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Tu pareja tóxica

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¿Qué es la codependencia? En los últimos casi 20 años he escrito sobre estos temas. Escribí libros como: Secuestrada por un neurótico, Parejas disparejas, Celotipia infernal, Obsesión que mata, más el resto donde salen a relucir artículos como: El príncipe que se convirtió en sapo, La esposa de un alcohólico y otros más, y conforme pasan los años y esta enfermedad, la codependencia se arraiga más y más en la sociedad, veo pues, que hablar de mí, describir mis sentimientos, mis emociones, mi enfermedad emocional en sí, no es ahora exclusividad.

 

Mal de muchos…

El codependiente suele olvidarse de sí mismo para centrarse en los problemas del otro, en su pareja, un familiar, un amigo, por supuesto su esposa o su madre. Es por eso muy común que se relacione con gente “problemática”, justamente para poder rescatarla y crear de este modo un lazo que los una. Así es como el codependiente, al preocuparse por el otro olvida sus propias necesidades, y cuando la otra persona no responde como el codependiente espera, este se frustra, se deprime e intenta controlarlo aún más. Con su constante ayuda, el codependiente busca generar —en el otro— la necesidad de su presencia, y al sentirse necesitado cree que de este modo nunca lo van a abandonar. Te haces adicta al adicto.

 

Obsesión y sobrada pasión

La última vez, Karlita fue tremendamente golpeada por su pareja, José Juan, con quien tiene 10 años de relación tormentosa, súper tóxica. Ella neurótica, explosiva, ofendida, llegó a la casa de él para reclamarle el porqué se había ausentado todo el día, sin contestar las llamadas al celular insistentes llamadas que Karla le hizo cada tres minutos—.  Él, déspota le dijo que ella no era nadie para controlar su vida y sus tiempos, y que andaba saliendo con una niña de 18 años. Claro, José Juan destiló veneno y  la insulto: “Ella no está aguada como tú. Tiene todas sus partes duras y donde deben de estar. Se arregla, es simpática y me gusta andar con ella. Ya no quiero nada de ti”.

Karlita, quien entregó su vida, su tiempo, su cuerpo, su dinero a José Juan y que vio como esos 10 años habían sido en vano, comenzó a romper objetos, lámparas, ceniceros, vasos y a responder a los insultos de su pareja enferma, y esta se prendió. De entrada, él le rompió dos costillas, trató de ahorcarla; en el suelo le dio de patadas como si fuera un perro; la tomó de las greñas y la echó de su casa. “¡Lárgate! ¡No quiero volver a verte nunca! ¡Púdrete!”.

 

No hay peor ciego…

Karla se vino abajo, sus días se tornaron en blanco y negro, su sufrimiento fue muy profundo, agudo y entró a un abismo negro, triste, frustrado y lleno de culpa. Golpeada, herida, ofendida, maltratada, se siente culpable. “Es que lo hostigo. Sé que lo vuelvo loco. Yo empecé a agredirlo porque no soporto la idea de que ande con otra”. Y con lágrimas en los ojos me mira con especial inocencia y me pregunta: “¿Crees que regrese conmigo? Ufff… Me quedo callado, reflexiono… “¿Y para qué quieres que regrese contigo? ¿Para otra golpiza? ¿Para otro engaño? ¿Para qué te hundas en la depresión y tu autoestima brille por su ausencia? ¿Para eso quieres?”.

Karla parece no escuchar, está obsesionada, no quiere ver lo enfermo de esta relación que por desgracia ha sido así en 10 años de engaños, de agresiones, insultos, humillaciones, mentiras, hipocresías y todas las características de la codependencia. Tal parece que a muchas mujeres y hombres les gusta la mala vida, les fascina que los traten con la punta del pie.

 

Un clavo no saca a otro clavo

Antes de que el matrimonio truene como espárrago, en algunos casos él o ella, incluso ambos, comienzan a echarse sus canitas al aire; se dan la oportunidad de rehacer su vida —léase entre comillas— y le dan vuelo al hilacha saliendo con una y con otra, o andan románticos con una nueva en puerta. “¿Quieres conocer a Andrés, vive con él un mes?”.

Y este también es un garrafal error. La amante —o el amante— quiere derechos, quiere manipular, exige tiempo, dinero y otras cosas, por ello el matrimonio en crisis se complica más y se comete el error  pensando que una nueva pareja va a calmar la tormenta emocional en que se vive. Grave error, porque igual la nueva pareja está enferma, más o peor que la formal, por así llamarlo; luego, muchos las escogen con hijos, gordas, viejas y se entregan en cuerpo y alma, pero al pasar el tiempo truenan como espárragos. No funcionó, se quedan sin Juan y sin la gallina. Vaya, no es fácil la vida de pareja y el mal emocional no está en ellas, está en mí y no me he querido dar cuenta.

