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Perspectivas del suicidio

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Desde épocas pasadas se habla del suicidio por contagio o imitación. Estudios en diversos países han confirmado que “las representaciones mediáticas conducen a la práctica suicida en las personas. Los medios de comunicación ejercen una fuerte influencia sobre las actitudes, creencias y comportamiento de los seres humanos. De aquí, la importancia de regular las publicaciones de los casos de violencia, ya que el sensacionalismo contribuye a la reproducción del suceso en los sujetos vulnerables.

En la actualidad las muertes violentas son las noticias de mayor interés público, incrementando en la actualidad la venta de periódicos y revistas de corte criminal.

Las cuales son promovidas a través del morbo, en una simbiosis, entre reporteros y editores, cuyo discurso contiene opiniones y juicios particulares, induciendo las causas que obligaron a la víctima a quitarse la vida.

El suicidio es un fenómeno que ha estado presente en todas las etapas históricas de la vida humana. Aunque sus significados, valores y creencias, han variado en función de las condiciones sociales, culturales y económicas de la época en que se presenta.

Sin embargo, la conducta suicida tiene sus raíces en la sociedad moderna. Sobre todo, en las nuevas tecnologías de la información (Internet) y medios masivos de comunicación que fomentan la cultura del consumo. Los cuales promueven nuevos significado de bienestar, belleza y sexualidad, etc. Que motivan la aspiración hacia una vida cómoda y a diversas fantasías. Que al no poder alcanzarlas son motivos de depresión y en algunos casos de suicidios.

Sin embargo, en América Latina los comportamientos suicidas se relacionan con las pocas oportunidades de desarrollo. Lo que indica que la falta de recursos económicos repercute en el “deseo de morir” de las personas. Según Organización Panamericana de la Salud (OPS) en el 2003, el desempleo, el subempleo, los bajos salarios en forma permanente reducen expectativas positivas de futuro e influyen en el estrés, en la desesperanza, angustias y depresión en los habitantes del siglo XXI.

De acuerdo a datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (Inegi) 2009, Quintana Roo, Yucatán y Campeche se ubican entre las entidades de mayores casos de suicidios en México. Son estados cuya producción (turismo y producción petrolera) impacta en forma importante en la economía del país.

Pero debido a la inequidad social que presentan, son territorios reproductores de pobreza según reporta la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso) en el 2006, generando los detonantes como: frustración, ansiedad, desesperanza, depresión, etc. de la conducta suicida.

Por la ocurrencia de suicidios en la actualidad, es un hecho de interés para los medios de comunicación. Porque el sensacionalismo con que se maneja la información asegura la venta de noticias. La individualización del suceso induce el interés hacia la desdicha de la persona, pero no hacia la problemática que vive la sociedad.

En lo que va del 2013, la Secretaría de Salud en Campeche registra hasta la semana 48 un total 75 suicidios. Los dos municipios con el mayor número se concentran en El Carmen con 37 casos y Campeche con 16, siendo las principales formas, el ahorcamiento con 61, siete por arma de fuego, uno con arma blanca, cinco por envenenamiento y un sofocado. Los hombres son quienes utilizan métodos definitivos pues de los 75 casos el 70 por ciento les corresponde y sólo 21 mujeres logran el objetivo siendo la edad de mayor incidencia entre los 20 a 30 y de 32 a 50 años.

Los suicidios que más se destacan en las páginas de los medios de comunicación son los que se apartan de los patrones usuales. Ejemplo: Los suicidios en público, los suicidios después de cometer una masacre, cuando un padre mata a sus hijos y después se suicida, cuando una pareja se suicida, etc. Sus características extraordinarias aumentan el sensacionalismo, no importando el daño que causan a la sociedad.

La muerte humana es un suceso particular y como tal, debe ser cobijado en el medio familiar. Sin embargo, se convierte en el dominio público por la intervención de cámaras mediáticas que no diferencian historias, por plumas que enjuician las posibles causas del suceso, induciendo en el imaginario colectivo una visión sesgada de la realidad. Es la cotidianidad con la que se maneja la información de suicidios en los medios de comunicación, con notas que esconden sus múltiples causas, quedando la verdadera historia detrás de la noticia.

La “nota roja” en México es un explosivo que publica hechos criminales, así como sucesos que afectan a la sociedad. Su abordaje remite a tiempos, cuando la justicia se relacionaba con las leyes penales y la voluntad de dios.

El delito se veía como pecado mortal, condenando al infractor a quemarse en los infiernos (matar a la madre, hijos o personas mayor, etc) o disfrutar de las bondades del cielo (cuando la persona mataba o se moría defendiendo una causa justa). En la actualidad los contenidos de la nota roja han cambiado muy poco. Porque siguen impregnadas de misterios y fantasías, afectando el imaginario colectivo de la sociedad.

Al situarse los fenómenos sociales en el espacio de la emoción, el periodismo deja sesgada la explicación racional que lleva a reflexionar sobre las causas de los sucesos. No obstante, la narrativa en el ámbito de lo irracional, niega el saber y no exige razones claras, manejando solamente sentimientos de tristeza o alegría.

El primero por llorar a los muertos y el segundo por celebrar la detención o muerte de victimarios. Lo que provoca diferentes emociones en el lector, entre estas, el morbo por conocer más sobre el asunto.

La nueva cultura periodística y el aumento de la cobertura mediática exigen un nuevo giro a la nota roja. Se necesita un género periodístico ético, con información confiable, objetiva y responsable. Al margen del entretenimiento y de atracción.

En la actualidad la cobertura de la nota roja es mayor, obligando a los periodistas a estar más en contacto con las personas que sufren, por ser objeto de su interés.

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