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¡Aquí y ahora!

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Manuel R. Gantús Castro

 

De mentiras y frío

 

Calurosamente para los de mantenimiento del HGE.

 

No son palabras frías las del gober, son palabras congeladas; esas que ha estado repitiendo día con día, semana tras semana, mes tras mes; no hay dinero, hay que ahorrar, hay que pedir préstamo que solamente endeudará por 20 años al Estado, etc., mientras que al día siguiente o a la semana, o al mes, aparecen dos, tres millones.

Dice el gober que el año próximo será también de austeridad, mientras que el Gobierno Federal asegura que gracias a las reformas hacendarias y otras aumentarán las participaciones para el sector salud, educación, entre otras.

¿Quién dice la verdad? En fin, en espera de “ir por nuestro progreso” seguiremos escuchando lo mismo, pero eso sí ya hasta tenemos gratis para leer gratis… que chulada de estadito, mientras que el sector salud está abarrotado sin tener las camas suficientes, ni las medicinas, ni los tornillos para corregir una fractura, que siendo una emergencia es pospuesto el tratamiento quirúrgico por semanas y hasta meses ya que el enfermo no tiene con qué comprar los tornillos o las placas; mientras que seguimos siendo testigos del derroche de algunos funcionarios y los enriquecimientos bien explicables, y la impunidad señorea y se pavonea como prostituta y prostituto, y los baches ignoran que la campaña de relleno con arena continúa y las telenovelas nos hacen el favor de ser filmadas aquí merito seguramente sin que el Gobierno dé un céntimo para ello.

Y después del engaña bobos con el adelanto de los aguinaldos que dejó millones en ganancias a los empresarios tan cristianos, y que adelantó el endeudamiento de los trabajadores, para que así se adelante también el otro endeudamiento del fin de año y navidades.

Pero ya cambiemos el tema que al fin siempre estará vigente y a la orden.

Mi primigenia intención era comentarles gentilmente lo que estamos viviendo en este Hospital General de Especialidades. Resulta que el clima está funcionando como si estuviéramos en el Polo Norte. No sé por qué pero posterior a unos meses de fallas en el sistema, que dejaban calor y bochorno, los diligentes técnicos ad hoc corrigieron lo corregible y hasta la mano se les pasó que el frío reinante es tan fuerte y canijo, bien canijo.

Es muy simpático observar como al pasar el umbral y entrar al Hospital General de Especialidades, el panorama se torna invernal aunque no estuviéramos en invierno, cosa que ahora sí lo estaremos, o lo estamos, como sea, caraxo, a lo que me refiero es que todos los habitantes de ese hospital: enfermos, parientes, hijos, tíos, abuelos, enfermeras, personal de intendencia y seguridad y los internos, residentes y médicos de base tienen que usar sus prendas de invierno.

Cada quien asegún sus posibilidades: unos, una chamarrita viejona; otros, algún suéter medio raído; aquellos, un rompevientos de medio uso; esos, doble camiseta; esas, abrigos de segunda mano y hasta aquí le paramos.

El gremio médico es aparte: se puede encontrar muy pocas prendas, en verdad, parece que los colegas tenemos mayor protección contra el frío. Es prácticamente sin abrigos, ni suéteres, ni chamarras como los podemos ver. Pero siempre hay un pero, a mi sí que me lleva el frío.

Resulta que en mi consultorio estuvo fallando el clima y sobre todo en los meses de mayor calor; por lo anterior el susodicho escritorcillo los vivía jodiendo con que compongan el clima por favor, que el colposcopio ya se quejó opacando sus lentes y no puedo ver nada, etc., quejas y más quejas, mientras que los compañeros encargados de esa área soportaban vara y me pedían aguántese doctorcito, lo que sucede es que los filtros no se encuentran, que como usted está gordito es más sensible al calor, y muchos intentos más de explicaciones mientras que yo sudaba y sudaba.

Algunas veces al encontrarme a alguno de esos cuates notaba yo una sonrisita pícara al saludarme y que algunas veces me llamaba la atención…

De repente, varias semanas después el congelador, perdón, el consultorio tornose en congelador y en una sola semana tuvimos (los trabajadores de esa área) que protegernos del clima tan frío con chamarras, suéteres y hasta sábanas encima de las espaldas para tratar de mitigar ese invierno intra consultorio. No puedo hablar por los demás, pero para mi ha sido tremendo.

Mi tarde comienza (porque yo trabajo de tarde) cubriéndome con esa ya referida sábana encima de mi bata; a las dos horas tengo que salir a un jardín interior a recibir un poco del sol restante, para lo cual me quedo en prendas interiores (blancas) y con protección antisolar; regreso a mi congelador otras dos horas más y así termino mi jornada con hielo en las cejas y el orín congelado, que para poder hacer pipí tengo que ponerme una bolsa de agua caliente sobre el abdomen inferior, lo cual no resulta tan fácil de hacer por aquello del vientre péndulo.

Poco a poco he aumentado mis defensas: ya me compré unos guantes y una bufanda que acompañados de un cobertorcito de los que venden en el ADO a ochenta pesos, rojo sangre, y hasta ahí.

¿Usted qué piensa amable lector? Fíjese que mis cuates de mantenimiento cuando me saludan, siempre me preguntan que cómo está el clima, y se sonríen pícaramente. Y a todo esto ¿a qué vino este cuento?

¡Vale!

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