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“¡Es la conectividad, estúpido!”

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En 1992 quedó acuñada una frase surgida durante el periodo de la elección presidencial en los Estados Unidos, y que desde entonces suele ser usada comúnmente para explicar cualquier asunto a tratar de forma clara y contundente. El escenario no pintaba nada bien para los demócratas en dicha contienda, pero de pronto y de forma circunstancial, surgió desde la casa de campaña del candidato Bill Clinton, una frase que logró conectar con el electorado, y que a la postre resultó ser clave en la victoria ante un prácticamente imbatible George Bush padre: “¡Es la economía, estúpido!”

Esta referencia histórica viene al caso, en estos momentos en que se discute absurdamente en nuestro país la continuidad de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Y es que resulta inconcebible que tengamos este debate, porque partimos del hecho que todos sabemos que el actual aeropuerto —con todo y la nueva Terminal 2 construida en el 2007— se encuentra completamente saturado, debido a la alta demanda de pasajeros y al transporte de carga.

Un país que no cuenta hoy en día con la interconexión adecuada con el resto del mundo, es un país en desventaja y por lo tanto, un país menos competitivo. La conectividad es clave dentro de una economía globalizada, y en México llevamos 12 años perdidos en este sentido, si consideramos que fue a inicios de la administración del expresidente Vicente Fox cuando se hizo el primer intento por construir un nuevo aeropuerto.

Dos sexenios después, el desenlace de la historia es por todos conocido. Fue en el 2014 hasta que por fin que un Gobierno logra emprender este megaproyecto —del cual ya se hablaba de su necesidad desde la década de los noventas—, y ahora resulta que su viabilidad está en las manos del “pueblo sabio”.

Someter a consulta popular la continuidad de la obra de infraestructura más importante de los últimos 30 años en nuestro país es, por decir lo menos, una vergüenza. Nos exhibe de pies a cabeza como una “república bananera” ante los ojos del mundo. ¡De pena ajena!

Señor Andrés Manuel López Obrador, qué mejor consulta que la del pasado 1 de julio, en la que más de 30 millones de mexicanos votaron por usted para que sea nuestro próximo presidente. Qué mejor consulta que la pasada elección, donde el 53% del electorado decidió que usted tome las decisiones que mejor le convengan al interés nacional. Por lo consiguiente, usted ya no necesita de nuestra aprobación para tomar una decisión que nos proyectará como verdadera potencia mundial.

Imagínese qué sería de nuestro país, que a pesar de contar con un aeropuerto saturado logramos pasar de la posición quince al sexto lugar en el ranking mundial de los países más visitados, en tan sólo los últimos seis años.

Imagínese qué sería de nuestro país, si a pesar de tener un aeropuerto como el actual, el turismo se ha convertido en el sector que más divisas nos genera después del automotriz y las remesas internacionales, representando casi el 9% del Producto Interno Bruto (PIB).

Imagínese qué sería de nuestro país, que con todo y el aeropuerto que tenemos, México es hoy una potencia agroalimentaria pasando del treceavo al décimo lugar en el ranking de países exportadores de alimentos. Y así podemos seguir citando otros ejemplos puntuales en varias industrias donde la conectividad juega un papel decisivo.

Ahora, visualice el potencial de nuestro país con un aeropuerto que será uno de los tres más modernos a nivel mundial.

Estimado presidente electo, lleva usted más de 12 años preparándose para este momento; demuéstrenos que está a la altura del reto. Usted mejor que nadie sabe muy bien que en política se hace campaña en poesía, pero se gobierna en prosa. Se acabó la hora de decirle a la gente lo que quiere escuchar, y ha llegado el tiempo de asumir las responsabilidades propias de un Jefe de Estado.

No desperdiciemos estos tres meses que faltan de aquí al 1 de diciembre para tomar la decisión correcta; ya hemos desperdiciado muchos años. Denos la certeza lo antes posible, que la construcción del nuevo aeropuerto —con los ajustes necesarios que deban hacerse al proyecto— seguirá adelante, y una vez concluido será la cara del México moderno ante el mundo.

Recuerde que, parafraseando a Clinton, ¡es la conectividad,…!

 

@ErnestoCR_

Ernesto Castillo Rosado

 

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