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Doña Mary: el milagro de nacer a los 44 años

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A sus 44 años de edad, en el quirófano del Hospital La Raza de la Ciudad de México, el corazón de doña María del Rosario Matos Ku “estalló”; el marcapasos dejó de funcionar, pero en las manos de los hábiles médicos, entre ellos el cardiólogo campechano Hugo Zetina Tun, ya había otro, el de un joven que había fallecido unas horas antes en Acapulco, Guerrero, y cuya familia decidió donar sus órganos. Fue entonces que doña Mary volvió a nacer.

Como ella, otros 34 mexicanos tuvieron la fortuna de nacer otra vez, al recibir un corazón “nuevo” de donantes que aceptan heredar sus órganos al morir. Pero la lista de solicitudes es muy larga, más de 21 mil 117 personas en todo el país, la mayoría de las cuales (12 mil 874) necesitan un riñón; de córnea son siete mil 775 solicitantes y 397 requieren un hígado, entre otros.

Doña Mary, llamada así con cariño por sus familiares y amigos, es un ejemplo de cuando la vida brinda otra oportunidad. Sentada al lado de su esposo, Emilio Haas Ceh, reflexiona sobre cómo la salud puede cambiar de un día para otro, y a veces puede modificar su rumbo con ayuda de la ciencia.

Como si hubiera sido ayer, recuerda que la odisea comenzó en 2013. Al visitar a su madre en Dzitnup, sintió agotamiento y bajas de la presión arterial. Tan mal se sintió, que decidió despedirse de sus hijos: María José,  ahora de 11 años, y Darwin, de 16.

El 9 de diciembre de 2013 le dio un preinfarto, por lo que fue trasladada a la Unidad Médica Familia (UMF) 13 de Ciudad Concordia, del IMSS, y ante la gravedad fue canalizada al Hospital General Zona (HGZ) número 1. Le diagnosticaron cardiopatía dilatada, y le recomendaron atención en un hospital de tercer nivel, por lo que fue trasladada a Mérida, la única para este tipo de atenciones en el sureste.

Ahí le indicaron que debía ser enviada a la Ciudad de México, para que la atendieran en el Hospital General “Doctor Gaudencio González Garza”, del Centro Médico Nacional “La Raza” del IMSS, porque requería de un cateterismo.

La Delegación del IMSS en Campeche agilizó los trámites, y envió la documentación necesaria para la preparación de  su expediente clínico, pues su vida corría peligro y requería incluso de un marcapasos.

 

A LA LISTA DE ESPERA

A partir de 2014, el Centro Médico Nacional “La Raza” se convirtió en su segundo hogar. Procedió el cateterismo y le colocaron el marcapasos. Ahí la visitó el presidente de la Asociación de Trasplante y coordinador de Trasplante de Corazón de ese nosocomio, el doctor campechano Hugo Zetina Tun.

Le indicó que requería de un nuevo órgano, dado su delicado estado de salud, pero para llevarlo a cabo era necesario que radicara en la Ciudad de México, para estar entre los primeros de la lista a atender.

Así lo hicieron. Desde el 23 de diciembre de 2015 abandonaron todo: trabajos, hogar, hijos y para tener algunos recursos vendieron varias de sus  pertenencias. También recurrieron al Gobierno del Estado, y recibieron apoyo de Rafael Alejandro Moreno Cárdenas.

La espera no fue confortable. Su salud empeoraba y sentía que en cualquier momento moriría. Fueron muchos días de incertidumbre, preocupación y desasosiego.

Los médicos habían indicado que su corazón ya no soportaría más, y era cuestión de horas para que se detuviera el marcapasos. Le pidió a su esposo que si eso ocurriera, que sus órganos fueran donados a quienes los requirieran.

Pero el destino había escrito otro final. El 20 de julio de 2016, el milagro sucedió. Recibieron el aviso de que estaba disponible un corazón, el de un joven de 17 años, que había fallecido en un accidente en Acapulco, Guerrero.

Como el corazón puede ”sobrevivir” solo cuatro horas y media cuando mucho, un helicóptero se encargó de trasladarlo hasta la Ciudad de México, para proceder de inmediato con la operación de urgencia a cargo de los  doctores  Hugo Zetina y Raúl Pedraza.

Estuvo  varias horas inconsciente, y al despertar permaneció bajo vigilancia por 72 horas. Empezaba a sentirse aliviada y en su interior no notaba la diferencia entre su corazón y el que le donaron. Se mantuvo por 10 días en terapia intensiva y otros seis en piso, antes de que le dieran de alta.

Con el transcurrir de días y semanas, se constató que la operación había sido exitosa, por lo que a finales de octubre de 2016 retornó a su hogar en Campeche. Agradecida con el joven donador, con su madre, que no puso reparos, con los médicos que la atendieron en el IMSS y con Dios, que le concedió una segunda oportunidad de vida.

“Estoy infinitamente agradecida con la señora. No conozco su nombre por cuestiones de privacidad, pero ella donó el corazón de su hijo, sin pensar a quién, ni tomando en cuenta estatus social o demás. Que Dios la bendiga siempre y donde quiera que esté. Este corazón que tengo lo voy a cuidar  mucho, voy a luchar ahora por mis hijos, porque por ellos estoy acá. Siento que tengo otra encomienda de Dios, la cual descubriré”, expresó con la voz entrecortada y  lágrimas en los ojos.

Tengo otro corazón. Ese me servirá para amar más a mi familia y a mi prójimo, subrayó.

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