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«Horizontes»: Por Tere Mora Guillén

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De nueva cuenta los mexicanos dejamos a un lado -aunque sea tan solo por un momento-, el Estado fallido en que nos encontramos como lo percibimos quienes aquí vivimos, y como nos vislumbran desde el exterior, para dar rienda a nuestra imaginación, y dar la bienvenida a nuestros muertos en los próximos días. Desde nuestros hogares hasta las escuelas, museos, instituciones públicas y privadas comienzan a montar sendas ofrendas, dedicadas desde a personalidades del arte y la cultura de nuestro México, como Frida Kahlo y Diego Rivera, hasta a figuras del espectáculo como son Mario Moreno Cantinflas, Juan Gabriel, ó el príncipe de la canción José José. Habrá quienes exhibirán en sus altares, a entrañables seres amados que han partido al eterno oriente dirían los masones. Después de todo una vez que alguien fallece y se nos adelanta en el camino a la eternidad, lo mismo da la religión a la que pertenezcamos, y todos habremos de partir rumbo a un sendero desconocido.

Entonces es menester en nuestro México decía, poner nuestros altares conformados por papel picado morado y naranja, las fotografías de nuestros entrañables seres amados que tan sólo se han adelantado en nuestro viaje al más allá; asimismo una cruz formada por pétalos de la aromática flor de cempasúchil, no puede faltar el copal o incienso que se utiliza para limpiar el lugar de «malas vibras» y malos espíritus antes de que regresen los seres queridos. La sal que significa la pureza y la alegría, incluso es elemento indispensable para que el cuerpo del difunto no se corrompa en el viaje de ida y de vuelta; las velas que representan la luz, la fe y la esperanza, es la guía para que los muertos encuentren el regreso a su antiguo hogar. Lo cierto es que el número de velas que se ponen en una ofrenda, depende de las ánimas que se quieran recibir. También es indispensable el agua, que habrá de saciar la sed de los difuntos durante el viaje. Las calaveritas de azúcar representan los cráneos humanos; el pan de muerto refiere a los sacrificios humanos que se realizaban en la cultura prehispánica. Para los adultos se ponen bebidas alcohólicas y cigarrillos, el propósito es que los muertos recuerden los momentos que vivieron con alegría. Para los niños se ofrendan sus juguetes preferidos, así como dulces típicos de azúcar, amaranto o calabaza.

Y sabido es que el mexicano juega con la muerte, tanto la ama, como la teme; se burla de ella y la acaricia; así somos, aunque lo cierto es que también cada año honramos y dialogamos con nuestros difuntos. Con las ofrendas les rendimos tributo y compartimos con ellos su comida y bebida predilecta, a través de un ritual sagrado en donde los muertos se vuelven a encontrar con los vivos. Incluso el día de muertos forma parte de la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

También en ésta época es propicia la ocasión de recordar las calaveras de José Guadalupe Posadas, que exhibe en sus grabados a la catrina bailando, bebiendo o celebrando, estampas que mas allá de representar una festividad anual, son elementos recurrentes en el imaginario de cualquier mexicano. Después de todo el artista popularizó las calaveras y el tema de la muerte en la cultura mexicana, con un toque de humor y sátira.

Asimismo están las calaveritas literarias que son composiciones en verso y sólo por si a alguien interesa, dejo tan sólo un ejemplo:

1.- Muertos existen miles

y se acumulan cada mes

gobierno ya no vaciles nos faltan 43.

 

Gobierno revisa listas

esto ya es de gravedad

no se mata la verdad

matando a los periodistas…

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