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De libros y algo más, con reconocimiento

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Afortunadamente la Lic. Verónica Lara aceptó recibir como donativo a esta UAC, mi biblioteca, que como Ginecólogo Colposcopista durante 48 años de ejercicio profesional conservé con sumo cuidado hasta la fecha.

Testigo del destino que varias colecciones de libros médicos llegaron a tener siempre, me preocupó el final que tendría mi personal colección tan cuidadosa, escogida, y nada despreciable en número de volúmenes que incluía también revistas ad hoc según mi especialidad referida.

Sabiendo que actualmente hemos llegado o llegaremos muy pronto a la biblioteca virtual, en la cual el sitio que ocupaban los libros estará representado por la tecnología que resume en espacios sin volúmenes palpables, la suma de complejos que esos libros, revistas, etcétera, comprendían. Era lógica mi preocupación al respecto. Algunos cuates me aseguraban que ni caso me harían ante lo ofertado, precisamente porque dichos volúmenes resultarían “obsoletos”, no sólo para el espacio de tiempo señalado —casi cincuenta años— sino por la ya referida tecnología que paradójicamente representaría una biblioteca sin libros.

Otros me aconsejaban que los quemara o los enterrara para que, en este último caso, se mantendría la esperanza de que por algún milagro brotaran nuevos libros e los enterrados, respecto a la obsolescencia, les recordaba que se trataba de conocimientos que, a través de los años, de la vida, la mayoría de los cuales confirmaban la realidad y certeza de lo escrito y guardado, y que, en último caso, hasta como parte de la historia de la medicina mantendrían su innegable valor. Los libros de esta colección privada, son y fueron la fuente de la cual surgieron las consultas necesarias para completar el análisis de los casos que nos apremiaban, y que, al no contar en esos ayeres de la informática actual, estos libros y revistas marcarían la diferencia en el estudio y tratamiento de los problemas diagnósticos y tratamientos.

El hecho de contar con una colección como la referida, y ente su final destino, representa para su antiguo dueño una tranquilidad apreciable, pues aquellos que son amantes de los libros —no sólo de los profesionales— estarán de acuerdo conmigo que exista una relación entre el libro y su propietario, existe un intangible interés por el destino que dichos volúmenes tendrán; no puede ser el desinterés lo que domine esa relación.

En estos días en los que fueron a mi ex consultorio para recoger los volúmenes ya referidos, no pude dejar de sentir una mezcla de sentimientos que surgían al contemplar en esos libreros ahora en las cajas para su transporte, los antiguos vehículos que alguna vez complementaron, corrigieron, o reafirmaron los conocimientos necesarios para el buen diagnóstico y demás consecuencias.

No pude evitar cierta melancolía, no sólo por los libros sino también por el espacio que ocupó mi consultorio, que, durante tantos años de ejercicio profesional, conformó toda una vida y de la cual no es fácil dejarla únicamente como recuerdo con todo y sus libros. Otra razón para interesarse: podría ser que los contenidos le sirvieran a algún colega y con ello mejorar su acervo; con uno que sucediera, quedaría satisfecho mi ego y mi conciencia. Debo confesar que ofrecí a algunos colegas el obsequio de esos volúmenes sin que la respuesta fuera positiva. No me incomoda, pero sí lo lamento, pues seguramente les hubieran servido. Ya todo se resolvió con esta acción de la UAC hacia este viejito fundador de la escuela de Medicina, Maestro de la Escuela Enfermería y maestro también de la de Medicina, quien mucho agradece la disposición de la directora de la biblioteca, quien sin duda alguna aceptó de inmediato mi envío y me produjo una enorme tranquilidad al proteger este acervo de toda una vida con su potencial utilidad, para los estudiantes y demás colegas.

Me despido con cariño de mis queridos libros. Que la prolongación en su existencia continúe su indudable ayuda al bien de los enfermos. PD. Merecidísimo reconocimiento para el Dr. Gabriel Díaz Licón (Gabrielazo). Y continúa dando clases y continúa en su viejo volcó. Con mi cariño y respeto de siempre.

Manuel R. Gantús Castro

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