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Ya era hora…

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Recuerdo hace poco más de tres años al candidato a la gubernatura de nuestro Estado, Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, quien en uno de sus actos de campaña utilizó una frase que no se convirtió en slogan político ni marca gubernamental, pero que sin duda hizo mucho ruido —y sigue haciendo— por su contundencia y porque, como dijo el ahora gobernador, “¡llegó la hora de Campeche!”.

Y no sólo llegó la hora de poner en alto a nuestra entidad, como poco a poco y paso a paso se está haciendo — pese a las críticas de los que todo ven mal pero tampoco aportan ideas—, sino que el desarrollo se prevé para toda la región sur-sureste del país, que por fin tendrá las condiciones idóneas para progresar como jamás había sucedido, o al menos eso ofrece el próximo Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Por “default” y porque muchos gobiernos, empresarios y hasta los propios ciudadanos así lo habíamos permitido, México siempre se ha dividido en tres enormes regiones, que, aunque pertenecen al mismo territorio, parece que tuvieran fronteras internas. Nuestra nación está segmentada en norte, centro y sur, así, sin más. En el norte del país se encuentra la mayor riqueza industrial, la ganadería, la agricultura, la minería y la siderúrgica, en estados cuya riqueza es incomparable con el resto del país.

Hablar de Nuevo León, Jalisco, Coahuila, Chihuahua, San Luis Potosí, Sonora y Sinaloa, por ejemplo, es prácticamente referirnos a entidades de mucho peso económico y gran impacto para el desarrollo del país.

A ellos hay que agregar a los estados de Baja California (norte y sur), uno con gran potencial turístico y otro con alta actividad comercial por su frontera con Estados Unidos; y también en el norte, muy pegada al sur está la región del Bajío, donde estados como Zacatecas, Durango, Colima y Nayarit producen cítricos, tienen granjas para la cría y venta de tilapias, y los que poseen litoral lideran temas pesqueros de altura en esa región.

El centro de México alberga la actividad política en la Ciudad de México, así como las de manufactura y comercial en estados como México, Guanajuato, Puebla, Hidalgo y Morelos, donde se asientan la mayor cantidad de maquiladoras, ensambladoras y centros de abastecimiento para todo el país, lo que deja sin mucha oportunidad de hacer negocios a otras entidades.

Los casos de Michoacán, Guerrero y Oaxaca son dignos de estudio, pues si bien es cierto que el primero fue gran productor de muebles de madera, y el segundo turístico y aventurero, hoy la realidad es que de eso ya casi nada queda. Tantito peor es lo que sucede en Oaxaca, donde ha decrecido todo tipo de actividades, gracias a los constantes problemas magisteriales —históricos— por los que atraviesa. Ahora bien, vayamos al resto del país, ese que para el norte y centro casi estaba en el olvido, pero que sabemos es la región que más ha aportado a México históricamente, tan sólo si hablamos del petróleo.

La región sur-sureste siempre fue como el patito feo, en especial Campeche. Fue hasta la administración saliente del presidente Enrique Peña Nieto que nuestro Estado recibió más recursos que durante las dos administraciones anteriores, como ha afirmado en repetidas ocasiones el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, y cuyo discurso ha sido confirmado por otros gobernadores, legisladores y secretarios de Estado.

Campeche fue —hasta hace 6 años— el sostén económico de México gracias a su producción petrolera, de la cual sólo nos tocaron migajas que para colmo fueron desaprovechadas por anteriores gobiernos estatales. No hubo mandatario estatal que se atreviera a contravenir los intereses de algún expresidente, y mucho menos de exigir la llamada “justicia petrolera” para la entidad, pues antes de eso pensaban en su carrera política.

Yucatán con sus muchos productos, manufactura y adelantos tecnológicos en la Península; Quintana Roo con su gran fortaleza turística; Tabasco con su ganadería reconocida a nivel mundial; Chiapas con su industria cafetalera y hasta Veracruz y Tamaulipas con sus enormes puertos, jamás dieron tanto a nuestro país como lo hizo Campeche durante más de 40 años de esplendor petrolero.

Sin embargo, y pese al llamado de atención a las administraciones anteriores y a las advertencias de Petróleos Mexicanos (Pemex) de que los hidrocarburos iban a la baja, la explotación siguió, y ahora con la caída de los precios internacionales del preciado “oro negro”, de poco ha servido lo que se extrae y menos dinero envía la Federación a nuestra entidad.

Pero como nada es imposible, todo tiene solución, y lo único que faltaba era un gobernador con ganas de trabajar, gestionar, ser cercano al Gobierno Federal  sin importar colores—, y sabe que para ello hay tiempos y que la política tiene que hacerse como se debe, apenas hace una semana a los campechanos y a la región sur-sureste nos dieron la gran noticia de que vienen grandes proyectos.

El presidente electo Andrés Manuel López Obrador dialogó, o más bien charló con el gobernador Moreno Cárdenas, y con ello se abrieron caminos, diría yo autopistas, para el desarrollo de nuestra entidad. Hoy se vislumbra un panorama diferente al de hace algunos meses, y quienes pensaban que la Federación buscaría “castigarnos” porque el Gobierno Estatal emanó de otras siglas partidistas, van cambiando de idea y razonan mejor sus argumentos. Bueno, no todos.

Hasta hace una semana las miras estaban puestas sólo en el futuro proyecto del Tren Maya, pero ahora tenemos el compromiso presidencial —próximo— de una armadora de automóviles, universidades públicas en tres municipios del Estado y por supuesto, la ratifcación por parte de López Obrador de que las ofcinas de Pemex estarán en Ciudad del Carmen. Un panorama bastante alentador para nuestro Estado, y que seguramente seguirá en ese tenor si las gestiones continúan.

Y no, esto no salió de la nada ni se hizo porque la cuarta transformación así lo dicte por mandato divino. Todo se debe al trabajo de gestión del gobernador, pero también al compromiso firmado del próximo presidente de México, que, con su trabajo conjunto en beneficio del Estado, y de toda la región sur-sureste del país, harán que por fin suene el reloj que marque lo que todos esperábamos desde hace mucho tiempo: que ya llegue la hora.

Por supuesto que todo lo antes mencionado no se realizará en un día y que hay mucho escepticismo por parte de los especialistas en estos temas, y precisamente por eso no debemos quitar el dedo del renglón y apoyar las gestiones que se realicen al próximo Gobierno Federal, claro, con inteligencia, capacidad y mucho diálogo, pues quienes piensan que nada es posible o más bien, que todo es imposible, no aportan nada en beneficio de los campechanos.

De esta manera comienza a escribirse una nueva historia para esta parte tan olvidada de México, pero sobre todo para Campeche, este Estado que lo ha dado todo, que poco había exigido y al que, como dice el gobernador, “ya le llegó su hora”. Habremos de esperar a que comiencen los trabajos, que inicie el desarrollo y que los campechanos comencemos a cosechar los frutos de la buena política, pero también tendremos que hacer nuestra parte y aportar ideas para lograr soluciones, porque de gente negativa ya estamos cansados.

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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