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El Delito de Abogados, Defensores o Litigantes

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Todo mundo odia a los abogados, hasta que “el amor de su vida” le quiere quitar todos sus bienes. Muchas veces este odio está justificado, pues no hay efecto sin causa; la estigmatización social de la profesión del abogado debe tener razón alguna que la explique.

La imagen que desafortunadamente se proyecta como abogados, es el de un charlatán cuyo objetivo es convencer a un grupo de incautos (clientes), a cualquier precio, ya sea con argumentos contradictorios, puestas en escena, diatribas innecesarias y tráfico de influencias.

Es, sin duda, la proyección equivocada que muchos aceptan como válida. No voy a negar la imagen glamorosa que ofrecen las películas o las series, con los abogados que trabajan en importantes bufetes, quienes llaman cuentas a los casos importantes, y tienen secretarias dignas de portadas de revista, pero tristemente la realidad es muy opuesta.

El abogado difícilmente llega a tener el poder de utilizar sus influencias a alto nivel, tampoco se litiga ante un jurado, y si se hiciera sólo los penalistas tendrían esa oportunidad. La realidad es otra, es un trabajo exhaustivo de constante capacitación y actualización, para poder llevar a cabo los casos y salir adelante. De no ser así, algunos tienen que trabajar para otro abogado con más experiencia por poco dinero, poca oralidad en los procesos ajenos al ámbito penal, y muchas, pero muchas horas gastadas en las distintas dependencias judiciales. Si la gente tuviera mayor conocimiento de lo que debe hacer o de lo que le toca vivir al abogado, de seguro sería menos odiado.

Desafortunadamente, por unos pagamos todos. Pero como mencionaba al principio, en muchas ocasiones este “odio” está justificado. Innumerables asuntos hemos escuchado: que el abogado cobró y no hizo nada; que el abogado pidió anticipo y no presentó la demanda; que abandonó el asunto sin motivo justificado; que pidió cantidades de dinero exorbitantes para las “copias”; que ayudó o se vendió con la contraparte, etc.

El Código Penal del Estado contempla un delito llamado Delito de Abogados, Defensores o Litigantes, señalando las penalidades que van desde tres meses a tres años de prisión, o multa de doscientos a quinientos días de salario, por lo que como profesionistas tenemos la obligación legal de corresponder a los clientes que solicitan nuestros servicios, por los honorarios que nos están retribuyendo.

Las hipótesis son varias, desde alegar hechos notoriamente falsos o leyes inexistentes, hasta no ofrecer pruebas fundamentales para la defensa dentro de los plazos previstos por la ley, cuando tenga la posibilidad de ofrecerlas y desahogarlas.

De igual forma abarca cuando te fundas en documentos falsos o sin valor, en testigos falsos, que ejercite acciones u oponga excepciones en contra de otro, simule actos jurídicos o escritos judiciales, o altere elementos de pruebas y los presente en juicio. Que patrocine o ayude a diversos contendientes con intereses opuestos (ser juez y parte), abandone el mandato. Patrocinio o defensa de un negocio judicial, administrativo o de trabajo, sin motivo justificado.

Además, al comprobarse que se cometió el delito se le impondrá suspensión para desempeñar el empleo o su profesión, hasta por igual término al de la sanción de prisión.

El abogado ha de tener presente que es un servidor del derecho y coadyuvante de la justicia; que debe mantener el honor y la dignidad profesional; que debe obrar con probidad, honradez y buena fe para defender los intereses de sus clientes, como lo son su libertad, su patrimonio o cualquier otra afectación a sus derechos, actuando siempre bajo la ética profesional que nos regula.

Daniel Alejandro Renedo Gamboa

 

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