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Morena y sus conflictos

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Independientemente de sus afanes protagónicos, complejos personales y falta de inteligencia política para amoldarse a los nuevos tiempos que se viven en el país y en el Estado, parece que Manuel Jesús Zavala Salazar, el aún dirigente estatal del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), pretende a toda costa quedarse con el control de esta organización.

Es un hecho que su salida de la dirigencia estatal es inminente y tiene un plazo fatal que vence el 1 de diciembre próximo, cuando Andrés Manuel López Obrador asuma la Presidencia de la República y arranque eso que le han dado en llamar “La Cuarta Transformación del país”.

Una vez que eso ocurra (que AMLO tome el poder) y se inicie el proceso de descentralización de las diversas dependencias del Gobierno Federal, se supone que Manuel Zavala será designado subdelegado regional en el primer distrito con cabecera en la ciudad de San Francisco de Campeche. Y eso lo obligaría a renunciar a la presidencia estatal de Morena y a su cargo como regidor plurinominal en el Ayuntamiento de Campeche.

No se puede ser subdelegado regional —o como sea que vaya a llamarse el cargo en cuestión— y al mismo tiempo ser regidor o líder partidista. De manera que si quería seguir desempeñando ambas funciones —y con ello tener mayores percepciones pecuniarias— Manuel Jesús debe imitar a la “tía” Tatiana Clouthier y renunciar a su nombramiento para irse a desempeñar el cargo de elección popular que obtuvo por los votos de la gente.

Aún no se sabe por cuál de las opciones se decidirá Manuel Zavala, pero los mensajes públicos que ha mandado, llenos de belicosidad y de afanes revanchistas, parecen anticipar que preferirá quedarse a lidiar como dirigente partidista para no tener que reunirse a dialogar en algún momento, con representantes de eso que él cataloga como “la mafia del poder”.

Sólo en este contexto se entiende que Manuel Zavala haya abierto un nuevo frente de batalla, ahora con los legisladores locales electos de su propio partido, a quienes reprochó públicamente por haber asistido a los cursos de capacitación que ofreció la Oficialía Mayor del Congreso del Estado, lo que a su parecer demostraba su “entreguismo” y de haber “pactado en lo oscurito” con el Gobierno del Estado.

Como se sabe, unas semanas antes, Manuel Zavala acusó de lo mismo al senador electo Aníbal Ostoa Ortega, sólo porque ofreció trabajar de manera coordinada con el gobernador Rafael Alejandro Moreno Cárdenas.

Unos días después, el destinatario de sus acusaciones de ”vendido” y de “entregado al Gobierno” fue el diputado federal Carlos Martínez Aké, quien ofreció en entrevistas a los medios, que también apoyaría las gestiones del gobernante campechano.

Que los legisladores electos por Morena (los senadores Aníbal Ostoa y Cecilia Sánchez) y los diputados federales Carlos Martínez e Irasema Buenfil, hayan acudido a una reunión con el gobernador Moreno Cárdenas y el resto de los futuros legisladores federales campechanos (del PRI, del Verde y del PAN) desencadenó una nueva andanada en contra de los legisladores morenistas y otra demostración de la incapacidad de Zavala para la sana convivencia política.

La más reciente, decíamos líneas arriba, se originó porque los  futuros diputados ’morenos’ aceptaron participar en los cursos de capacitación que personalmente les impartió el secretario general del Congreso del Estado, Alberto Ramón González Flores.

¿Qué puede tener de malo, perverso o corrupto que los morenistas se hayan preocupado por conocer mejor las funciones que van a desempeñar, y las leyes y reglamentos que rigen el actuar de los diputados locales?

A simple vista no se observa nada malo, aunque Zavala y los más radicales e intransigentes seguidores de Morena en Campeche persistan en su idea de que dialogar o negociar con otros actores políticos es traicionar los ideales de ese partido o bien podría mancillarles su inmaculada pureza.

Eso es poco más que ridículo. Debe entender Zavala Salazar que los representantes federales de Morena, sean diputados o senadores, tienen que cumplir a los campechanos, no al partido que los postuló. Y es en lo que se refiere a trabajos de gestión, para lograr mayores recursos para el Estado. Si su diminuto cerebro no le alcanza para entenderlo, entonces su partido tiene un problema enorme.

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