A final de cuentas no debe importar quién lo haya diseñado, quien lo planeó primero o quién tuvo la ocurrencia. Lo verdaderamente importante es que se otorguen todos los apoyos para su consolidación.
Es buena noticia que el Gobierno Federal haya recapacitado en torno a las zonas económicas especiales, rebautizados ahora como los “polos de desarrollo económico del Bienestar”, y que finalmente hayan considerado incluir a Seybaplaya como uno de esos puntos para la atracción de empresas con la consiguiente generación de empleos.
El plan original, diseñado en el Gobierno de Rafael Alejandro Moreno Cárdenas contemplaba, en una proyección a 20 años, generar por lo menos 51 mil empleos, inversión aproximada de cuatro mil millones de dólares, y el aterrizaje de 39 empresas ancla o macroempresas, que permitirían detonar a la región.
Aunque el Gobierno de Enrique Peña Nieto aprobó el proyecto original y se anunció que le iban a dar todo el apoyo, durante la Administración de Andrés Manuel López Obrador echaron marcha atrás, más por cuestiones ideológicas que de viabilidad financiera, y ahora recapacitan y dicen que siempre sí. Lástima que tuvimos que padecer seis años de retraso en su inicio.
A final de cuentas no debe importar quién lo haya diseñado, quien lo planeó primero o quién tuvo la ocurrencia. Lo verdaderamente importante es que se otorguen todos los apoyos para la consolidación de la infraestructura que permita recibir a cualquier empresa, aprovechando las ventajas que existirán en esa zona.
Lo que sí hay que decir, es que el “corrupto” Gobierno de Moreno Cárdenas aportó los recursos suficientes para las obras complementarias que permitieran el desarrollo de esa zona económica especial, o “polo de desarrollo” como le llaman ahora. Construyó infraestructura carretera y le metieron recursos a la ampliación del muelle.
Nada en cambio ha hecho el Gobierno de Layda Sansores, para mejorar las condiciones en esa zona. Se están atribuyendo toda la gestión, y hasta la planeación del proyecto, que seguramente será su gran anuncio cuando rinda su “cuarto informe” el próximo 1 de agosto, pese a que ella y su Gobierno nada hicieron, y pese a que ella espera que toda la inversión que se requiera de aquí en adelante tenga que ser de aportación federal.
Porque está acostumbrada a saludar con sombrero ajeno, y porque no ha presentado ninguna estrategia para impulsar el desarrollo económico de Campeche y sus municipios, esa obra podría ser la salvación de su sexenio, siempre y cuando se tengan resultados en estos meses que le restan. Pero no importa. Basta con que impulsen de verdad ese polo de desarrollo que tanta falta le hace a Campeche.


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