Inicio»Carmen»Las fiestas de fin de año se recibían en salones de baile

Las fiestas de fin de año se recibían en salones de baile

0
Compartidos
Google+

En el Centro Cultural los amplios salones estaban tan llenos que era difícil dar un paso. Las parejas danzaban al compás de la orquesta “Euterpe”. Con dianas y aplausos los presentes saludaron el arribo de este año.

En el toldo “Nylon” las personas del pueblo bailaron toda la noche animados, contentos y con regocijo recibieron el nuevo año.

Típicas imágenes de cómo los carmenses de los años cuarenta del siglo veinte recibían el año nuevo. Y las mismas descripciones nos trasladan a las serenatas–bailes en el parque Ignacio Zaragoza, con motivo del año venidero. En otros lugares igualmente eran realizados festejos, como en el “Club Trece” y el toldo “El Camarón” o en el salón “Higeia”.

—Son gratas vivencias que nos dejaron como testimonio nuestros ilustres antepasados —diría yo con la imaginación de lo que debieron ser esos años.

Dos fueron los centros sociales que más presencia tuvieron en el ánimo de los carmelitas en el transcurso del siglo veinte, tanto para los eventos de carnaval como de la feria juliana y los decembrinos: el Teatro Carmelita y el Centro Cultural para Obreros y Campesinos (Casino Obrero), ambos ya desaparecidos.

—Eran los lugares donde los jóvenes de entonces nos dábamos cita para bailar al compás de las mejores orquestas de la localidad, de la región y del país —evocaban los antiguos lugareños.

En mi bibliohemeroteca conservo, por ejemplo, un volante de 1955 que anuncia el baile de fin de año en el Casino Obrero con la actuación de la orquesta de don Alfonso Argáez.

Este local estuvo en un amplio espacio ubicado entre las calles 26 por 28 por 31, donde más tarde estarían, primero, el Auditorio Municipal “Miguel Zepeda García” y la Biblioteca Pública “Benito Juárez”, y posteriormente el Centro Cultural Universitario y la Fuente Danzarina o Danzante.

Aprovecho a recordar que el tramo de la calle 26 entre la parte posterior de la iglesia de Nuestra Señora del Carmen y lo que era el Casino Obrero —así como la cárcel pública que estaba hacia la calle 33— fue cerrada tras la demolición del propio casino y convertida en andador peatonal.

 

IMÁGENES

La verdad que evocar todas estas imágenes de Ciudad del Carmen que muchos, como en mi caso, no conocimos, es transportarnos a un pasado donde la tranquilidad y la familiaridad constituían auténticos emblemas de unidad citadina, máxime cuando esa convivencia ocurría en conmemoraciones especiales como Nochebuena, Navidad y fin de año.

Muchas familias cuyos antepasados disfrutaron de estas celebraciones aún conservan esas fotografías que nos muestran, incluso, como eran adornados para estas fechas los salones de baile, los atuendos de gala que utilizaban los asistentes a estos eventos, los peinados de moda que portaban las damas de la sociedad carmelita y, sobre todo, los grupos de personas muy conocidas que activamente participaban en esos eventos sociales.

Por cierto, como dato curioso encontré en las páginas de un viejo periódico una felicitación que hace el propietario de una casa comercial, el señor Pinelo, a sus deudores, y que a la letra dice:

“Felices pascuas les deseo a todos los deudores morosos de esta casa, y al mismo tiempo les manifiesto que si hasta el 31 de diciembre del presente no han cubierto sus adeudos, los felicitaré de nuevo publicando sus nombres por las columnas de este diario”.

Eran, por supuesto, las anécdotas curiosas de entonces, estampas que fueron cambiando al paso de los años o adaptándose a las circunstancias de las nuevas influencias, resultado común de los procesos de transculturación que tienden a desplazar las tradiciones de una comunidad determinada.

Las costumbres navideñas de principios del siglo XX fueron totalmente distintas a las que eran practicadas a finales del mismo siglo.

Incluso las estampas fueron diferentes, pues mientras en la bahía surcaban goletas y vapores ataviados de motivos navideños en las primeras décadas de esa época, a finales pudieron observarse dragaminas, unidades petroleras y embarcaciones camaroneras. Estampas distintas pero con un mismo fin: participar en la celebración navideña y en la despedida del año que fenecía.

Todavía en la séptima década de ese propio siglo veinte, cuando daban las doce de la noche del 31 de diciembre, las embarcaciones navales hacían sonar intensamente sus sirenas al unísono, una señal conjunta que era escuchada por toda la ciudad junto con el vigoroso tañer de las campanas de todas las iglesias.

Era desde luego, un magnífico espectáculo en la Isla del Carmen, estampa que se fue perdiendo paulatinamente hasta apagarse de manera involuntaria y quedar en el silencio cómplice de los años.

(Segunda y última parte)

 

Noticia anterior

Arranca mufa camión de la tienda Liverpool

Siguiente noticia

Piden programas de apoyo para reactivar ganadería