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Clarita Sosa Quintal, una vida de docencia

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Acaba de cumplir 92 de vida, y cada vez que platica evoca con absoluta claridad sus pasos en su pueblo natal, en Diztbalché, esa infancia que transitó por calles cubiertas de leyendas, en tanto rememora sus estudios en la Normal de Hecelchakán, y finalmente su arribo a Ciudad del Carmen, esta tierra generosa que la recibió jubilosamente y donde decidió sentar su residencia.

Me refiero a la profesora Clarita Sosa Quintal que siempre nos recibe en su domicilio, allá por el rumbo de la calle 22, cerca del Liceo Carmelita, a un lado de la vivienda que en 1863 habitó don Narciso Mendoza, “El Niño Artillero”. Y es allí, entre pregunta y pregunta, en que afloran sus recuerdos, sobre todo su paso por el magisterio campechano donde dejó constancia de su vocación.

“Cuando yo empecé a laborar, las clases eran impartidas en los dos turnos: matutino y vespertino, y la disciplina era parte fundamental de la exigencia educativa en todos los niveles”, narra la profesora Clarita, quien no obstante permanecer jubilada desde hace muchos años, no deja de hacer sugerencias en beneficio del magisterio y, por supuesto, de la niñez.

“Todavía estoy al pendiente”, añade, al momento de indicarnos que desde su jubilación —salvo el haber ocupado algunos cargos administrativos de tipo magisterial— lo ha dedicado también a la lectura, mostrándonos varios volúmenes, todos de autores campechanos, uno de los cuales es de un paisano suyo: Enrique Escalante Escalante, “con quien cultivé una buena amista”, dice.

 

Colaboración

Reconoce que la metodología de la enseñanza ha cambiado sustancialmente y ya no constituye la forma aquella en que a los niños se les motivaba a la práctica del cultivo de hortalizas y a las niñas a los ejercicios manuales como el tejido en punto de cruz, actividades que les permitía a los escolares adquirir conocimientos en oficios que les podían ayudar en la vida diaria y desarrollar habilidades.

“Nada de esto existe ya, como tampoco parece ser que sean promovidos los talleres de diferentes oficios que eran impartidos a los alumnos”, explica la profesora, guía de decenas de generaciones que pasaron bajo su tutela educativa, sobre todo en la Primaria “Juan Bautista Caldera” de la que incluso llegó a ser su directora, así como fundadora de la “Maestros Carmelitas”.

En el sistema educativo de antaño era importante la colaboración de los padres de familia para alcanzar los logros de los programas, “y en aquellos tiempos ellos participaban de manera directa en las tareas escolares de sus hijos, e incluso en las sanciones o castigos que se les imponían cuando se mostraban indisciplinados o no cumplían en los horarios de clases”, abundó.

“Ahora todo es distinto y es muy normal pues la enseñanza, al igual que otras circunstancias, es un proceso que tiene que ir adoptando modificaciones para bien de la misma niñez”, expresó la profesora Clarita Sosa, baluarte de la educación y quien cada quince de mayo, Día del Maestro, al igual que los mentores del municipio, del Estado y del país, sigue recibiendo felicitaciones.

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