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Un espectacular Congreso

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Entresemana

 

Ha quedado plenamente vinculado al espectáculo, la farándula, el show, el teatro de revista, la resurrección de José Candelario Tres Patines y el señor juez y la Tremenda Corte. Sí, en todo eso han sido convertidas las sesiones ordinarias de la LXIII Legislatura del Congreso del Estado, en donde hasta ahora no han integrado todas las comisiones legislativas por la resistencia de los panistas, ni han recibido la primera iniciativa, y por tanto mucho menos han emitido el primer dictamen o decreto.

Llevan 44 días en funciones y 14 sesiones ordinarias espectaculares, e insistimos, porque desde principio a fin hay motivos para la diversión, para la carcajada estentérea, sonora, fuerte, retumbante, la mofa, el escarnio, el pitorreo y el ridículo nacional.

Recuérdese el memorable “oso” de la diputada presidenta de la Mesa Directiva, María Guadalupe del Carmen Torres Arango, al confesar con gesto firme y sin ambages que ellos “defienden a los corruptos”. Aunque después haya intentado inútilmente desdecirse, el daño estaba hecho, y ningún pegamento regresa algún objeto a su originalidad.

Hay que decir que María Guadalupe del Carmen, precisamente ella, la diputada presidenta, es el referente principal de las sesiones. En todas ha dado de qué hablar, sea porque arbitrariamente decide apagar el micrófono al orador u oradora en funciones, porque ejerce su “voto de calidad” en perjuicio de lo que ha representado como defensora de los derechos de la mujer, o porque amenaza con recurrir a la fuerza pública para desalojar a los asistentes, que en honor a la verdad se han excedido en sus cuchicheos y manifestaciones públicas en el desarrollo de las sesiones.

En lugar de amenazar con el desalojo de los asistentes, lo que se convertiría en otro espectáculo y ridículo nacional, Torres Arango debería hacer acuerdos con los coordinadores parlamentarios para consensar una medida tendiente a moderar, controlar o evitar esas manifestaciones públicas de apoyo o rechazo a las palabras e intervenciones de los oradores. Son sesiones públicas.

Es cierto que el Reglamento Interior del Congreso le confiere la facultad de ordenar el uso de la fuerza pública para desalojar a quienes interfieran en las sesiones, pero debe recordar que la política —la arena en donde se ha estado desenvolviendo no con mucho acierto—, es el arte del consenso, el acuerdo y la negociación.

Si ahora no se le pone alto al excesivo escándalo que generan los y las porristas de las bancadas del PAN y del PRI, ya nadie los podrá controlar a lo largo de esta Legislatura, y probablemente en ninguna de las que vengan luego.

Pero ese es sólo uno de los puntos a atender. El otro es poner a todos los diputados a estudiar la Constitución Política del Estado, la Ley Orgánica y el Reglamento Interior Congreso y todas las leyes que deben exponer en el desarrollo de las atribuciones del Poder Legislativo.

No es posible, por ejemplo, que no sepan que las comisiones legislativas de análisis y dictamen son exactamente eso, órganos internos del Congreso, mesas de trabajo para recibir propuestas, iniciativas o reformas que reciban para revisarlas, y en su caso corregir y modificar, para someter a la aprobación del pleno.

Si esas comisiones legislativas no pudieran modificar una coma o un dato de las iniciativas o propuestas que reciban, como ridícula y encarnizadamente señalaron los panistas José Inurreta Borges y Nelly del Carmen Márquez Zapata, ¿entonces el Congreso es sólo una oficialía de partes que da trámite sin modificar o corregir cuanta iniciativa reciba? Qué pena que se autodemeriten y admitan que esa es su única función, la de aprobar o rechazar los planteamientos que reciban.

Y qué vergüenza que diputadas como Biby Karen Ravelo de la Torre ignoren que la función esencial de un diputado es legislar. Eso son, legisladores, no bacheadores, chapeadores o pintores. Por lo tanto, su asistencia a las sesiones de las comisiones legislativas de las que forma parte, no depende de si sus electores le piden que lo haga, como aseguró en tribuna.

No. Tiene que ir, porque esa es su función esencial. Lo demás es populismo barato, y ganas de imitar una estrategia que puede funcionar si se apoya en la mentira, pero que engaña poco tiempo.

De los manejos internos para alcanzar la gobernabilidad, que se encarguen los coordinadores parlamentarios. Si Morena ha decidido establecer alianzas con el PRI para sacar adelante los temas más importantes de la agenda legislativa —a cambio, eso esperamos, de que la bancada tricolor respalde las propuestas morenistas— eso es harina de otro costal.

Ya se vio que la bancada de Morena no vota de manera uniforme, ni ha sido entregado en paquete, de suerte que no se puede cantar victoria todavía. Aunque, claro, para eso sirven los diputados aliados del Panal, del Verde, del PT y del PRD, para cubrir los vacíos resultantes de las grillas internas entre los diputados de Morena. Y si el coordinador, José Luis Flores Pacheco ha tomado acuerdos en lo oscurito, como acusan los seguidores de Manuel Zavala Salazar, que en su momento le exijan cuentas y lo sancionen o premien, según sea el caso y el estado de ánimo.

Por lo demás, ya se esperaba un trabajo legislativo a pasos de tortuga, caracol de jardín o perezoso. Se están tardando en aclimatarse y retrasando la llegada de los primeros resultados. Hasta ahora han aprobado “puntos de acuerdo” y “exhortos” que no son más que basura legislativa, que no sirve. No aporta nada. Aún no abordan temas de interés, que realmente beneficien a los campechanos.

Ojalá que no tarden mucho en ponerse de acuerdo y empezar a trabajar para dar resultados.

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