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Jorge Gustavo Sansores Jarero

Presunción de amistad

Hoy se cumplen 201 días de la administración estatal que encabeza Layda Elena Sansores San Román, después de 24 años de perseguir su anhelo de ser gobernadora, con el propósito —según ella— de mejorar las condiciones de vida de los campechanos, pero ahora con la doctrina cuatrotera de “no robar, no mentir y no traicionar”.

Es decir, seis meses y medio al frente de un Gobierno que no da muestras de avance, por el contrario, sólo vemos estancamiento en varios rubros y retrocesos en otros. Y aunque las críticas no le agradan a la gobernadora, si seguimos la premisa de la 4T, pues entonces no podemos mentir y decir que todo va bien.

Desde inicios de la década del 90, Layda Sansores se convirtió en amiga de Andrés Manuel López Obrador, entonces político de oposición y expriísta como ella, que hizo su primer intento de ser Presidente en el año 2000, su segundo en el 2006 y por fin obtuvo la banda presidencial en el 2018, hace casi cuatro años.

El impulso de López Obrador, ahora como Presidente Constitucional —no olvidemos que ya fue “legítimo”—, impulsó la imagen de muchos políticos de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), entre ellos a Layda Sansores San Román, y les ayudó a obtener el triunfo en las elecciones. Entonces estos nuevos gobernantes, incluida la gobernadora, agradecen infinitamente a “Andrés Manuel” por su apoyo, por su bondad, su entrega y pasión, tal vez personal por ellos, pues no vemos otro tipo de ayuda para los campechanos. Explico.

El amor y el agradecimiento que le puedan profesar los morenistas al Presidente –también morenista y líder moral de ese partido— es incuestionable, pues gracias a su imagen lograron los votos para ganar. Pero la realidad es que a nuestro Estado, pese a la presunción de amistad sincera y desbordante que algunos morenistas aseguran tener con el mandatario federal, no le ha ido mejor que con los de antes. Aunque les duela.

Por ejemplo en Tabasco, donde también gobierna un morenista de nombre Carlos Manuel Merino Campos, electo el pasado 2021, los precios de las gasolinas son hasta un 20 o 30 por ciento más baratas que en Campeche. Y nuestra entidad es la que produce el petróleo. Mientras, los morenistas culpan a los priístas, porque a 84 años de la expropiación petrolera jamás le han hecho justicia a Campeche en este rubro.

Como dato real, por aquello del “no mentir”, López Obrador lleva casi cuatro años en el poder, lo han acompañado dos congresos federales con mayoría morenista, y ni así ha hecho justicia para que nuestra entidad reciba más dinero por la extracción de hidrocarburos. Con la amistad que algunos presumen tener con el Mandatario federal, ¿no le podrán pedir que le haga justicia a nuestro Estado? En ese y otros temas.

Por ejemplo, en Tabasco —sí, otra vez—, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) mantiene la tarifa 1F de bajo costo, amén de eximir del pago de más de mil millones de pesos a los ciudadanos que, encabezados precisamente por López Obrador, dejaron de pagarle a la paraestatal durante 28 años.

En Campeche apenas tres Municipios gozan de esa tarifa, y la gestión no fue durante la administración de Sansores San Román, sino del ahora exgobernador priísta innombrable, Carlos Miguel Aysa González, que también le agradeció mucho al presidente López Obrador, sin jactarse de ser grandes amigos.

A poco más de 200 días del nuevo Gobierno Estatal, no hay anuncios de infraestructura carretera ni de nuevas inversiones por parte de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) del Gobierno Federal. Las carreteras federales que atraviesan nuestro Estado cada día están peor. Ni siquiera han concluido los trabajos del periférico en el tema de iluminación, que por cierto dejó de hacerse justo cuando la Federación pasó a manos del actual Presidente.

Con la cercanía que presumen, una llamada bastaría para que su titular, Jorge Arganis Díaz Leal, pusiera los ojos en Campeche. No pido que la SICT invierta otros siete mil millones de pesos en nuestra entidad, como lo hizo en el 2018 antes de que se fueran los “neoliberales” del PRI. Que cuando menos coadyuven en la mejora de las carreteras, que den continuidad al estudio del libramiento carretero de Atasta, y tal vez otro para Champotón.

El discurso de amistad, de coraje, de pasión y de apoyo tiene que dejar de ser palabrería para convertirse en realidad. En Campeche no pueden seguir pasando los días y seguir estancados, mientras siguen culpando a los de antes sin hacer nada para el futuro inmediato de la entidad.

A los campechanos nos interesa que haya oportunidades de empleo, que lleguen industrias y abran empresas. Que mejoren la infraestructura hospitalaria, de educación y seguridad, que son los pilares fundamentales para el crecimiento de un Estado.

No sirven de nada los programitas sociales y las becas, cuando la realidad es que la economía nacional, por ende la local, está en decrecimiento constante, aunque quienes detentan el poder pretendan negarlo. Les molesta que critiquemos el alza en la canasta básica, la enorme inflación del 7.29 por ciento proyectada para este 2022, y que es la más alta en los últimos 20 años, pero no pueden negar la realidad.

Presumen que en México tenemos la gasolina más barata que en los Estados Unidos, y sí, así es. En nuestro país se necesitan alrededor de mil 150 pesos para llenar un tanque de 50 litros de gasolina Magna, mientras que en la Unión Americana serían mil 400 pesos por su equivalente.

Lo que no explican, cuando defienden los precios, es que en nuestro país debes trabajar en promedio seis días para obtener esos recursos, mientras que en el vecino del norte es menos de una jornada diaria con el salario mínimo. Cuando hagan comparativos, háganlos reales y no mientan, porque roban la esperanza del pueblo, y eso es traicionar los principios de la 4T.

Entonces, espero ver pronto más anuncios y menos mensajes con dedicatorias. Anhelo escuchar que habrá inversión, no becas. Que el amor que nos tiene “ya sabe quien” se traduzca en inversiones, no en apapachos. Que haya menos palabrería y más hechos, porque sigue avanzando el tiempo, ese que jamás se detendrá, y hasta ahora no tenemos idea del rumbo que tomará Campeche.