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Abusa funeraria y crecen molestias

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Mientras en el Diario Oficial de la Federación está prohibida la incineración de cuerpos no identificados e identificados como fallecidos a causa del Covid–19, si los familiares no están de acuerdo, el dueño de la funeraria Acal incurre en delitos y se hace rico a costa de cremaciones sin previa consulta, se quejaron afectados.

Además, el administrador del panteón Colonia lo acusó de abusar de la crisis de salud, y vecinos de colonia Morelos exigen cerrar o retirar la sala de cremación, por los olores que emanan.

De acuerdo con María del Carmen Cobos y Guadalupe Pérez Balcázar, el propietario de la funeraria, Enrique Acal, no respeta la disposición federal, pues incineró el cuerpo de la mujer A. D. P., que murió por problemas de asma, sin preguntar a los familiares si querían ese servicio.

Al respecto, la diputada local María Sierra Damián consideró sospechoso que tanto la empresa privada como el Ayuntamiento de Carmen continúen realizando cremaciones de manera obligada, cuando la Secretaría de Salud anunció que se permite la sepultura tradicional.

José Alejandro Flores, administrador del camposanto, manifestó que Enrique Acal Zavala, dueño de la citada funeraria, podría estar abusando de la crisis de salud, pues incineró cuerpos de varias personas con sospechas de Covid-19, sin que fuera confirmado por las autoridades sanitarias.

“Por Covid, si no me equivoco y no quiero equivocarme, creo que van cinco o cuatro. Ayer cremaron a una señora y a un señor, hay incineraciones de día, noche o madrugada, y no me pasan información a mí”, dijo.

“Él argumenta que como el Ayuntamiento le dio en comodato hace como 20 años la sala de velación, no puede informarnos, es decir, yo como administración sólo veo bóveda y sepultura, pese a que en la orden de incineración sale mi nombre”.

QUEJA VECINAL

La funeraria Acal provocará enfermedades respiratorias por el uso frecuente del crematorio, advirtieron los vecinos Otilia Hernández, Olivia Gutiérrez Santiago, Isidro Trinidad Santiago Jiménez y José Alfredo López Caamal. Y exigieron: “Que le suban lo más que se pueda a la chimenea del crematorio, para que no nos afecte, pues eso lo respiran nuestros niños, nuestros abuelos, nuestros papás y nuestros adultos”.

La molestia creció porque el pasado jueves se realizaron cinco incineraciones, es decir, todo el día y hasta parte de la madrugada, pues cada servicio tarda entre cuatro y cinco horas.

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