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Fallida extorsión exprés

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—Ring, ring…, suena el teléfono de la oficina de un directivo de TRIBUNA. Son aproximadamente las 10 de la mañana del martes, un día ligeramente soleado y caluroso.

—¿Bueno, diga?, contesta.

—“Papá, me tienen secuestrada. Me tienen secuestrada”, se escucha una desesperada voz femenina, que entre sollozos pide, exige, acceder a las pretensiones de los supuestos secuestradores.

—Cálmate, no te escucho bien. Tranquilízate, responde preocupado el destinatario. De inmediato interviene una voz masculina y reafirma: “Sí, tengo secuestrada a su hija, y se la devolveré completita si cumple las indicaciones que voy a señalarle”.

Inicia el intercambio de pronunciamientos, posturas, recordatorios maternales y amenazas. Al mismo tiempo, el directivo, a través de colaboradores, verifica y confirma de inmediato que su hija e incluso esposa están en sus centros de trabajo. Es un intento de extorsión.

El también padre de familia cambia de actitud y rápidamente planifica una estrategia para mantenerlo en línea pero vía celular, anotar el número y dar parte a la policía para capturar al falso secuestrador. “¿Qué quieres a cambio de mi hija?”, pregunta.

—Quiero un millón de pesos, y se la devuelvo sana y salva, responde el del otro lado de la línea. Soy un hombre de palabra. Si usted cumple… nosotros cumplimos o se la devolvemos en pedacitos.

—No tengo un millón. Bájale a la cifra.

—Bueno, 500 mil pesos… Sin cortar la comunicación, el delincuente pregunta: ¿cuánto tienes ahorita en tu cartera?

—A lo máximo 10 mil pesos…

—Está cabrón. Pero bueno, de acuerdo. Mira sal solo y aborda tu automóvil, toma una avenida transitada y llegas a San Francisco. Segundos después ordena que se dirija al Elektra más cercano, haga el depósito y que pague por el servicio. El depósito debe ser a nombre de Joaquín Inocencio Anaya en la cuenta 96871362121439 de Elektra. Y no cuelgues para tenerte ubicado, advierte.

Se siguen las instrucciones del delincuente. Mientras tanto, colaboradores del directivo de TRIBUNA discretamente lo siguen en otro vehículo, reportan los hechos a la policía y proporcionan el número telefónico 3320806437, que está registrado en el celular, para “rastrear” el origen de la llamada. Las agujas del reloj marcan las 10:30 horas.

Tras rebasar camiones, autos y motos, a unos metros de la tienda Elektra, ubicada cerca del Monte de Piedad aparca la camioneta. ¿Dónde estás?, pregunta manteniendo el celular en la oreja izquierda. Ya llegué.

—Baje del vehículo, en unos minutos vuelvo a marcarle, obtiene como respuesta.

Estaciona la camioneta cerca de la Primaria “Justo Sierra Méndez” y camina unos metros hasta encontrarse con la agradable sombra de un añoso árbol de hule. Son las 10:40 horas.

Los minutos son eternos y es lenta la respuesta policiaca. “No podemos rastrear ese número, no es de aquí. Debe ser un celular desechable”, reportan ingenieros de sistemas de la corporación. Les repiten  el número para volver a verificar.

Llegan algunos policías preventivos a bordo de camioneta y motos y se ubican en puntos estratégicos para aguardar la aparición del presunto secuestrador y aprehenderlo. Dan las 10:55.

Ring… ring… suena de nuevo el celular y al reconocer el número pregunta: ¿Dónde estás? Aquí tengo el comprobante del depósito, se le indica. Y en efecto, existía un documento elaborado falsamente con la colaboración de un ejecutivo de Elektra, a quien se le había señalado lo relacionado con la extorsión.

Será muy difícil aprehenderlo. Con 20 pesos se puede abrir una cuenta y retirarla de inmediato al conocerse el depósito, aclara el ejecutivo bancario.

—Dame los datos de la ficha de depósito y espera indicaciones, señala el delincuente. Se le proporcionan los datos, y en escasos minutos afirma que no aparece ningún depósito. Regresa a Elektra y pide que te devuelvan el dinero y paso por él. Espero que cumplas para que te regresemos a su hija, advierte.

La autoridad policiaca siguen sin avisar de dónde proviene la llamada.

Al extorsionador se le comunica que el dinero en efectivo está a su disposición. Bueno, responde, entonces ahora dirígete a una tienda Oxxo que tengas más cercana y haces la misma operación.

—Esto es un fastidio, no te cumpliré, se le indica.

—Bueno, tampoco te cumpliremos con devolver con vida a tu hija.

El calor provoca que de los poros de cara y brazos broten gotas de sudor. Tras esperar 15 minutos, se intenta comunicación con el delincuente. No responde. Manda a buzón.

Fue un infructuoso operativo para determinar el sitio de donde provenía la llamada para identificar al supuesto plagiario.

A la 1:30 de la tarde se reporta el incipiente plagiador. “No vi su llamada. ¿Ya depositaste mi dinero?”, pregunta.

—Sí, precisamente estoy regresando del baño, le responden.

—El delincuente masculla una serie de improperios e insultos, ante las carcajadas que aún le deben resonar en el oído.

—Casi en simultáneo llega un telefonema de la policía, para informar que la llamada provenía de Jalisco.

Esta es generalmente la táctica de la extorsión exprés. Bueno es saberlo y mantener la calma. Lo apropiado es colgar e investigar sobre el supuesto secuestrado.

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