 

El matrimonio no es para toda la vida

Muchos casos agudos están atorados en los juzgados, otros son un verdadero infierno para ambos, porque después de haber concluido con el matrimonio ahora peleas más y usas como carne de cañón a tus hijos; la pensión alimenticia, los tiempos de convivencia ordenados por el juez y otras disposiciones son el atorón para llevar la fiesta en paz, y entre divorciados te veas, ambos destilan veneno, ambos se desprestigian y se echan la culpa el uno al otro, pero pocos son los que asumen su responsabilidad y se quedan callados.

Muchos más se divorcian de los mismos hijos, de los suegros, cuñados y amistades; todo lo que tenga que ver con ella —o él— huele mal. Al final de cuentas, siendo honesto con uno mismo, hay que reconocer nuestros errores, reflexionar sobre los patrones de conducta, los defectos de carácter, y hacer un honesto inventario de nuestra relación de pareja para ver con humildad los errores, reconocer el fracaso por nuestra culpa y no por culpa de otros. Tal vez vivir una segunda oportunidad, no habrá de repetirse la misma.

 

Caras, emociones y mañas no sabemos

De mal en peor… hay tantas causales de divorcio que pocas personas reconocen sus propios errores, por ejemplo, el abandono de sí mismos. Algunas mujeres se convierten en fodongas tanto en su arreglo personal como en el orden o higiene de su casa, pierden la sensualidad, estilan vestirse de noche con el mata pasiones, el mameluco o esas viejas piyamas de franela. Causal de divorcio, las mentiras, el engaño, el no aceptar errores, el ser apático, escéptico, con pésima comunicación; demostrar el más mínimo interés a la familia, es decir, mostrarse híper ocupado mañana tarde y noche, y no dedicar el tiempo suficiente a la familia, no dar calidad de tiempo por culpa del trabajo o del dinero.

Causal de divorcio es faltarse al respeto, insultarse peor que las verduleras, decirle poco hombre, cucaracha, hijo de Winnie Puh, y también darle vueltas al asunto; no tomar el toro por los cuernos, darle vueltas y vueltas hasta que la hilacha se revienta por lo más delgado; en fin, se cometen tantos errores que en lugar de salir del hoyo se hunden más y más. La verdad de las cosas es que te despedazas, te desintegras como ser humano, y confirmas que el hombre es el único animal que tropieza con la misma piedra dos veces, es decir, el y ella repiten las mismas equivocaciones a cada momento.

 

Lo que te choca te checa

Relaciones enfermizas, por demás destructivas, codependencia pura, triste realidad de infinidad de  noviazgos, de matrimonios frágiles, débiles de llevar una convivencia madura, en santa paz. La decadencia de la sociedad proviene de la decadencia emocional en las parejas, de ahí surgen los hogares disfuncionales, de ahí se multiplican los problemas que palpamos, y es debido a las mujeres y hombres que aman demasiado lo que causa un mar de sufrimiento y de depresión. Andan por ahí caminando como si fueran la tristeza arrolladora, como si el mundo se fuera a acabar, y estas mujeres y hombres se vienen para abajo cuando no son correspondidos, cuando la indiferencia es la paga, cuando el desencanto se viene abajo debido a la infidelidad y al desprecio. Todo se complica cuando hay cocaína, alcohol… Más, cuando vives con un borracho seco.

 

Durmiendo con el enemigo

Todo lo que empezó color de rosa, un amorío lleno de detalles, caricias, susurros al corazón, atenciones, consideraciones, respeto, buena comunicación, tolerancia, prudencia, todo ello se viene abajo debido a que fue un noviazgo hipócrita, falso, más falso que una moneda de 20 entre gitanos. Una relación de pareja que tiene como finalidad formar un hogar, debe establecerse bajo los principios de la tolerancia, el respeto a la individualidad, la igualdad de oportunidades y la comunicación efectiva.

Muchas señales pueden indicar si la persona con la que se comparte un noviazgo será la misma después del matrimonio, y sin duda existen muchas pero desafortunadamente se pasan de largo o minimizan con el pretexto de que el “amor es ciego”, de que todos somos capaces de cambiar a la otra persona y que todo lo puede lograr el “amor”.

Sin embargo, hay muchas señales que nos pueden indicar que la pareja, la persona amada es violenta, neurótica o maniaco deprimida, incluso con tendencia alcohólica o propensa a depender de sustancias tóxicas, y que lo ideal sería no seguir adelante con esa relación aunque duela mucho. Pero una vez que entras al pantano de arenas movedizas, entre más avanzas más te hundes y no sales; pueden pasar 30, 40 o 50 años y ahí seguirás.

Ernesto Salayandía García

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