillo Negrín

 

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