Tribuna Campeche

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Está abandonada la Normal Justo Sierra

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HECELCHAKÁN.— Fundada en 1930 por el profesor Juan Pacheco Torres, que tuvo una de sus primeras sedes en el exconvento ubicado a un costado de la parroquia de San Francisco de Asís, la Escuela Normal Rural “Justo Sierra Méndez” ajustará el próximo 13 de abril el 92 aniversario de su fundación en medio de turbulencias por la rebelión de los alumnos, con instalaciones en pésimas condiciones y entre la apatía de las autoridades gubernamentales, que no voltean a ver a la casi centenaria institución.

Por la tensión entre profesores y estudiantes, hasta ahora no se anuncia si conmemorarán el 92 aniversario, por lo que es probable que la fecha pase inadvertida.

Creadas en la década de los años 20 y 30 como frutos de la Revolución Mexicana de 1910, en el país llegó a funcionar una escuela normal rural en cada una de las entidades federativas. En la actualidad sólo quedan 17 planteles en 15 Estados.

Nueve décadas después de su fundación como semillero de jóvenes profesores, hijos de campesinos y obreros —en otros Estados se crearon también escuelas de agronomía para incrementar la producción en el campo— la Normal Rural de Hecelchakán ofrece en la actualidad dos carreras: licenciaturas en educación primaria y especialidad con enfoque intercultural bilingüe.

La Normal Rural de Hecelchakán cuenta con matrícula de 241 alumnos, de los cuales 52.7% son mujeres y 47.3% varones. El 64.7% está en educación primaria y el 35.3% en intercultural bilingüe.

Tiene 35 docentes, todos con licenciatura en educación, y sólo cinco con doctorado. Una de las demandas más recurrentes de los estudiantes, que ha dado pie al conflicto que mantiene a la escuela sin clases regulares, es que muchos profesores “solo se preocupan por el sueldo y decayó la calidad educativa”.

Deteriorada infraestructura

Los estudiantes también señalan que el plantel requiere con urgencia nueva infraestructura, ya que a 83 años de que el edificio donde actualmente se encuentran, fue construido y “estrenado”, paredes y techos están a punto de colapsar, porque sólo se les ha proporcionado mantenimiento y rehabilitación básicos y nunca reconstrucción general.

La distribución de los10 dormitorios con que cuenta el edificio no ha respetado la equidad de género, pues ocho son para albergar a los 117 varones y sólo dos para las 124 mujeres. Se infiere que 14 estudiantes duermen plácidamente en cada uno de sus ocho dormitorios y 62 alumnas se hacinan en dos.

De los ochos dormitorios para varones, al menos en dos los techos tienen grietas y se caen a pedazos. A las ventanas antiguas les colocan telas o sábanas, porque algunas no tienen cristales y los ventiladores están tirados por inservibles. En los baños comunes la distribución de agua es mala, pues llaves y regaderas no existen.

En los dos dormitorios para mujeres la situación es similar. Si bien es cierto que ambos edificios son de reciente creación —tienen al menos 10 años—- las condiciones son lamentables. Por ejemplo, en los baños los lavabos no sirven.

La cocina sigue siendo muy austera y los demás salones como biblioteca, están en deplorables condiciones por el paso de los años. Por ello, cada determinado tiempo los directores en turno sólo se han dedicado a pintar el edificio, pero no han gestionado la reconstrucción total o edificación de nuevos salones, además de que con cada cambio de autoridades desaparecen equipos. En este año los proyectores no han sido localizados.

La alimentación sigue siendo un problema, ya que la beca por alumno para ese rubro es de aproximadamente 52 pesos diarios, que al mes suma apenas mil 560 pesos, que son insuficientes, ya que contempla también peluquería, alimentos y lavandería, y este recurso depende del Departamento de Formación Docente.

Costos y gastos de la escuela provienen del ramo federal y los administra el Gobierno del Estado. Al mes sólo en los alumnos el Gobierno eroga 375 mil 960 pesos en alimentación, sin contar el pago de docentes y administrativos.

Los egresados Jorge López Rodríguez y Manuel Antonio Pantí Simá coincidieron en que haber estudiado en la Normal les ha traído una formación con mucha disciplina. Durante todo el día se mantenían en clases, talleres y actividades deportivas, contaban con grandes maestros que les forjaron la responsabilidad de llevar una educación integra, que en su mayoría provenían de padres de campesinos e ingresaban después de la secundaria.

“La escuela dio grandes maestros para toda la República Mexicana. Hay egresados que laboran en Zacatecas, Durango y Jalisco, por mencionar algunos Estados, que dan testimonio de la vocación docente”, afirmaron.