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Marcas se “piratean” bordados otomíes

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El principio nadie lo conoce, sólo saben que ahí, en el cerro del Brujo donde aún se pueden ver las milenarias pinturas rupestres de los otomíes, comenzó la historia; cuentan las artesanas que son pocas las privilegiadas a las que el cerro les otorga el “don” de pintar, de que en cada dibujo y en cada puntada se plasme la vida y se deje el alma.

Son tal vez esas pinturas que apenas se pueden ver entre las rocas, el origen de los tenangos, dibujos llenos de vida y naturaleza, que en coloridos bordados han salido a conquistar el mundo. Una mano que se deja llevar por la imaginación y se transforma en verdaderas obras de arte, que han sido codiciadas por grandes diseñadores y empresas como Hermes o Pineda Covalin.

Pero son ellas, las mujeres indígenas de una de las regiones más pobres de Hidalgo, la zona otomí-tepehua, las que hacen posible que un pedazo de manta se transforme en una pieza única.

Explotación

Los bordados se realizan principalmente en Tenango de Doria y San Bartolo Tutotepec. Pero no todas las historias son buenas, en algunas localidades también hay mujeres explotadas; son ancianas o indígenas que no hablan español y reciben apenas 100 pesos por un mantel que tardan hasta meses en bordar, en ocasiones sólo se los cambian por comida.

Tomasa está entre las mujeres más pobres y engañadas. “Llevo a vender mis costuras a Tenango los domingos, pero luego me las pagan a 10 ó a 20 pesos, pero pues hay poquito que sirve para comer”.

Los domingos, Tenango de Doria se llena de colorido: vistosas blusas, servilletas, lienzos, rebozos son exhibidos en la plaza, pero entre el color y la alegría se esconde la explotación, la pobreza y las lágrimas de bordadoras.

ATROPELLOS

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La falta de protección a los bordados conocidos como Tenangos ha llevado a las mujeres de la Sierra Otomí-Tepehua de Hidalgo a ser víctima de destajo, coyotaje y abuso de empresas nacionales e internacionales, así como de particulares.

El investigador Carlos Martínez Negrete, de la Universidad Chapultepec de la Ciudad de México, denuncia la serie de atropellos. “Se ha encontrado de todo, desde las empresas, hasta las coyotas, que son mujeres ricas de Pachuca que prácticamente roban el trabajo de las indígenas y lo comercializan en varias partes del mundo, presumiendo el arte mexicano”.

Aclara que los Tenangos no lo constituyen los bordados, sino los dibujos, que pueden ser reproducidos debido a que no hay ninguna restricción legal.

Martínez Negrete acusa que de acuerdo con las artesanas, hay un manejo irregular en este lugar que lleva a condicionar la venta del producto, ofrecer precios por debajo de su costo real y pretender impulsar talleres donde las bordadoras enseñen a pintar y bordar.

Los Tenangos tienen detrás también el abuso de marcas extranjeras. En tribuna, la diputada Dora Luz Castelán expuso que la marca francesa Hermes en 2011 utilizó diseños para diversos artículos como mascadas, a cambio la comunidad obtendría algunas obras y trabajo social. No obstante, sólo fueron promesas y únicamente construyó la barda de una escuela.

Emilse Miranda, refiere que se han detectado al menos tres empresas que han aprovechado las habilidades de las indígenas: Hermes, Pineda Covalin y Mara Hoffman.

 

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