El Gobierno de Layda Sansores no tiene sus objetivos bien establecidos, tampoco tiene estrategias para conseguirlos, y mucho menos hay voluntad para abatir el problema…
Presumió en sus redes sociales la represora gobernadora Layda Sansores, el desalojo de 90 personas que invadieron áreas naturales protegidas de la zona de Balam Kú, en la reserva de Calakmul. También desmantelaron 15 casas y techumbres pero no se precisa si los invasores fueron detenidos o procesados.
Es uno más de los desalojos en contra de familias pobres que ha realizado el Gobierno de la señora Sansores. Nada ha hecho en cambio, contra las invasiones promovidas por personas pudientes, por ejemplo, los menonitas que tienen posesiones en el Municipio de Hopelchén, y que se han dedicado a deforestar zonas que no les pertenecen.
También se ha reportado la presencia de grupos de canadienses que han invadido una amplia franja de playas en la zona de Sabancuy-Isla Aguada, que revenden a sus connacionales o a personas que tienen suficiente dinero para tener propiedades en esas áreas de alta plusvalía.
Hay otros casos, pero basten estos dos ejemplos para demostrar que el combate a los invasores no es parejo. Se ensaña el Gobierno de Layda Sansores contra los más pobres y jodidos, pero calla y hasta aplaude lo que hacen aquellos que tienen suficiente capital para defenderse en los tribunales.
Así ha sido este fallido Gobierno: nada para los pobres, aunque su slogan gubernamental diga que para ellos “lo mejor”. En realidad no se han creado programas sociales de alcance universal, que tengan como propósito abatir alguno de los rubros que definen la pobreza. Ni en temas de alimentación, agua potable, electrificación o mejoramiento de viviendas.
En una serie de ocurrencias, a algunas familias les llevan despensas, a otras, colchones y a los del padrón morenista les han dado refrigeradores. Les organizan festivales, bailecitos o conciertos donde rifan obsequios que reparten como migajas pero que no ayudan a combatir la pobreza.
Y la causa es muy simple: el Gobierno de Layda Sansores no tiene sus objetivos bien establecidos, tampoco tiene estrategias para conseguirlos, y mucho menos hay voluntad para abatir el problema.
Lo que hay son simulaciones, poses para las fotos y mucha propaganda gubernamental. Usan a los pobres como parte de una escenografía para aparentar que trabajan, pero la realidad es que los perjudican cada vez que pueden.


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