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«Horizontes» por: Tere Mora Guillén

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Del año 2015 a junio del 2019, se iniciaron dos mil 995 averiguaciones previas y carpetas de investigación, en la Ciudad de México, que involucraron a 3 mil 567 menores de edad entre 12 y 17 años, quienes cometieron delitos como robo y narcomenudeo. Es decir, dos mil 246, fueron acusados por asalto en sus diversas modalidades, conforme a información del Tribunal Superior de Justicia local. El narcomenudeo fue el segundo crimen con el mayor número de menores de edad remitidos: 714 en ese periodo.

El hurto, la venta de drogas, la portación de armas, el homicidio y lesiones son las principales causas por las que remiten a los menores de edad entre 15 y 17 años; a los de 14 por lesiones y violación, en tanto a los de 13 y 12 por delitos sexuales.

Aunque en el 2016 se promulgó la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes, sólo 20 por ciento de las carpetas de investigación han resultado en condenas.

Lo anterior nos hace reflexionar sobre la degradación que hemos tenido como sociedad, y la poca importancia que los gobiernos tanto locales como federal han puesto en reorientar a nuestros jóvenes.

Algunos especialistas coinciden en que hay factores internos que influyen en la conducta de los menores y adolescentes como son la herencia, la gestación, la deficiencia mental y enfermedades mentales; citan como factores a la familia; la escuela, el grupo étnico; el barrio y la sociedad en general.

Cierto es que nuestras sociedades modernas son violentas, lo que coadyuva a reproducir modelos de comportamientos  agresivos en menores y adolescentes.

Por otro lado, muchos jóvenes que cometen delitos carece de la capacidad para sentir miedo ante las consecuencias de sus acciones, o bien  sentir empatía por el sufrimiento de quienes les rodean.

Así, vivimos en una sociedad en donde prevalece la impunidad y los jóvenes se arriesgan y participan en cada vez más actos delictivos.

Hay quienes desde temprana edad delinquen, ya sea por causas sociales, familiares, culturales ó económicas. Aunque no podemos generalizar el problema, muchos cometen delitos por pertenecer a un grupo, porque desde niños sufren violencia intrafamiliar, física o psicológica por parte de sus padres, o de algún integrante de la familia, e incorporan la violencia como una forma de solucionar conflictos. Prevalece la  falta de atención, carencia de límites y de control de los padres por los hijos. Asimismo la desigualdad económica entre las clases sociales, fundamentalmente los más pobres resultan los más vulnerables.

Entonces los menores buscan una manera de sobrevivir, delinquen por obtener recursos desde para alimentarse y adquirir otros elementos primordiales, e inician a temprana edad a delinquir, la mayoría de las veces encuentran en su tarea un mentor de más años, y comienzan a extorsionar, matar, secuestrar, y vender drogas.

Y si a lo anterior le añadimos factores como el desempleo, y la pérdida de valores, se tiene el caldo de cultivo perfecto para que muchos jóvenes prevalezcan en el inframundo.

Lo que es peor, todo indica que en la actualidad las condiciones les favorecen, y no hay quién les ponga un alto en este México nuestro, donde se ha perdido la confianza de los unos por los otros, el respeto, la tolerancia,  la honradez, la responsabilidad, y solidaridad.

Juntos, sociedad y autoridades, debemos rescatar a nuestros jóvenes, desde luego con la mano dura de la justicia por un lado, y creando oportunidades laborales, fomentando el deporte, y propiciando las condiciones para sanar el alma de tantos heridos, porque no tuvieron la suerte de nacer en condiciones favorables para obtener una buena educación, desarrollo, y bienestar.

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