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Invasiones, necesidad convertida en negocio

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Mi recorrido inició la mañana el primero de abril ¡Ansiaba tanto que llegara este mes, pues es cuando se celebra mi cumpleaños! Era la primera vez que me sentía tan emocionado porque llegara mi fecha, sin embargo, al hacer un examen concienzudo de lo que ha sido mi vida y las dádivas que a ésta han llegado; nació en mí una perspectiva diferente, volcada a un problema social muy recurrente en Carmen, las invasiones.

Como por arte de magia, al llegar a mi recinto laboral, se me comisionó realizar un reportaje acerca de los asentamientos irregulares, en concreto, la colonia 23 de Julio, la cual, está ubicada de manera literal en medio de la ciudad, donde a un costado se mira el lado histórico y pionero de la Isla, la extensión de terreno que compone a Ciudad del Carmen, la llamada “cúpula de la industria petrolera”, capital financiera del Estado.

Sin embargo, pese a su relativa riqueza económica, ésta tiene un lado que muy pocos conocen en facto, un problema que muchos prefieren omitir y cerrar los ojos, éste es el de los asentamientos clandestinos.

Durante mi recorrido por las diferentes calles del asentamiento irregular llamado 23 de julio, pude observar que el modo de vivir de sus habitantes es insalubre, decadente, sumergidos en la pobreza extrema; motivo por el cual, al divisar la presencia de un servidor, sus residentes señalaron que uno de los principales servicios de los cuales carecen es el suministro de agua potable, lo cual TRIBUNA Carmen fue testigo del cómo los vecinos sobreviven con tantas carencias en dicho sector.

Al llegar a un puente elevado construido de madera y restos metálicos que divide entre la zona regular y la nueva colonia informal, uno de los representantes de lugar, el señor Pedro García Martínez explicó que el asentamiento está conformado por un aproximado de dos mil 800 personas; agrupado en familias; las cuales están integradas en promedio por cuatro o cinco personas.

Agregó que actualmente el asentamiento cuenta con tres calles, las cuales fueron nombradas bajo los denominativos “El triunfo”, “Progreso” y “Privada los pobres”.

Asimismo, argumentó que se vive de manera organizada; ya que una de las grandes finalidades está basada en la esperanza de obtener la regularización de estos terrenos y así obtener un patrimonio.

“El día para nosotros es normal. Allá afuera somos personas normales, trabajamos y regresamos para estar con nuestras familias. Los fines de semana aprovechan a darle una ‘manita de gato’ a la casa o reparar algunas cosas o acomodar el relleno. A diario hay trabajo y cosa que hacer aquí.

Se llevan de forma ordenada, ya que lo que quieren es que algún día nos regularicen, queremos la ayuda de las autoridades para terminar con este conflicto. Ya nos acostumbramos a vivir así, y la mayoría de los que habitamos acá somos personas que tienen un ingreso mínimo o que a los que se les paga un salario mínimo. Confiamos en que algún día ¡Ojalá no sea muy lejano! Se nos regularice y podamos vivir como Dios manda”, detalló García Martínez.

En tanto la ciudadana María del Carmen Cruz López declaró que la carencia de agua los obliga a comprar y conseguir “de mil formas” que el vital líquido sea suministrado hasta los sectores aledaños y refirió que de momento, han solicitado el apoyo a la autoridad para el acercamiento de pipas de agua, con el fin de abastecerlos, sin embargo, la respuesta no ha sido nada favorable.

“Tenemos que acarrear los tinacos, ya que en la colonia 23 de julio nos dan el agua. Por ejemplo en la colonia Renovación Sección III nos vende la garrafa de 20 litros de agua a 10 pesos.

 

CARENCIAS

No es tanto que tengamos un modo de vida especial, sino es la incertidumbre del cómo le haremos para satisfacer esta carencia, la cual, se ha convertido en nuestro ‘pan de cada día’. Tenemos además otras carencias, vea Usted si no, pero la que más prevalece es la del agua potable, aun así nos hemos podido acoplar a esta necesidad y hacer todo lo posible para solventarla, pues en un principio, cuando llegamos acá, era primordial para mis hijos y para mí el poder tener un pedazo de terreno a donde dormir y aquí hemos encontrado una vivienda; ya llevamos cerca de seis meses y nos hemos aguantado. ¿Dígame usted sino es estar en el abandono y ser indiferentes para el resto de la población, el que a pesar de todo este tiempo que llevamos acá, apenas hace 15 días llegó una brigada médica? Ya nos hacía mucha falta, pero lo verdaderamente importante, que hemos solicitado ante algunos regidores y personal del Ayuntamiento, es que se nos manden pipas llenas de agua, aunque aún no tenemos respuesta”, agregó Cruz López.

De igual forma, los vecinos Claudia Saavedra López, Fabiola Días Pérez, Benjamín Reyes Martínez, Josué Hernández Pérez y Ana María López Díaz, hicieron énfasis en que las deficiencias en que se encuentran radicando es derivada ante la falta de oportunidades de empleo y de mejores sueldos.

