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¿Será una enfermedad?

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La vejez

 

“Una forma de saber si eres viejo o no, es preguntándote: ¿Te atreves a probar algo que no has hecho nunca antes? La naturaleza determina la edad, pero tú determinas tu estado de ánimo”, Deshun Wang.

 

Hace un par de meses me comentaba un buen amigo que un conocido mío, y buen amigo suyo, estaba elaborando un programa con miras a dirigir una Secretaría de una de las nuevas administraciones estatales que inician este año, y que por su comprobada experiencia le fue solicitada por quién guiará los destinos de ese Estado vecino.

Hace unos días quise indagar sobre el amigo de mi amigo, y me enteré que en una reunión previa a la decisión de la selección, con un grupo de personas entre los que estaba el solicitante del programa, fue felicitado por su excelente trabajo; después le comentaron que el gabinete lo conformarían con gente joven y le agradecían su apoyo, pero como tenía 62 años de edad no lo iba a considerar para la Secretaría.

Conozco a ese profesionista y se dé su valía, prestigio y eficiencia, que cuenta con su despacho al que le dedica todas sus horas laborales; indudable que es un hombre que ama a su Estado y que pensó en un momento en poder servirlo desde una plataforma diferente.

Es verdad que al pasar los años se pierden algunas de nuestras facultades, pero al amigo de mi amigo no se le presentaba la oportunidad de correr un triatlón o de cruzar a nado un lago; pensaron en él para dirigir una Secretaría, una persona con amplios conocimientos de su ramo, amante de su Estado, y que estoy seguro hubiera realizado un magnífico trabajo.

Las nuevas administraciones buscan gentes jóvenes y está bien, hay que darles oportunidades, pero como hay “de viejos a viejos”, como también hay “de jóvenes a jóvenes”. Aquí en nuestro pueblo querido hemos visto a integrantes del Congreso del Estado que parecen niños jugando a hacer política, y que sólo se dan cuenta de su verdadera responsabilidad cuando su período concluye.

Desde hace ya un tiempo los anuncios para conseguir un trabajo marcan una fecha límite de edad, y esta dista mucho de los 60 años.

Todos dirían: hay muchas cosas que pueden hacer, y sí, es verdad, pero sin duda son muchas menos oportunidades de las que tienen los jóvenes, y que sin duda son los que aún sin experiencia obtienen una responsabilidad. Las empresas privadas son más selectivas, en las públicas no tanto.

Muchas personas han sobresalido después de los 50 o 60 años de edad, como el caso de Johanna Quaas, alemana que retomó su profesión de gimnasta acrobática a los 57 años, apareciendo en el libro de récords como la “gimnasta más veterana del mundo”; otro es Deshun Wang, quien se presentó por primera vez en una pasarela a los 79 años de edad. Este oriental aprendió a montar una moto a los 78 años.

Ahora, en la administración pública hasta “obligan a renunciar” a los cargos vitalicios, caso concreto el del cronista de la ciudad; con seguridad, si se lo hubieran pedido de manera cordial se hubieran evitado todo este problema mediático. Se lo dije al cronista y lo digo ahora, se pierden a un tipo de gran valía. ¿O acaso contar con 65 años de edad es sinónimo de inútil?

Muchos amigos míos con más de 65 años se encuentran activos, y su trabajo lo siguen realizando con profesionalismo y entrega a la carrera que abrazaron, como el caso de Javier Medina, traumatólogo; José J. Rosado, médico general; José M. Sansores Ortiz, cardiólogo; Virgilio Soberanis, abogado y director de un periódico; David Valencia, oftalmólogo; y muchas mujeres amigas y conocidas, que por respeto a sus edades no las refiero en estas líneas, y muchos más que no me alcanzaría toda una página del periódico para nombrar a tanta personas de gran valía.

Está de moda que los gobiernos sean de jóvenes, pero como citaba Marie Von Ebner Eschenbach: “En la juventud aprendemos y en la vejez entendemos”.

A los que hemos superado los 60 años de edad, referiré una cita de Ramón y Cajal: “En la vejez no nos deben preocupar las arrugas del rostro, sino las del cerebro”.

 

Rodolfo Bernés Gómez

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