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La productividad en México

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De acuerdo con la revista Forbes, en el año 2011 había 24 millones de mexicanos trabajando en Estados Unidos, los que generaron 25.6 billones de pesos. Y en ese mismo lapso 48.3 millones de personas trabajando en México obtuvieron 14 billones de pesos. Es decir, que la mitad de trabajadores en el extranjero lograron obtener el doble de dinero que los que laboraron en México.

 

Un estudio comparativo al respecto dio como resultado que en México la productividad es ocho veces menor en agricultura, siete veces menor en servicios y cuatro veces menor en manufactura.

Lo anterior se debe, entre otras causas, a que en México más del 50 por ciento trabaja en la informalidad, el 25 por ciento es mal pagado y el restante 25 por ciento trabaja como burócrata muy poco productivo.

Sobre los dos primeros casos es competencia del Gobierno su solución, uno mediante el adecuado ordenamiento urbano previa creación de plazas de trabajo para quienes demuestren que no lo tienen, y otro mediante la observancia a los patrones para que se apeguen a la Ley Federal del Trabajo.

En lo que se refiere a los burócratas, salvo honrosas excepciones, su productividad es baja, entre otras razones porque no se les aplica un sistema justo y eficaz de competencia laboral:

  • A muchos se les premia sólo por no faltar a sus labores o por llegar puntuales.
  • Se les premia también a los 10, 20 o 30 años de antigüedad, sin importar su productividad en esos lapsos.
  • No se establece un sistema de premiación a los que presentan metodologías o proyectos para optimizar la productividad.
  • No se lleva control sobre las actividades diarias, semanales o mensuales a cada uno encomendadas, de tal manera que pocos se preocupan por rendir más sabiendo que le pagarán igual que a los que rindan menos.
  • No se llevan expedientes personales donde a cada trabajador se le acumulen notas buenas y malas, a fin de que la cifra comparativa sirva para que lo califiquen.
  • Pesa muchas veces a un buen trabajador que se le juzgue por sus antecedentes o por sus preferencias sexuales, religiosas y hasta políticas. Con demasiada frecuencia se aplica ese criterio por incapacidad administrativa.

En tanto no cambiemos desde el lado patronal esa cultura de conformismo, de impotencia o de importamadrismo, no habrá ejemplos a seguir por los trabajadores. Y que no se salga con la fácil premisa de que así somos los mexicanos, porque todos sabemos que la personalidad individual se puede modificar para bien o para mal, pero nunca erradicar, en tanto que los hábitos y las costumbres las podemos cambiar por completo.

Si no fuera así, díganme si un mexicano en Estados Unidos o en Europa tira basura en las calles, se cruza de una calle a otra donde se le ocurre, o díganme por qué la productividad de un trabajador mexicano en una actividad agrícola en los Estados Unidos está muy por arriba de la que logra en México.

Una rápida y fácil respuesta para explicar esta diferencia es que allá le pagan más. O sea, que sí es capaz pero a cambio de qué.

 

Fernando Almeyda Cobos

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