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Magia sobre las olas del mar de Oaxaca

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Dicen que las noches sin luna son las mejores en Chacahua. Destellos de luz neón en tonos plateados, verdosos y azulados le dan un aspecto hipnótico a una de las cinco lagunas que bañan este Parque Nacional. No es ilusión, se llama luminiscencia y se puede nadar en ella. Pero, ¿dónde está la playa?, se preguntarán. Precisamente cruzando este sistema lagunar, a bordo de una panga.

Después de “brincar las aguas”, como dicen los lancheros, se llega a una bahía de olas vírgenes y bravas, abrazada por una extensa alfombra de arena doradita y habitada por afromestizos. Es aquí donde el viajero renuncia a las comodidades de los grandes hoteles y se entrega de lleno a la naturaleza, durmiendo en pequeñas cabañas y dándose baños de sol y agua tibia. Los más atrevidos prefieren acampar en la orilla del mar.

La paz que se respira sólo puede ser interrumpida por los paseos en lancha que van en busca de aves (se han contabilizado más de 130 especies) y reptiles, sobre todo cocodrilos e iguanas. El mismo recorrido permite internarse en túneles de manglares, esos que ven su fin donde la laguna se abraza con el mar.

Cada año, de junio a febrero, Chacahua recibe a sus huéspedes consentidos, las tortugas golfina y laúd. Entonces, es oportunidad de observar su desove y nacimiento. Los mismos habitantes se encargan de patrullar alrededor de 4 mil nidos y tú puedes sumarte al esfuerzo y sin costo. Si deseas acompañar a una cría en su primer encuentro con el mar, deberás viajar durante los dos últimos meses de la temporada.

El surf es otra de las actividades que se pueden practicar. Para ello es necesario rentar una tabla, por menos de 100 pesos, en alguna de las pocas, muy pocas palapas que funcionan como restaurantes, bares y hoteles. Te advertimos que no hay mejor guía que un nativo, ellos conocen a la perfección las olas, incluso saben recomendarte la hora para montarlas, según tu experiencia.

 

LA VISTA

Caminar 20 minutos, aproximadamente, sobre la playa tiene sus recompensas. Un faro ubicado sobre un cerro te permite contemplar el paisaje entero: mar, lagunas, manglares y la sierra juntas en un abrir y cerrar de ojos. La mejor hora para subir es al atardecer. Después, puedes bajar y caminar entre plantíos de cocos.

Ya en la playa, seguro te encontrarás con grupitos de aventureros sentados alrededor de una fogata. Y así, inicia la fiesta. Tambores y risas se sumarán a la sinfónica de grillos y sapos. La ventaja de unirse a una fogata es que muchas veces están lideradas por lancheros, lo que te permitirá tener una cena de pescado fresco a las brasas con unos buenos tragos de mezcal puro, todo bajo el manto estelar.

 

FRATERNIDAD

Otra de las razones para ir a Chacahua es su gente. No te extrañe si un desconocido te invita un trago, comparte una anécdota o te invita a una fiesta patronal.

Viridiana Ramírez.

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