Así después de lo citado, y de manera personal, pude observar de forma detallada y desde un ángulo íntimo, la vida de quienes allí radican, quienes sobreviven gracias a la esperanza, quienes salen diariamente a las calles para cumplir con sus intereses personales, sus metas, luchando siempre para conseguir una vida digan de la cual se encuentran lejos.

 

A COSTILLAS

DE OTROS

Al continuar mi recorrido por la terracería, que son consideradas como calles, las cuales dividen los predios, recordé que había imaginado por un momento celebrar mi cumpleaños en algún restaurante fuera de la ciudad, organizar alguna fiesta o por último, trabajando, pero al adentrarme un poco más por la colonia, encontré a una joven de tez morena, quien decidió omitir su nombre y me invitó a pasar a su predio, un hogar humilde, el cual tenía una extensión no más de cuatro por cuatro.

En su frente se pueden ver lonas y láminas recicladas, mientras que en la cocina lucía una llama espléndida que cocía unos frijoles. El olor era único, el cual nunca había sentido jamás.

Al llegar a la cocina, entablamos una charla en la cual me notificaba las vicisitudes contra las que luchan diariamente. Me convidó un vaso de agua tibia y me sirvió un platillo de frijoles, mientras yo escuchaba y anotaba detalladamente sus declaraciones.

Al término de la comida, di las gracias por tan grandioso detalle y salimos de su casa, continuamos el camino con un grupo de personas, quienes también denunciaron de manera aunada, el negocio cotidiano realizado tanto por volqueteros como por los trabajadores de empresas privadas, el cual consiste en la venta desmedida de escombro.

Acerca de esta demanda, los señores Soraya López López, Gilberto León Suárez, Minerva Sánchez López, y Joaquina Díaz Cruz aseguraron que estas transacciones se han convertido en un abuso y es que la compra-venta de residuos de concreto, piedras y arena se ofertan hasta en 800 pesos dentro de la zona irregular, situación que pone en aprietos económicos a los demandantes.

“Las camionetas que traen el relleno no lo regalan; los venden. Por ejemplo, un volquete nos lo dan entre 700 pesos y 800 pesos, cada quien compra un viaje para rellenar su terreno. ¡Sólo imagínese el negocio que hacen estas personas! Están lucrando con nuestra necesidad.

“La verdad están abusando porque si nivelamos el predio, no hay para comer, pues ahí se va casi toda una semana de sueldo. Además no quieren bajar nada, esa es la tarifa que ellos ya le pusieron y no se vale porque la verdad necesitamos el material. Quienes nos venden este escombro son algunos volqueteros, pero mayormente son los de empresas privadas, solitos vienen a vendernos la camionada y como saben que nos hace falta por eso nos atracan. No hay otra palabra que defina mejor este terrible acto; pues a pesar de que nos los venden caro, nosotros tenemos que bajar todo el escombro”, detalló López López.

Otro de los entrevistados, Gilberto León Suárez argumentó que para nivelar la superficie, se consume aproximadamente entre cuatro y seis viajes y aseguró que al momento de realizar la compra resulta un “negocio ciego”; ya que en la mayoría de ocasiones desconocen el pesaje o la cantidad que están adquiriendo.

“Yo le he metido a mi terreno entre tres y cuatro camionadas de escombro, y eso poco a poco, lo he hecho en cinco meses pero si sacamos cuenta para nosotros resulta demasiado dinero, estamos hablando de casi tres mil pesos, que yo me he gastado, ahora súmele que la mayoría de los que aquí vivimos igual han metido eso, sin embargo hay quienes ya metieron hasta cinco camionadas.

“¡Es un mundo de dinero! Con lo cual están haciendo negocio a costilla de nuestra necesidad, porque no sabemos cuántos metros o cuantas toneladas nos están vendiendo, ellos solo venden lo que traen”, puntualizó.

Además añadieron que esto es parte del diario vivir y de las consecuencias que tienen que pasar ante la adversidad de no ser residente de una zona regular.

LA NUEVA VISIÓN

Después de casi siete horas de convivencia con los habitantes de este asentamiento irregular; me hizo darme cuenta que no es suficiente pasar un solo día y observar que en una de las ciudades con mayor movimiento industrial a nivel nacional se sigan presentando este tipo de vicisitudes, muestra doliente de que a pesar de las aportaciones hechas por las empresas petroleras privadas y sobre todo de la paraestatal Petróleos Mexicanos (Pemex) la ciudadanía siga viviendo en paupérrimas condiciones, clamando por una mejor calidad de vida, buscando incesantemente empleos bien remunerados, pero la verdad es otra.

Viven como pueden vivir, librando “con la gracia de Dios” y lo que humildemente les proveerá el día; aceptando este tipo de condiciones mientras llega el cumplimiento de su tan anhelado sueño.

Israel García

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