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El fracaso de las religiones

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Confusiones

 

“La religión es el opio del pueblo”, sostuvo Karl Marx, filósofo alemán del siglo XIX. Si él no hubiese confundido religión con cristianismo, su pensamiento hubiese sido acertado y verdadero; porque aunque el criterio popular es que todas las religiones llevan a Dios, en realidad las religiones han contribuido poco o nada para el bien de la sociedad, que cada día está más decadente.

 

En su crítica a la religión, Marx decía que esta es la expresión de la miseria real; también afirmaba que era una felicidad ilusoria, la cual se relaciona con la definición de religión, que es el conjunto de creencias, comportamientos, ceremonias y sacrificios con los cuales el hombre busca una relación con la divinidad.

El filósofo Marx, ateo al igual que el filósofo Friedrich Engels, criticaron a la religión como enemigo principal porque era utilizada por la clase dominante para controlar al pueblo, y darle sentido a la vida de padecimiento, con la idea de un mundo futuro de dicha y mejor bienestar.

Sin embargo este filósofo confundió religión con cristianismo, que no es lo mismo. El cristianismo tiene su origen en la palabra griega “cristos” que quiere decir “ungido”. En el Antiguo Testamento, la práctica de ungir consistía en derramar aceite sobre la cabeza de la persona separada por Dios, para una misión especial. Por tanto, Cristo es un título que se le da a Jesús y se refiere a la naturaleza divina, ya que tuvo también naturaleza humana.

A los discípulos de Jesús, sus seguidores y apóstoles, se les endilgó el nombre de “Los del camino” como lo dice el libro histórico de la Biblia, Hechos 9:2, aproximadamente en el año 30 d.C., y fue un apodo discriminatorio.

Posteriormente, por primera vez aproximadamente en el año 42 d.C., se usó el gentilicio “cristiano” como una palabra despectiva para referirse a los seguidores de Cristo, en la ciudad griega de Antioquía, fundada en el año 301 antes de Cristo, a 480 kilómetros de Jerusalén, una de las tres urbes más importantes del Imperio Romano.

Durante los tres años de ministerio Jesús nunca predicó una religión e incluso criticó a los religiosos de su tiempo, que ponían carga a los demás que ellos mismos no podían cargar. Considerando lo anterior, Cristo no es religión, porque la religión sólo es un conjunto de creencias, comportamientos, ceremonias, sacrificios, normas, conductas y diversas prácticas para buscar una relación con la divinidad. La religión no tiene poderes sobrenaturales, y lógicamente no cambia ni pueden cambiar al ser humano; tampoco murió por la humanidad.

Es del conocimiento de todos que en el mundo hay miles de religiones las cuales han sido creadas por los hombres a través de los siglos, con el propósito de buscar una relación con Dios. Pero el cristianismo resulta lo contrario: Es Dios quién busca al hombre. En el Evangelio de Lucas 19:10 dice: el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Es notable que hombres y mujeres profesantes de una religión, cualquiera que sea el nombre, siguen siendo los mismos: defraudan, ofenden, lastiman, roban, explotan a su prójimo, asesinan, de sus bocas salen las peores palabras, anidan venganza, cautivan odio, comenten injusticias contra el débil, violan las leyes naturales y destruyen a su familia.

Las religiones han fracasado; desde sus entrañas se han cometido los horrendos y despiadados delitos, y peor, han usado el nombre de Jesús para cometer sus crueldades.

Cristo, que no es religión, es amor que transforma las vidas de quienes deciden seguirlo; es el único que tiene el poder para cambiar la ruta del hombre y guiarlo de las tinieblas a su luz admirable; es el único que perdona y hace del hombre despreciable un ser con nueva vida; esto es, “para avergonzar a los sabios de este mundo”, como dijera el Apóstol Pablo (1 Corintios 1:27).

 

Rogelio May Cocom

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