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Juegos tradicionales en vías de extinción

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Los juegos y juguetes tradicionales de Yucatán están en vía de extinción debido al desinterés gubernamental por fomentar su uso, aunado al acelerado crecimiento de la tecnología digital, aseguró el especialista del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas (INPI), Fredy Poot Sosa.

Lo peor de todo, continuó, es que los profesores nada hacen por rescatar la cultura y las tradiciones, en primer lugar, porque es poco lo que saben y no están dentro de su programa de trabajo.

Consideró urgente establecer programas para rescatar los juegos y juguetes tradicionales, tanto para fortalecer la cultura de la entidad, como para el propio bienestar de los menores de edad, pues la adicción a la tecnología deteriora su salud mental.

“La kimbomba, la chácara, el tinjoroch, el trompo, el balero, el papagayo, las canicas, el yoyo y el elástico, entre otros, permitían la sana convivencia y entretenimiento de los infantes, al mismo tiempo que los mantenía alejados de la violencia contenida en los videojuegos que hay en los teléfonos celulares, tabletas, computadoras y demás artefactos tecnológicos”, acotó.

Incluso, debido a que los juguetes eran artesanales, los propios infantes los confeccionaban con material reciclado, como pedazos de escobas, ramas secas, retazos de hilos y telas.

Asimismo, en ocasiones se utilizaban los frutos del cedro, “los zopilotitos”, para hacer aviones, personas, animales y otros juguetes, pero ahora éstos en muchos hogares se les considera basura.

“Antes, los niños se las ingeniaban para confeccionar sus propios juguetes, ahora, con la modernización, todo es comprado y la imaginación se pierde”, subrayó.

Al contar con un equipo tecnológico, el menor de edad tiene problemas de sueño pues se desvela con tal de jugar, y por ende duerme poco y rinde menos en la escuela.

Al mismo tiempo se enajenan de los demás, pues prefieren jugar solos en sus casas, por lo que “la relación niño-máquina es un grave problema de salud mental”.

Poot Sosa afirmó que la Secretaría de Educación Pública (SEP) está obligada a fomentar la cultura de cada región, pero los profesores poco hacen por promover las tradiciones, debido a que no está dentro de su programa de trabajo, o bien, conocen poco y prefieren no abordar el tema.

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