El intento fallido de Juan Pedro Alcudia Vázquez por convertirse en magistrado del recién creado Tribunal de Disciplina Judicial exhibe su debilidad política, que a pesar de su cercanía con la gobernadora Layda Sansores San Román y su papel como asesor jurídico, Alcudia no logró pasar ni siquiera el filtro del respaldo partidista. En los acordeones que Morena distribuyó entre su militancia no figuraba su nombre, un detalle que, en la política, es más que un desliz: es una señal directa de que no fue considerado digno de apoyo. Es un rechazo claro, silencioso, pero contundente, de parte de quienes realmente toman las decisiones dentro del partido.
Quienes reparten el poder dentro de Morena lo ignoraron, lo dejaron solo. Ni su cercanía con la mandataria, ni su presencia constante en el círculo más cerrado del gobierno estatal, fueron suficientes para conseguirle un lugar entre los respaldados. Quedó fuera de los cinco candidatos más votados a nivel nacional. Derrotado.
Lo cierto que ni su papel como operador de amparos y juicios contra los críticos de la gobernadora fue suficiente para convencer al partido.


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