Lo que a Marcela le importa es que sus muchachos incrementen las recaudaciones por multas a conductores de automóviles, camiones, motocicletas, taxis, bicicletas y patines, o a los borrachitos…
Mientras que en el Municipio de Champotón empiezan a manifestarse los primeros síntomas de la paulatina “michoacanización” del Estado, con la ola de ejecuciones, atentados, quema de vehículos y narcomantas, a la secretaria de Protección y Seguridad Ciudadana, Marcela Muñoz Martínez, le importa más que sus subalternos vigilen que los dueños de automóviles porten sus placas en el lugar que corresponde.
No. No hay estrategias para cercar a la delincuencia. Para ubicar a los mafiosos que han retornado a su política de colocar narcomantas como método de amedrentamiento. Tampoco hay operativos para desarmar a los grupos delictivos que están ingresando, paulatinamente, a una guerra sangrienta por el control de las plazas.
No hay a la vista, en suma, ninguna acción que nos induzca a creer a los ciudadanos, que en Campeche tenemos a una secretaria de Protección y Seguridad concentrada en su trabajo y con sus prioridades en orden.
Lo que a Marcela le importa es que sus muchachos incrementen las recaudaciones por concepto de multas a conductores de automóviles, camiones, motocicletas, taxis, bicicletas y patines, o a los borrachitos que puedan ser recluidos en los juzgados cívicos para inventarles cualquier infracción que los obligue a erogar unos cuantos miles de pesos para que sean liberados.
Amadrinada por la nefasta y perversa gobernadora Layda Sansores, quien no le ha detectado ningún defecto, falla o imperfección, la secretaria de Protección y Seguridad Ciudadana, Marcela Muñoz Martínez, ha podido sortear diversas crisis que han ido desde la rebelión de más de mil 200 elementos en marzo del año pasado, hasta las graves explosiones de inseguridad con las ejecuciones e incinerados que se han registrado en Campeche desde su llegada.
De nada han servido los intentos de los grupos parlamentarios de oposición para que comparezca ante la Cámara y rinda cuentas de sus resultados, así como del manejo de los más de 10 mil millones de pesos que le han canalizado a su dependencia, y cuyos resultados no se ven por ningún lado. Porque hasta los semáforos siguen sin funcionar y hay más patrullas en los corralones, que brindando servicio a la ciudadanía.
La coincidencia generalizada en Campeche es que estamos en el peor momento en materia de seguridad. Y lo que asusta es que mientras los sicarios asesinan a sangre fría a sus rivales, para la policía lo más importante es vigilar que las placas de los automóviles estén en el lugar que les corresponde. Qué barbaridad.


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